Brujas en Saltillo han sido perseguidas desde hace siglos
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En Saltillo estos oficios no son nuevos, existiendo también solicitudes por parte de personas que buscan promocionar, expedir y aplicar productos “milagro” en las gacetas más antiguas
De acuerdo a su Gaceta oficial, el primer registro que el Archivo Municipal de Saltillo tiene sobre chamanes, brujas, hechiceras y curanderos data del 6 de junio de 1748, cuando cuatro hombres fueron procesados por la autoridad tras azotar a la mulata Manuela de la Fuente, al ser sospechosa de hechizar a la mujer de uno de ellos.
Tuvo que pasar más de un siglo para que se registrara, al menos en papel, otro suceso relacionado con el tema. Fue el 18 de octubre de 1881, fecha en que María Eulalia Gárate se quejó públicamente porque el Cabildo le impidió ejercer la profesión de curandera.
Por ello, en Saltillo estos oficios no son nuevos, existiendo también solicitudes por parte de personas que buscan promocionar, expedir y aplicar productos “milagro” en las gacetas más antiguas.
Entre 1932 y 1936 se registraron en la capital del estado dos casos sobre este tipo de oficios informales: el 14 de marzo de 1932, José M. Morales denunciaría ante el alcalde los abusos del brujo Francisco del Páiz.
Y el 9 de marzo de 1936, Maurilio P. Náñez, director de Educación Federal, solicitaría al propio presidente municipal que ordenara “el despojo” de un curandero que obstruía las correctas labores de una escuela en la hacienda La Púrisima, al surponiente de la ciudad.
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Desde entonces y hasta la fecha, las denuncias o acciones en contra de quienes se dedican a la brujería y santería en la ciudad continúan, y han llevado a sus practicantes ser cautelosos con quienes muestran “sus dones”, pues siendo mujeres, aseguran, corren mayor riesgo de un ataque de las personas.
LAS AMENAZAS SON COMUNES
De acuerdo con María Del Refugio Sandoval, practicante de la magia negra y blanca, han sido al menos dos veces las que ha recibido una amenaza de terceros, quienes la señalaban que desde su aparición en la colonia o al ser amigas de sus mujeres, perdieron su trabajo, les va mal en la vida o padecen alguna enfermedad.
“Son cosas que la gente cuenta, son más los rumores que lo que nosotros hacemos, en realidad estamos más apegadas a lo espiritual y a los santos que a la Muerte pero a todas nos ven igual”, expresó Doña Cuquita.
Relató que a una de sus primas, en Ciudad de México, le quemaron su local para terminar con su negocio y dejara de hacer “trabajos”, tiempo después señalaron que el responsable aseguró que estaba embrujado por su ex esposa a través de ella para que nunca le fuera bien en la vida.
ALGUNOS INFUNDEN MIEDO
“Así como hay gente que prefiere, por miedo, a no meterse con nosotros, también hay quienes tienen represalias, incluso tras no funcionar un amarre, pero ellas tienen que saber que no siempre funciona y que hay fuerzas más poderosas que un amarre o que la propia magia negra.
A veces regresan pidiendo que se les devuelva el dinero pero el trabajo ya está hecho, así que no se puede, se enojan y hasta nos echan madres y luego de venir con nosotras ahí andan de persignadas”, expresó la bruja.
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SIN OBSTÁCULO LEGAL
Actualmente dichas prácticas no están prohibidas, salvo el allanamiento de tumbas y exhumaciones, así como el traslado de restos exigen una serie de permisos y requisitos que incluyen conocer las causas del fallecimiento y que de no cumplir se convierte en un delito, según establece el capítulo quinto de la Ley de Salud en el Estado, una práctica que también se incluye en los entierros.
Hoy en día en el Mercado Damián Carmona realizan trabajos donde reúnen en frascos recortes de fotografías y arena que entierran bajo una tumba forzada, los acompañan un cirio de listones rojos atados alrededor y unas tijeras abiertas sobre una lápida, que sólo denunciadas entre la comunidad ante “males que hicieron a maridos” o como “personas de cuidado”.
Pero que al menos hasta ahora no han sido agredidas físicamente sino que reciben una “rayada de madre” al no verse cumplidos los deseos de sus clientes.
Si bien estas personas enfrentan riesgos, no cambian su actividad, en la que han invertido toda su vida.