Amor incondicional: tres historias de dueños de mascotas
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Historias donde el cuidado va más allá del cariño cotidiano
A veces, el amor hacia una mascota se demuestra con decisiones difíciles, gastos elevados, trámites largos y cambios profundos en la vida. Algunas personas llevan ese cariño un paso más allá, mostrando que amar a un animal implica responsabilidad, constancia y sacrificios.
En el marco del Día del Amor y la Amistad, estas tres historias reflejan otra forma de amar: una en donde las distancias y los problemas de salud no son una barrera insalvable, sino una lucha que se enfrenta con cariño... ¡y se vence!
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Un viaje de casi dos días... con tres perros rumbo a Canadá
Cuando Juan Barrera y su esposa, Tania Coronado, tomaron la decisión de mudarse a Canadá nunca contemplaron hacerlo sin sus mascotas. T-bone, Nala y Mia eran parte de su vida diaria, y dejarlos atrás no era una opción. Sin embargo, trasladarlos implicó meses de planeación y una inversión económica considerable.
Cada uno de los perros necesitó esquemas específicos de vacunación, certificados veterinarios y documentación sanitaria exigida por las autoridades canadienses. Además, fue necesario investigar durante semanas qué tipo de kennels cumplían con las normas de las aerolíneas: dimensiones exactas, materiales resistentes y ventilación adecuada.
Por su tamaño, los tres perros tuvieron que viajar en el área de equipaje, lo que implicó pagar boletos adicionales. El trayecto fue largo y complejo: de Saltillo a Monterrey y de allí a Ciudad de México, Toronto y, finalmente, Winnipeg, en la provincia de Manitoba. El recorrido tomó casi dos días completos entre vuelos, escalas y traslados.
Para reducir el estrés del viaje, durante meses Juan y su esposa acostumbraron a los perros a permanecer dentro de las cajas. Todos los días los alimentaban ahí, les daban agua y los dejaban pasar períodos cada vez más largos en el interior, con la intención de que el encierro no fuera una experiencia traumática.
Al llegar a Canadá, los retos continuaron. En los primeros días, los tres perros presentaron problemas de salud que requirieron atención veterinaria. Juan recuerda que los costos fueron significativamente más altos que en México, pero los asumieron con amor y esperanza en la pronta recuperación de sus mascotas.
Cruzar el Atlántico sin dejar atrás a un miembro de la familia
Para Mónica Martínez, mudarse a Irlanda significó comenzar una nueva etapa de vida, pero hacerlo sin Estela, su golden retriever, nunca estuvo sobre la mesa. Desde el momento en que supo que tendría que cambiar de país, inició una investigación detallada sobre los requisitos sanitarios, los tiempos de cada trámite y las condiciones de transporte permitidas.
El proceso fue largo y exigente. Estela tuvo que cumplir con vacunas específicas, certificados médicos y períodos de espera obligatorios. Semanas antes del viaje, Mónica comenzó a prepararla emocionalmente: la fue acostumbrando a su caja de transporte, colocó dentro juguetes y objetos familiares y estableció rutinas para que el traslado fuera lo menos estresante posible.
La llegada a Irlanda implicó una adaptación gradual. Nuevos olores, un clima distinto y espacios desconocidos marcaron las primeras semanas. Mónica optó por paseos frecuentes y recorridos cortos por los alrededores para que Estela reconociera su nuevo entorno como un lugar seguro.
Con el paso del tiempo, la rutina se estabilizó y su mascota logró adaptarse a su nueva vida, confirmando que el esfuerzo previo había valido la pena.
Diez años de cuidados médicos y atención especializada
La historia de Karen Rentería y Lorenzo, un perro yorkie de 10 años, refleja otro tipo de compromiso: el cuidado de la salud. Desde cachorro, Lorenzo fue llevado regularmente al veterinario, lo que permitió detectar una condición cardíaca que obligó a modificar su rutina diaria y sus accesorios, como el uso de pecheras en lugar de collares.
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Con los años, aparecieron problemas oculares que requirieron la atención de un veterinario especialista en oftalmología. Tras varios diagnósticos y tratamientos, fue necesario cambiar su alimentación a croquetas bajas en grasa, lo que permitió mejorar su condición y evitar recaídas.
Un accidente en un centro comercial marcó otro punto crítico. Lorenzo sufrió una lesión en dos dedos de una pata, lo que derivó en una cirugía para amputar las falanges afectadas y evitar complicaciones mayores. La recuperación implicó cuidados prolongados, visitas constantes al veterinario y ajustes permanentes en su movilidad.
Actualmente, Karen organiza su vida diaria considerando la edad y sensibilidad de su mascota: evita superficies calientes, controla los tiempos de paseo y prioriza su comodidad. Para ella, amar a una mascota no es humanizarla, sino asumir la responsabilidad total de su bienestar durante toda su vida.
Amor que no se improvisa
Las tres historias coinciden en algo esencial: ningún reto es más grande que el amor de sus dueños. Administrar vacunas, sortear trámites internacionales, brindar atención médica especializada y adaptar la rutina a las mascotas son esfuerzos que se hacen con cariño, y no pesan en el corazón.
En una fecha asociada tradicionalmente al amor de pareja, estos testimonios recuerdan que cuidar a tus mascotas también es una forma de amar: una que se asume y se sostiene con acciones concretas, no solo con palabras.