Nicolás Maquiavelo vivió por la segunda mitad del siglo 15, su obra maestra “El Príncipe” sigue siendo una referencia en el mundo de la política y los negocios. En el capítulo 18 a la letra afirma que: “En las acciones de los hombres, y particularmente de los príncipes, donde no hay apelación posible, se atiende a los resultados. Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en el mundo sólo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan sino cuando las mayorías no tienen donde apoyarse”. Para fines prácticos: el fin justifica los medios.

¿Cuántas veces lo ha escuchado, lo ha practicado o lo ha impuesto veladamente a terceros? Verdades a medias, mentiras piadosas, excusas, en fin, cualquier cantidad de maniobras que se realizan para determinar que cuando algo tiene una importancia mayúscula en nuestra vida, cualquier medio para lograrlo es válido.

Bueno, por estos días se pone en práctica esta máxima. Sobra decir que se requiere vivir en el mundo de la ingenuidad como para no darse cuenta que, en este mundo, nada es casual. Como tampoco es casual que al momento en el estado de Coahuila van aproximadamente 66 mil 329 casos de COVID-19 y un poco más de 5 mil 841 decesos. 

Ojalá que la avaricia, la ambición y el egoísmo desmedido de unos cuantos no nos vayan a complicar la vida, más de lo que ya nos la han complicado. Muchas familias han salido lastimadas por decisiones que han puesto por encima de la vida: el negocio. Ahora resulta, casual y mágicamente, que llegó al estado de Coahuila el semáforo verde, justo en la Semana Santa. 

¿Serán conscientes quienes han tomado esta decisión del riesgo que se corre? ¿O les habrá pesado más la presión comercial que por estos días no se puede dejar pasar? O ¿las inminentes elecciones que están en puerta? Cómo en muchas otras realidades enmarcadas en el mercantilismo rapaz ¿El negocio o la vida? ¿El fin justifica los medios?

Primero. La Semana Santa tiene mucho tiempo que ha dejado de ser un espacio de devoción profunda a los misterios que en ella se encierran. Desde hace tiempo la popularidad de Jesús de Nazaret ha ido decayendo, esa es una realidad. El postmodernismo ha calado profundo. Y, por supuesto, hay más feligresía en los destinos turísticos, en los restaurantes y en los modestos balnearios que en las iglesias y templos. 

Claro, sigue habiendo fieles que celebran las fiestas, pero son los menos. Tenemos rato que la Semana Santa y los negocios comenzaron a hacer un maridaje perfecto. De ser una fiesta religiosa, como muchas otras, pasó a ser una fiesta comercial que hasta las mismas instituciones religiosas han “capitalizado”.

¿Qué ocurrió el año pasado por estas fechas? ¿Temor, miedo, precaución, respeto, comenzábamos la experiencia del confinamiento? ¿No podría ocurrir eso mismo ahora? ¿O las connotaciones de la Semana Santa son más mercantilistas que espirituales?

Segundo. El semáforo epidemiológico ha sido en mucho de los casos una herramienta política que, nos ha quedado claro, está al servicio del mejor postor. Y como todo en este País, el punto de partida es el político-electoral. El dicho dice: piensa mal y acertarás. No sería bueno que los gobernadores, en el caso del gobernador local, protestaran y se opusieran también a este tema, ¿o el tema tiene que ser eminentemente económico? 

Porque los reclamos casi siempre tienen que ver más con el negocio que con los derechos. Sería bueno que se opusieran también a la reapertura de los lugares masivos, al menos por estos días, ¿no lo cree? O una vez más, el fin justifica los medios. Otra vez, la constante sigue siendo, parafraseando al viejo Kant: no podemos tratar al otro como medio, sino como un fin. ¿O acaso el tema electoral, es más importante que el de salud pública?

Como sociedad no podemos engancharnos en este tipo de tomas de decisión donde está de sobra leer que el trasfondo del “semáforo en verde” tiene que ver más con el dinero y las elecciones. Y esté en nosotros tener una actitud prudencial para evitar el post de una enfermedad que, como ya vimos, ha rebasado la cifra de 200 mil muertes en todo el territorio nacional. Quienes lo hemos vivido, sabemos del sufrimiento y la incertidumbre que acompaña a esta enfermedad.

¿No podrían esperar un poquito más y evitar las reuniones masivas en los lugares de recreo? ¿No podría el mágico semáforo en verde gestionarse hasta después de la Pascua? Ojalá que quienes saldrán en esta Semana Santa, dispuestos a romper el tedio y el confinamiento, no se lamenten mañana de haber caído en la trampa de decisiones imprudentes, motivadas por estrategias electoreras que tienen como punta de lanza el negocio y la presión de unos cuantos, porque por ningún motivo el fin puede justificar los medios. Así las cosas.

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Felipe de Jesús Balderas
ASÍ LAS COSAS