Por 30 años Arturo sigue agradeciendo el milagro de vivir a San Judas en Monclova; sobrevivió a dos infartos
Arturo Carrizales, originario de Monclova, cumple 30 años de peregrinar cada 28 de octubre a la capilla de San Judas Tadeo
MONCLOVA, COAH.- Hay promesas que nacen del dolor, del miedo a perder la vida y del amor por la familia.
Para Arturo Carrizales, de Monclova, caminar hasta la capilla de San Judas Tadeo, en el Ejido 8 de Enero, es mucho más que una tradición: es una manera de agradecer que sigue aquí, después de haber estado a punto de morir.
Tenía apenas 39 años cuando sufrió dos infartos. En aquel momento, mientras su vida estaba en riesgo, pensó en su familia y encontró en su fe la fuerza para seguir adelante. Desde entonces, hace 30 años, cada 28 de octubre regresa ante el santo de las causas difíciles para cumplir su promesa y dar gracias por una oportunidad que, asegura, nunca terminará de valorar.
Con la emoción de quien lleva tres décadas recordando aquel episodio que le cambió la vida, Arturo relata que sintió que no estaba solo, que Jesús y San Judas Tadeo lo acompañaban cuando más lo necesitaba.
“Mi padre Jesús me agarró de una mano y San Juditas me agarró la otra. Me dijeron que yo no me podía ir porque tenía muchas cosas por hacer. Lo primero que pensé fue en mi familia”, recuerda.
Aquella experiencia se convirtió en el motivo para volver año tras año, caminar hasta la capilla y renovar una promesa que lleva grabada en el corazón. Porque para Arturo, cada paso representa una oportunidad de agradecer por la vida, por su familia y por todo aquello que todavía puede hacer.
“Gracias, Señor, porque me devuelves la vida para ocuparme de mi familia”, expresa, al recordar lo que significó superar aquellos dos infartos cuando apenas comenzaba una etapa en la que todavía tenía mucho por vivir.
Han pasado 30 años y su agradecimiento sigue intacto. Aunque el cuerpo resienta el esfuerzo y los años no pasen en vano, Arturo vuelve a emprender el recorrido porque siente que hay promesas que no se olvidan y favores que no se terminan de agradecer.
Pero sus oraciones no son solamente para él. En su camino también lleva las necesidades de otras personas: pide por quienes están enfermos, por las familias que atraviesan momentos difíciles, por quienes buscan trabajo y por aquellos trabajadores que ya no han podido regresar a sus empleos.
“Este caminar es algo maravilloso, porque también pido por ustedes, porque nunca falte el trabajo”, comparte.
En sus plegarias también hay espacio para pedir por la paz del mundo, por la prosperidad de las familias y por quienes necesitan una esperanza para continuar luchando.
Así, entre el cansancio, la fe y los recuerdos, Arturo llega una vez más a la capilla del Ejido 8 de Enero, donde miles de personas se reúnen cada 28 de octubre para agradecer, pedir un favor o encontrar consuelo.
Para él, no se trata solamente de cumplir una manda. Es volver al lugar donde deposita su gratitud, recordar aquel momento en que creyó que podía perderlo todo y reconocer que, después de 30 años, todavía tiene motivos para seguir caminando.
Porque mientras muchos llegan a San Judas Tadeo para pedir un milagro, Arturo Carrizales vuelve cada año para agradecer el suyo: seguir vivo, tener a su familia y poder dar un paso más.