Coahuila: las rocas del Cañón de San Lorenzo cuentan una historia de 145 millones de años
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El Cañón de San Lorenzo conserva formaciones rocosas de hasta 145 millones de años que permiten conocer la historia de antiguos ambientes marinos y procesos geológicos
Las rocas del Cañón de San Lorenzo conservan evidencias de procesos ocurridos hasta hace 145 millones de años, cuando parte de estos materiales se encontraban en antiguos ambientes marinos.
Durante el Festival San Lorenzo 2026, la doctora Belinda Espinoza Chávez, paleontóloga y docente de la Universidad de Ciencias Geológicas y Sociales, destacó que el sitio no solamente posee valor ambiental, sino que también representa un “paraíso geológico”.
La especialista explicó que en el cañón pueden observarse estratos de distintas edades, principalmente de roca caliza, formados a partir de sedimentos relacionados con antiguos mares. Estas rocas se originaron a partir de materiales que se fueron acumulando durante largos períodos en ambientes marinos. Las calizas contienen principalmente carbonato de calcio, que puede tener su origen en restos de organismos que habitaron esos antiguos mares y cuyos componentes quedaron incorporados a los sedimentos.
Con el paso de millones de años, los movimientos tectónicos provocaron que estos estratos fueran levantados, plegados y deformados, hasta formar parte del paisaje montañoso que actualmente rodea a Saltillo.
En algunas zonas del cañón, explicó Espinoza Chávez, las capas pueden observarse prácticamente verticales, una muestra de las fuerzas geológicas que modificaron los materiales que originalmente se encontraban depositados de manera horizontal.
“Para mí el que sea un libro de la historia de la Tierra visible, donde puedo caminarlo, es una de las cosas súper importantes”, expresó.
La especialista señaló que en el sitio han identificado conchas, estructuras y rastros de organismos invertebrados, evidencias que permiten conocer cómo eran aquellos ambientes marinos y qué tipo de organismos pudieron habitar en ellos. También explicó que continúan estudiando distintas formaciones del cañón, particularmente algunas zonas donde existen areniscas, debido a que estos materiales pueden aportar información sobre otros ambientes y condiciones que existieron en el pasado.
UN VALOR QUE TAMBIÉN DEBE CONSERVARSE
Para Espinoza Chávez, conocer la historia geológica del cañón puede contribuir a fortalecer su conservación, pues las formaciones rocosas también forman parte del valor natural del sitio.
La especialista señaló que las características de las rocas calizas tienen además relación con el comportamiento del agua en la zona, ya que la lluvia puede infiltrarse a través de fracturas y espacios presentes en las formaciones, participando en procesos de recarga. Por ello, consideró necesario que la conservación del espacio contemple no solamente la flora y la fauna, sino también las estructuras geológicas que han permanecido durante millones de años.
“Protejamos flora, fauna, pero también las rocas”, apuntó.
BUSCAN INCORPORAR LA GEOLOGÍA A LOS RECORRIDOS
La paleontóloga participa en los trabajos para desarrollar una guía geológica del Cañón de San Lorenzo, con la intención de que los visitantes conozcan las rocas, su origen y la historia que contienen.
La propuesta busca ampliar la manera en que se interpreta el sitio, para que además de apreciar su paisaje y biodiversidad, quienes lo recorran puedan entender qué tipo de formaciones tienen frente a ellos y qué información científica pueden aportar.
Para Espinoza Chávez, el cañón representa una oportunidad para acercar la historia de la Tierra a la población directamente en el territorio, sin depender únicamente de espacios como los museos.
Además de su trabajo en San Lorenzo, la investigadora destacó la importancia paleontológica de Coahuila y los descubrimientos de dinosaurios realizados en distintas zonas del estado, aunque aclaró que estos hallazgos corresponden a otros sitios y no deben confundirse con las formaciones geológicas observadas específicamente en el cañón.
De esta manera, el Festival San Lorenzo permitió destacar una dimensión menos conocida del espacio natural: conservar San Lorenzo también implica proteger las rocas que cuentan su historia geológica.