Familias vuelven a la tradicional verbena del Ojo de Agua
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Comerciantes con décadas de historia y familias que regresan cada septiembre dieron vida a la fiesta patronal del Santísimo Cristo del Ojo de Agua.
El aroma de las enchiladas y el pan de pulque se mezcló con el sonido de los tambores. Mientras unos subían la escalinata para visitar al Santísimo Cristo del Ojo de Agua, otros buscaban un lugar para cenar entre los puestos instalados alrededor del templo. Este domingo, la tradicional verbena volvió a reunir a familias y comerciantes como parte de la fiesta patronal de uno de los barrios tradicionales de Saltillo.
Entre los puestos estaba nuevamente Antonio “don Toño” Morales, quien lleva alrededor de 28 años instalándose en la subida para vender enchiladas y gorditas. Comenzó de joven ayudando a su suegro, quien tenía un pequeño puesto de fritangas. Cuando este se retiró, le dejó el lugar y los comales. Hoy trabajan junto a don Toño su esposa, sus dos hijas y su yerno.
Incluso algunos clientes se han convertido en parte de la tradición. “Hay familias que vienen directo desde Landín o la Chapultepec solo a buscarnos: ‘¡don Toño, guárdeme cuatro órdenes!’. Ya hasta nos conocemos las caras de años”, contó.
Para su familia, además, el fin de semana representa uno de los momentos comerciales más importantes del año. “Para nosotros es el aguinaldo adelantado. Lo que se saca en este fin de semana nos acomoda para surtir mercancía del resto del año y pagar deudas”, explicó.
De abuelos a nietos
Del otro lado de la verbena está Roberto Garza, vecino de la Bellavista, quien a sus 44 años asegura haber asistido desde que nació. Primero lo llevaba su abuela. Este domingo regresó con su esposa, sus tres hijos y su madre en silla de ruedas.
Entre sus recuerdos permanece “el retumbo de los tambores de las danzas en mi pecho y la imagen del Cristo lleno de flores arriba en el altar”.
Ahora la tradición continúa con sus hijos: el mediano participó este año por primera vez en una danza de matlachines. “Es identidad. Si eres de Saltillo y del barrio sur, el Ojo de Agua es parte de tu sangre”, resumió.
También Sofía Hernández, de Miravalle, regresó acompañada por tíos, primos y sobrinos, después de más de dos décadas asistiendo a la celebración. “Me conecta con los recuerdos de mi infancia y con mis abuelos que ya no están. Estar aquí es sentir que ellos siguen con nosotros”, expresó.
La celebración continuó durante la noche con música en vivo y un programa previsto para concluir a las 23:00 horas con la tradicional pólvora.
Entre comida, música, danzas y familias que vuelven año tras año, la verbena mostró que buena parte de su permanencia ocurre precisamente así: abuelos que llevaron a sus nietos y aquellos nietos que ahora regresan acompañados de sus propios hijos.