Foto: Tomada de Internet
La Mara Salvatrucha incrementó su delitos en EU en los últimos años, además de que ha incursionado en nuevas actividades delictivas

El reciente asesinato de una adolescente en Houston, Texas, a manos de pandilleros salvadoreños, ha sido apenas el último capítulo de una silenciosa y no menos peligrosa escalada de estos grupos en territorio estadounidense.
 
Drogas, secuestros, violaciones y hasta rituales satánicos son los ingredientes de una trama centrada en la pandilla MS-13, que tiene bajo alerta a no pocas instituciones civiles y armadas en el país.

Como si esto no fuera suficiente, el saludo sonriente de Miguel Álvarez Flores, conocido como “Diabólico” y presunto cabecilla de la banda, hacia las cámaras de televisión, agrega un punto de insolencia y desafío que ha alarmado a muchos.

Este asesinato en Houston se suma a una ya inquietante lista de tropelías cometidas en los últimos años por la Mara Salvatrucha, entre las que se encuentran siete asesinatos cometidos en el área de Long Island en un periodo de tres años.
 
De estos destacan las muertes de tres estudiantes de bachillerato en 2016, según un informe de la Oficina del Fiscal del Distrito Este de Nueva York, así como el ataque con bates de béisbol a dos adolescentes en California.
 
Lo inquietante de la situación es que, enraizada en Los Ángeles, esta banda se ha extendido a otros puntos del mapa nacional, y hoy por hoy es responsable de tráfico de drogas, trato y prostitución, extorsión, secuestros y todo tipo de actos vandálicos.
 
Miles de miembros en todo el mundo
 
Con un potencial de miembros a nivel global que la Oficina Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI, por sus siglas en inglés) calculaba en 2009 que la pandilla tenía entre 30 mil y 50 mil miembros.

Se cree que existan unos 6.000 adscritos en al menos 46 estados y el Distrito de Columbia, según datos oficiales, con una fuerte evidencia en ciudades como Los Ángeles, San Francisco, Washington D.C., Nueva York, así como en áreas urbanas de Nueva Jersey como Newark, Plainfield, Jersey City y Elizabeth.
 
Estos grupos también se han hecho notar en otras áreas como Charlotte, Carolina del Norte, y Houston, Texas, como lo evidencia el más reciente asesinato de la adolescente violada en Houston.
 
No por gusto el FBI creó en 2004 un grupo de trabajo nacional contra la MS-13, mientras al año siguiente, el Servicio de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) dio inicio a la Operación Community Shield, que años después condujo a miles de detenciones de pandilleros.
 
Gracias al trabajo colectivo entre varias instituciones de seguridad se han podido monitorear los movimientos de este peligroso grupo armado.

Por aquella misma fecha, el fotógrafo chileno Víctor Ruiz Caballero logró insertarse en el seno de varias pandillas en el propio territorio salvadoreño.
 
El resultado de su investigación da cuenta de que más de una década después, no solo muy poco ha cambiado, sino que muchos de sus rituales, su vestimenta y su proceder han sido ‘exportados’ en los últimos treinta años a los Estados Unidos.
 
Lo cierto es que, por el momento, la MS-13 sigue siendo la banda transnacional que con un mayor cuidado es seguida por el FBI, por su etiqueta de organización criminal más grande y peligrosa del país.

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Extremadamente violentos
 
“Son extremadamente violentos”, declaró a la cadena KTRK Luis Salinas, profesor de sociología de la Universidad de Houston. “Son tan violentos, que sus acciones llaman mucho la atención. Hasta los carteles de las drogas los contratan”.
 
A pesar del seguimiento constante a que es sometida por parte de las autoridades, la Mara Salvatrucha en territorio estadounidense no ha dejado de fortalecerse y de cometer fechorías, lo que ha dado pie a detenciones, largas condenas de cárcel y procesos de deportación.
 
Como era de esperar, estas expulsiones de los miembros más peligrosos de la MS-13 a lo largo de los últimos años ha fomentado la retroalimentación de estas mismas pandillas en varios países de América Central, sobre todo en El Salvador, con la consiguiente reacción de las autoridades de esas naciones y de la prensa local.
 
De cualquier manera, la Salvatrucha es un flagelo transnacional, un pulpo envenenado que afecta a todo el hemisferio y que ha alcanzado incluso las costas de España: un monstruo que no debería de seguir creciendo.

 

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