¿Casa propia o rentada?

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Saltillo
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Una nueva forma de habitar la ciudad

Durante generaciones, tener casa propia fue uno de los grandes objetivos de las familias mexicanas. Comprar un terreno, construir poco a poco o pagar duranteaños un crédito significaba alcanzar seguridad, formar patrimonio y tener algo que heredar. “Tener un techo propio” representaba estabilidad.

Pero nuestra relación con la vivienda está cambiando.

Cada vez más personas pasan una parte importante de su vida rentando. El aumento en los precios del suelo y la vivienda, la dificultad para reunir un enganche, empleos más cambiantes y nuevas estructuras familiares han hecho que comprar resulte complicado para muchos hogares.

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Rentar puede representar dos realidades diferentes: para algunos es una elección que proporciona flexibilidad; para otros, la única alternativa ante la imposibilidad de comprar.

Tener casa propia ofrece ventajas importantes. Permite construir patrimonio, brinda estabilidad residencial, ofrece mayor libertad para modificar el inmueble y, una vez liquidado el crédito, puede reducir el gasto habitacional durante la vejez.

También puede convertirse en una herencia o en un activo para enfrentar una emergencia.

Pero ser propietario tiene costos. Una hipoteca puede comprometer los ingresos durante décadas; existen gastos de mantenimiento, impuestos y reparaciones y, además, la propiedad nos fija territorialmente. Si cambia el empleo, crece la familia o cambian nuestras necesidades, trasladarnos puede resultar difícil.

La renta ofrece justamente lo contrario: flexibilidad. Permite cambiar de vivienda conforme cambia el trabajo, independizarse sin adquirir una deuda de largo plazo o elegir otra ubicación según las necesidades de cada etapa de la vida.

Incluso existe una paradoja urbana. Una persona puede comprar una vivienda económica muy lejos de su empleo y gastar diariamente tiempo y dinero en desplazamientos, mientras otra puede rentar una vivienda más pequeña, pero cercana al trabajo, escuelas, transporte y servicios.

¿Quién tiene entonces una mejor vivienda?

La respuesta no depende únicamente de quién posee las escrituras.

ONU-Hábitat reconoce diferentes formas de tenencia y considera fundamental su seguridad. Una vivienda adecuada debe ofrecer protección frente al desalojo arbitrario, pero también ser asequible, habitable, accesible y estar adecuadamente localizada.

El problema de rentar surge cuando no existe esa seguridad. Incrementos elevados, contratos precarios, incertidumbre sobre la permanencia o destinar una proporción excesiva del ingreso al alquiler pueden convertirlo en una fuentepermanente de vulnerabilidad.

Además, después de años de pagos, elarrendatario no necesariamente ha construido un patrimonio inmobiliario.

Por eso nuestras políticas habitacionales no deberían reducir las posibilidades acomprar una casa o permanecer indefinidamente en un mercado de rentainseguro.

Necesitamos alternativas como vivienda social en alquiler, contratos adecuados, cooperativas, vivienda progresiva y esquemas que permitan transitardel arrendamiento a la propiedad; es decir, rentas con opción a compra.

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También necesitamos revisar nuestra idea de éxito. Tener casa propia puede ser una extraordinaria forma de construir patrimonio, pero rentar no debería interpretarse como fracaso.

Una ciudad necesita distintas formas de tenencia para diferentes personas y etapas de la vida.

Al final, quizá la pregunta más importante no sea si la vivienda es propia orentada, sino si podemos pagarla sin comprometer nuestra calidad de vida, si está cerca de nuestras actividades y si nos ofrece seguridad para construir un hogar.

Porque tener una propiedad y habitar adecuadamente una vivienda no siempre significan lo mismo.

Griselda Salas Alemán es arquitecta, urbanista, ambientalista, investigadora, catedrática y servidora pública. Especialista en desarrollo urbano sostenible, política ambiental, ordenamiento territorial e inundaciones. Ha impulsado proyectos sobre cambio climático, calidad del aire, infraestructura verde, movilidad, gestión del agua y resiliencia urbana.

Cuenta con experiencia en el diseño y adaptación de espacios públicos para poblaciones envejecidas, promoviendo ciudades accesibles, seguras e incluyentes para las personas adultas mayores y personas con discapacidad. Es Presidenta de la Asociación Mexicana de Urbanistas de Coahuila A. C. (AMU Coahuila) para el periodo 2025–2028. Su trabajo ha sido reconocido en el ámbito local y nacional.

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