Ingrid Tinoco Nares: Cruasán, una panadería saltillense con sabor de hogar
Ser madre emprendera no es una tarea sencilla. “Es un trabajo en equipo”, señala Ingrid al reconocer el impulso de su esposo y la adaptación de sus pequeños Emilio y Julia, quienes inician su rutina escolar entre aromas a pan recién horneado
Desde muy temprano, el olor a mantequilla y pan recién horneado llena cada espacio del hogar de Ingrid Tinoco Nares, quien en medio de la producción despierta a Emilio y Julia, sus hijos de 12 y 10 años para prepararlos para iniciar el día. Así, mientras las primeras piezas salen del horno, prepara desayunos, revisa uniformes y organiza el inicio del día escolar.
Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Ingrid trabajó durante años en marketing, medios y ventas. Vivió en Ciudad de México y, como muchas madres con jornadas completas, pasaba gran parte del tiempo lejos de casa.
La pandemia cambió esa dinámica. Entre el trabajo, las clases en línea y el encierro, comenzó a darse cuenta de cuánto extrañaba compartir tiempo con sus hijos. Durante años, dice, casi no coincidían en casa más que por la noche y nunca habían podido sentarse a comer juntos entre semana.
Aunque ya tomaba cursos de cocina y repostería, fue en ese periodo cuando decidió convertir la panadería en un proyecto real. Volvió a Saltillo con su familia y, sin dinero suficiente para iniciar de inmediato, comenzó a comprar equipo poco a poco: primero un horno, luego una fermentadora y después una laminadora.
Parte de su casa se transformó en taller de panadería y ahí comenzó a “hornear” un proyecto que, aunque aún no tenía local, ya tenía nombre, propósito y dirección: Cruasán Panadería, que abrió sus puertas el 6 de noviembre de 2023.
Para Ingrid, el negocio también es el resultado del esfuerzo familiar. Su esposo la impulsó a construirlo, sus hijos se adaptaron a las jornadas largas y sus padres y suegros estuvieron presentes en los momentos más difíciles.
“Es un trabajo en equipo”, asegura.
Hoy, entre hornos encendidos desde la madrugada, pedidos y dos sucursales en Saltillo, Ingrid sigue comenzando sus días con la misma escena: el pan recién hecho mezclándose con la rutina escolar de sus hijos.
Aunque reconoce que hay jornadas agotadoras y momentos de incertidumbre, asegura que el esfuerzo cobra sentido en los pequeños momentos que antes no podía vivir, como sentarse a comer con Emilio y Julia, recogerlos de la escuela o acompañarlos en sus actividades.
“Aunque yo esté acomodando o haciendo alguna crema pastelera, estoy presente en casa y ellos ya saben que lo que necesiten estoy ahí para ellos”, dijo.