Época violenta de Coahuila aumentó uso de celulares en escuelas... pero se salió de control

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Coahuila
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El periodo 2007-2012 provocó que padres de familia vieran en el celular la opción para mantener comunicación constante con sus hijas e hijos; sin embargo, el uso sin regulación derivó en pérdida de atención, ciberacoso y difusión de contenido íntimo

La violencia que vivió Coahuila entre 2009 y 2012 cambió también la dinámica en las escuelas, pues según docentes fue durante ese periodo cuando el uso de teléfonos celulares entre estudiantes de secundaria se normalizó impulsado por la necesidad de los padres de mantenerse en contacto con sus hijos. A más de una década, consideran que la falta de regulación derivó en problemas y retos que enfrentan los maestros dentro de las aulas.

Esta mirada al pasado se da en medio de la discusión impulsada por el Gobierno de México que analiza establecer una regulación para el uso de teléfonos celulares en las escuelas. La presidenta Claudia Sheinbaum informó que durante agosto se realizarán foros y consultas para definir una propuesta que podría comenzar a aplicarse con el inicio del ciclo escolar 2026-2027, previsto para el día último de este mes.

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En ese contexto, maestras y directoras de secundarias de la Región Sureste, reconocieron que los dispositivos facilitaron la comunicación entre padres e hijos en una etapa de inseguridad, sin embargo, coinciden en que el acceso sin reglas claras terminó por generar problemas, principalmente de atención, ciberacoso y conflictos entre estudiantes.

“Creo que todo comenzó cuando se vivió un periodo de inseguridad muy fuerte en nuestro estado y los papás vivían con miedo de no poder comunicarse con sus hijos. El problema es que no les dieron reglas para su uso. Entonces comenzaron los problemas en las aulas”, consideró la maestra Atenea López Lerma, de la Secundaria 11.

Con el paso de los años, el teléfono dejó de ser únicamente un medio de comunicación para convertirse en una fuente constante de distracción dentro de las escuelas.

Las docentes consultadas coincidieron en que actualmente los estudiantes interrumpen las clases para revisar redes sociales o responder mensajes lo que afecta la concentración, disminuye la participación y dificulta mantener la atención durante periodos prolongados.

Además, señalaron que han detectado un aumento de conflictos derivados de publicaciones en redes sociales, fotografías y videos tomados sin consentimiento, difusión de memes para ridiculizar a compañeros y maestros, casos de ciberacoso y crear contenido falso con IA. Para Atenea López Lerma, esta última situación representa una de las mayores preocupaciones entre el magisterio, ya que estas herramientas pueden utilizarse para fabricar audios o videos alterados que dañen la reputación de docentes y alumnos.

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La maestra Cecilia Elizalde consideró que, además del contexto de inseguridad, influyeron otros factores como el crecimiento del mercado de dispositivos móviles y la falta de información dirigida a los padres sobre los riesgos asociados a su uso en menores de edad. En ese sentido, aseguró que la tecnología no representa un problema por sí misma, pero sí su utilización sin límites.

En los últimos ciclos escolares, explicó, detectaron alumnos con dificultades para concentrarse, conflictos derivados de redes sociales, casos de ansiedad y depresión relacionados con publicaciones en Internet, además de una creciente dependencia hacia los dispositivos móviles.

Ante esa situación, la Secundaria número 8, en donde se desempeña como directora, implementó la instalación de cajas de seguridad en cada salón para que los estudiantes depositen sus teléfonos al inicio de la jornada y los recuperen al concluir las clases.

Esta medida, explicó, encontró resistencia al principio, principalmente entre algunos padres de familia, pero posteriormente comenzaron que incrementó la interacción entre los estudiantes durante el receso, disminuyeron los conflictos relacionados con redes sociales y fue necesario adquirir más material deportivo debido al aumento en la participación de actividades recreativas.

Esta medida también fue adoptada en una secundaria en Ramos Arizpe, dirigida por la maestra Aracely Guzmán quien explicó que la escuela implementó un sistema de resguardo para los estudiantes cuyos padres autorizan que lleven el teléfono por motivos de seguridad. En esos casos, el dispositivo permanece bajo resguardo durante toda la jornada y se devuelve al finalizar las clases.

La directora consideró que el problema también radica en la falta de una regulación uniforme para todos los planteles de educación básica pues en la práctica cada escuela aplica sus propios mecanismos para tratar de controlar los dispositivos, por lo que consideró que cualquier regulación deberá ir acompañada del compromiso de las familias, pues consideró que la escuela difícilmente podrá resolver el problema si desde casa no existen límites sobre el uso de los dispositivos móviles.

Otra problemática identificada por las docentes es el impacto que tiene el acceso inmediato a Internet en los procesos de aprendizaje. Según la maestra Norma Tavitas, docente de la Secundaria 11, algunos estudiantes recurren al teléfono para buscar respuestas rápidas en lugar de desarrollar habilidades de análisis, lectura o redacción, por lo que considera que el reto no consiste únicamente en prohibir los dispositivos, sino en enseñar a utilizarlos de forma responsable.

$!Docentes señalaron que el uso excesivo del celular también se relaciona con ansiedad, depresión, dependencia tecnológica y dificultades de concentración.

BACHILLERATOS APUESTAN POR LA CORRESPONSABILIDAD Y CONCIENTIZACIÓN

En el nivel medio superior, las estrategias frente al uso de teléfonos celulares son distintas a las de secundaria. En este nivel existe apertura para utilizar la tecnología con fines académicos, sin embargo, los planteles coinciden en que el reto está en formar estudiantes capaces de autorregular su uso y comprender sus riesgos.

En el Ateneo Fuente, la directora Nayely Mery explicó que, al formar parte de la Universidad Autónoma de Coahuila, el plantel mantiene un modelo basado en la libertad de cátedra y la responsabilidad del estudiante. Desde el primer día de clases se les explica que son ellos quienes deben asumir el compromiso con su formación, mientras que cada docente decide cuándo el celular puede convertirse en una herramienta de aprendizaje y cuándo debe permanecer guardado.

Así, existen maestros que solicitan depositar los teléfonos durante exámenes o determinadas actividades, mientras que otros los incorporan al trabajo en plataformas digitales, libros interactivos o ejercicios de idiomas. Paralelamente, el plantel orienta a los jóvenes sobre los riesgos de compartir fotografías o videos sin autorización y del uso indebido de la inteligencia artificial, además de capacitar a los docentes para adaptar sus métodos de evaluación ante estas nuevas herramientas.

Como parte de esa estrategia, el Ateneo también busca reducir el tiempo que los alumnos pasan frente a las pantallas impulsando su participación en actividades deportivas, culturales, artísticas y académicas. Actualmente, alrededor de 800 estudiantes forman parte de talleres o equipos representativos, mientras que otros realizan servicio social, trabajan o participan en asociaciones civiles, con el objetivo de mantenerlos activos fuera del entorno digital.

En el CETis 97, el director Luis Arcadio de la Peña coincidió en que la tecnología ya forma parte de la vida cotidiana de los jóvenes, aunque considera que su uso se intensificó tras la pandemia, cuando los dispositivos se volvieron indispensables para las clases a distancia y después permanecieron como una necesidad constante.

Señaló que el celular también tiene aplicaciones positivas dentro del plantel, particularmente por sus carreras técnicas, donde los estudiantes utilizan simuladores, plataformas especializadas y aplicaciones para el desarrollo de prototipos y proyectos tecnológicos. Sin embargo, reconoció que su uso también ha impulsado casos de ciberacoso, grabaciones sin consentimiento y distracciones que afectan el aprendizaje.

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Ante ello, señaló que el plantel combina el aprovechamiento de la tecnología con campañas permanentes de concientización dirigidas a estudiantes y padres de familia sobre los riesgos del uso indebido de redes sociales y dispositivos móviles. Además, cuando algún docente considera que el celular no es necesario para la actividad, puede restringir su uso dentro del aula; cuando sí lo requiere, los alumnos cuentan con conectividad e incluso con infraestructura tecnológica de la propia institución, como centros de cómputo y tabletas para evitar que el acceso dependa de los dispositivos personales.

De la Peña afirmó que respaldaría una regulación nacional que reduzca las distracciones en clase, siempre que permita conservar el uso pedagógico de la tecnología cuando ésta aporte al aprendizaje y vaya acompañada de acciones de concientización para estudiantes, familias y docentes.

Reportera apasionada, crítica y multifacética, egresada de la Universidad Interamericana para el Desarrollo, con experiencia en cobertura política y legislativa, dando seguimiento puntual a reformas y creación de nuevas leyes en el Congreso de Coahuila.

Además cubre temas de educación, con enfoque especial en las comunidades escolares y sus problemas, investigación generada por universidades, vigilancia de instituciones educativas que operan sin registro de validez oficial en el estado, y sucesos y estadísticas relacionadas con acoso escolar y la defensa de derechos de niñas, niños y mujeres.

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