El Tamalero de Santos Rojo: historias de terror y leyendas de Saltillo

El Tamalero de Santos Rojo: historias de terror y leyendas de Saltillo

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¿Qué puede esconder una comida cotidiana cuando alguien lleva días sin volver a casa?

Saltillo
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En el callejón Santos Rojo, junto a la Catedral de Saltillo, el tamalero levantaba la tapa de la olla y esperaba a que sus clientes escogieran. Había quienes llegaban con el dinero contado y quienes compraban para toda la familia.

Mientras acomodaba los paquetes, le llegó la noticia de que otra muchacha había desaparecido; sus padres ya habían preguntado en las casas que acostumbraba visitar. Él recibía las monedas, daba el cambio y seguía ofreciendo tamales. La gente se detenía unos minutos junto a su olla antes de continuar la búsqueda.

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Una de las jóvenes llevaba un anillo que acababa de regalarle su novio. En su casa lo recordaban porque ella había extendido la mano sobre la mesa para enseñarlo. Después de su desaparición, la familia siguió sentándose ahí a comer.

Había que poner agua, repartir platos, levantar lo que nadie terminaba. Cada ruido en la puerta interrumpía la conversación. Una noche compraron una docena de tamales en Santos Rojo. Deshicieron el paquete y fueron pasándolos, todavía calientes. Ya habían comido varios cuando uno de los familiares sintió un golpe seco contra los dientes.

Sacó de la boca un objeto pequeño, cubierto de masa y grasa. Lo dejó en la orilla del plato y lo limpió con una servilleta. Era un anillo. La persona que estaba a su lado alargó la mano; lo sostuvo cerca de los ojos y después lo pasó a otro. Nadie quiso decir primero de quién era. Lo conocían. Lo habían visto en aquella misma mesa, puesto en una mano que ahora llevaban días buscando.

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Uno de ellos abrió el tamal que le quedaba y apartó la masa con los dedos. Debajo apareció la carne deshebrada. La madre se quedó mirando los platos, las hojas vacías, las servilletas con las que se habían limpiado la boca. Todavía había comida que no conseguía tragar.

¿En dónde se supone que ocurrió esta historia?
En el callejón Santos Rojo, entre Miguel Hidalgo y Nicolás Bravo.

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Carlos Eduardo Martínez Mirón (1992), editor y escritor con experiencia en diversos medios informativos, colaborando en las secciones de negocios, tecnología, internacional, entre otros. Ha trabajado como corrector y coeditor en proyectos editoriales tanto científicos como culturales, además de publicar obra propia y colaborar como ghost writter en títulos a nivel nacional.

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