En Saltillo, posadas tradicionales en riesgo de desaparecer, por los altos precios
Las tradicionales posadas con piñatas de barro, ponche, tamales, golosinas y luces de bengala... y los peregrinos, podrían desaparecer conforme la inflación aumenta, pues saltillenses aseguran que frente a los altos precios cada vez son menos celebradas dichas fiestas populares.
Tan solo en lo necesario para un festejo navideño con 15 invitados se eleva hasta los 5 mil pesos, pues el costo de un ciento de tamales pasó de entre 700 y 800 pesos a entre 850 y mil 200 pesos, si se agregan guarniciones.
Los frutos para preparar un ponche, elevan la cuenta a 300 pesos ante el precio de las cañas, en 30 pesos, el kilo de naranjas o mandarinas, de 40 pesos, guayabas, con un costo de hasta 26 pesos el kilo y bolsa de manzanas en 38 pesos.
Así como la canela, tamarindo, flor de Jamaica y piloncillo con precios de entre 20 y 30 pesos los 100 gramos en mercados del primer cuadro de la ciudad, mientras que las piñatas tradicionales de barro tienen un costo de 350 pesos, pues aunque ya no se comercializan como antes, los piñateros las ofertan sobre pedido.
Las luces de bengala y los dulces también elevaron sus precios, mientras que las primeras mantenían precios de entre 10 y 15 pesos cada una en su tamaño jumbo o cada caja, hoy se encuentran entre 25 y 30 pesos, así como las bolsas de dulces, que encarecen cada diciembre.
Por su parte los “peregrinos” y las velitas, son elementos que de acuerdo con la religión Católica, son indispensable, pues representan la búsqueda de un refugio para recibir el nacimiento del Niño Dios, aunque las figuras religiosas tienen precios de entre 10 y hasta mil 400 pesos, según el tamaño, casi siempre hechas de barro.
“Ya no hay forma de hacer bolos como los de antes, esos que les ponías cacahuates, naranja, chupirules, colaciones, bombones y chocolates, ya está todo muy caro”, comentó Doña Ofelia Ortiz, quien, en busca de los mejores precios, considera hacer una cena sencilla y cantar villancicos “para no perder la costumbre”.
Tradicionalmente las posadas eran organizadas por vecinos que recorrían calles o cuadras y hacían oración, además de cantar villancicos pidiendo posada para los peregrinos José y María.
DESCONOCIDAS POR LAS NUEVAS GENERACIONES
Las posadas “de las de antes” son una yradición que se ha ido perdiendo con el tiempo, y si bien siguen llevándose a cabo reuniones han perdido el sentido original, ya que los elementos tradicionales han sido dejados en el olvido.
Las posadas tradicionales se celebran con peregrinos y rezo del rosario, las actuales son “pedas”, dicen adultos mayores entrevistados por VANGUARDIA; por su parte, los jovencitos afirman no haber escuchado de las “acostadas del Niño Dios” y afirman que las levantadas solo las hacen las familias antiguas.