Islas de calor: una amenaza silenciosa para la fauna urbana y los seres sintientes

+ Seguir en Seguir en Google
Coahuila
/

Mientras las ciudades enfrentan veranos cada vez más intensos como consecuencia del cambio climático, existe un sector particularmente vulnerable del que pocas veces se habla: los miles de perros y gatos que sobreviven en las calles e incluso en domicilios particulares.

Las islas de calor urbanas se originan por la sustitución de áreas naturales por concreto, asfalto, techos y superficies oscuras que absorben y almacenan la energía solar. Durante el día, estos materiales alcanzan temperaturas extremas y, por la noche, liberan lentamente el calor acumulado, impidiendo que la ciudad se refresque.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/coahuila-crece-numero-de-mascotas-y-superan-los-2-millones-entidad-es-team-perros-CC22204273

En ciudades del norte de México, como Saltillo, donde las temperaturas estivales superan con frecuencia los 35 °C y las olas de calor son cada vez más prolongadas, el pavimento puede rebasar los 60 °C. Para un perro o un gato en situación de calle, esa superficie representa un riesgo permanente.

Estos seres sintientes no utilizan zapatos, carecen de refugios climatizados y no tienen acceso constante a agua potable. Sus almohadillas pueden sufrir quemaduras al caminar sobre el pavimento caliente. En casos graves, se producen desprendimientos de tejido e infecciones que dificultan su movilidad y disminuyen sus posibilidades de sobrevivir.

Las lesiones visibles son apenas una parte del problema. El calor excesivo puede provocar deshidratación severa, insuficiencia renal, alteraciones neurológicas, colapsos cardiovasculares y golpes de calor potencialmente mortales. Los cachorros, los seres sintientes de edad avanzada, las hembras gestantes y aquellos con enfermedades crónicas son especialmente vulnerables.

Los gatos suelen buscar sombra y espacios elevados, pero tampoco están a salvo. Los techos metálicos, las azoteas y los automóviles estacionados pueden alcanzar temperaturas capaces de ocasionar lesiones térmicas y agotamiento extremo.

El fenómeno afecta también a aves, ardillas, murciélagos, reptiles y otros organismos que encuentran cada vez menos árboles, agua y sitios donde refugiarse. Esta pérdida modifica sus patrones de alimentación, reproducción y desplazamiento, alterando el equilibrio ecológico de la ciudad.

Una ciudad que no ofrece condiciones mínimas para la supervivencia de los seres sintientes que la habitan refleja también una pérdida de calidad ambiental para las personas. Las mismas superficies que queman las patas de un perro elevan la temperatura de las colonias, incrementan el consumo de electricidad, deterioran la calidad del aire y agravan los riesgos para niñas, niños, personas adultas mayores y quienes trabajan al aire libre.

Por ello, las soluciones no pueden limitarse al rescate de seres sintientes. Es indispensable atender las causas mediante una planeación urbana sensible al clima. Incrementar el arbolado, proteger las áreas verdes, recuperar espacios públicos con infraestructura verde, emplear materiales que reflejen la radiación solar, crear corredores bioclimáticos y garantizar agua en parques y plazas son acciones que benefician simultáneamente a las personas y a los demás seres sintientes.

Desde la comunidad también podemos actuar. Colocar recipientes con agua limpia a la sombra, instalar refugios temporales, reportar ejemplares lesionados, promover la esterilización y la adopción responsable, proporcionar atención veterinaria preventiva y nunca dejar mascotas dentro de vehículos estacionados pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Las ciudades del siglo XXI deben reconocer que el bienestar de los seres sintientes forma parte de la sostenibilidad urbana. Una comunidad que los protege conserva su biodiversidad, fortalece la convivencia y favorece la salud pública.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/saltillo-un-clic-que-devuelve-la-esperanza-cuando-las-redes-sociales-ayudan-a-reunir-a-familias-con-sus-mascotas-GE22263216

Las islas de calor ya no son un problema del futuro, sino una realidad que afecta diariamente a quienes no tienen voz para pedir ayuda. La grandeza de una ciudad no se mide únicamente por sus edificios, infraestructura o crecimiento económico, sino también por su capacidad para proteger a los seres más vulnerables.

Cuando una ciudad ofrece sombra, agua y espacios seguros para los seres sintientes, construye también un entorno más saludable, resiliente y humano para todas las personas.

Temas



Localizaciones



NUESTRO CONTENIDO PREMIUM