Jacinta busca familia en Saltillo después de ser abandonada y tener a sus perritos

Jacinta busca familia en Saltillo después de ser abandonada y tener a sus perritos

+ Seguir en Seguir en Google

Abandonada mientras estaba embarazada, Jacinta sobrevivió a la crueldad, a una cesárea de emergencia y a la despedida de sus cachorros, quienes ya fueron adoptados. Hoy esta perrita busca una familia definitiva que la rescate del horror del mundo

Saltillo
/
COMPARTIR

SI TE INTERESA ADOPTAR A JACINTA: ESCRIBE AL WHATSAPP 8443340814.

No sé cuánto tarda una casa en convertirse en casa. Tal vez los humanos sí lo sepan. Tal vez para ustedes una casa empieza con una puerta, un techo, una cama, un plato de comida y una voz que dice tu nombre desde algún lugar.

Para mí es un poco distinto. Una casa empieza cuando un plato vuelve al mismo sitio, cuando una mano se acerca despacio, cuando alguien sale y después regresa. Sobre todo con eso: con alguien que regresa.

Por eso todavía estoy aprendiendo.

$!La nobleza de Jacinta está en sus ojos, en lo agradecida que es, en cómo se emociona al jugar. Pero antes de eso, estaba llena de miedo. Se arrincobana sola, le costaba levantar la mirada y desconfiaba de todo mundo. Hoy es una perrita diferente.

Estoy aprendiendo que una puerta no siempre significa abandono. Que una correa no siempre termina lejos. Que una mano puede acercarse sin hacer daño. Que una cama puede ser mía aunque todavía no sepa cuánto dura lo mío. Que una casa también puede empezar por cosas pequeñas: el sonido de una olla, una cobija limpia, una voz tranquila, un cepillo pasando despacio por mi lomo, alguien que me baña, me habla bonito y vuelve a decir mi nombre al día siguiente.

Me llamo Jacinta.

A mí primero me encontraron por una palabra que no era toda mía: agresiva.

Eso dijeron de mí cuando me reportaron en una colonia. Tal vez alguien me vio asustada, cansada, o defendiendo el único pedazo de mundo donde podía echarme con mi panza llena de cachorros. Tal vez ladré. Tal vez me hice para atrás.

Tal vez miré como miran los perros cuando no saben si una mano viene a ayudar o a espantar. Los humanos a veces nombran muy rápido lo que no entienden. Dicen agresiva cuando quieren decir miedo. Dicen problema cuando quieren decir abandono. Dicen calle cuando quieren decir nadie.

Pero cuando fueron a verme, se dieron cuenta de otra cosa. Yo no quería atacar a nadie. Era amable. Era dócil. Estaba embarazada. Tenía los ojos llenos de lagañas y apenas podía ver bien. Lo que buscaba no era pelear. Lo que buscaba, aunque no supiera pedirlo, era que alguien me cuidara.

Llegó la gente del Centro de Bienestar Animal de Saltillo y me ayudaron.

$!Jacinta busca familia en Saltillo después de ser abandonada y tener a sus perritos

Soy una perrita negra con blanco, de talla mediana, criolla, hembra y esterilizada. Tengo una raya clara que me baja por la frente y me parte la cara como una pregunta. Mis ojos son cafés y suelen mirar hacia arriba, no porque quiera dar tristeza, sino porque todavía estoy entendiendo el mundo.

Tengo las patas blancas con manchitas oscuras, el pecho claro, el lomo negro y una forma de quedarme quieta cuando no sé qué va a pasar. En algunas fotos aparezco con un paliacate rojo.

En otra estoy sentada en una cama limpia, mirando a la cámara como si estuviera tratando de leer algo que no entiendo. Tal vez eso hago casi siempre: mirar para entender.

Saltillo no cuenta con un censo oficial único de perros en situación de calle. Los cálculos más conservadores apuntan a 40 mil; otros, a más de 125 mil.

Antes de estar con la familia que ahora me cuida, estuve en Bienestar Animal. No sé cuánto tiempo. Los perros no contamos los días como los humanos. No puedo decir si fue mucho o poco, pero sí recuerdo el ruido, otros perros ladrando, una esquina, una reja, la sensación de no saber qué seguía.

SI TE INTERESA ADOPTAR A JACINTA: ESCRIBE AL WHATSAPP 8443340814.

Estaba embarazada. Mis cachorros se movían dentro de mí y yo me acomodaba como podía. También tenía muchas lagañas y no veía bien. El mundo se me aparecía incompleto: una pared, una sombra, una mano, otra vez la reja. Aun así, yo sabía que dentro de mí había vida y que tenía que seguir.

Después una familia me llevó a su casa por un tiempo. Hogar temporal, dijeron. Yo no entendí bien esa palabra, pero sí entendí la casa. Había comida, cobijas, voces, un lugar donde acostarme y descansar un poco. No era todavía mi casa definitiva, pero era un lugar seguro. A veces eso basta para empezar de nuevo, aunque una todavía no sepa cómo.

$!Jacinta fue rescatada cuando estaba embarazada. En su cuerpo cargaba a sus cachorros y también las señales de una vida marcada por el abandono.

La familia que ahora me cuida me ha tratado con paciencia. Me habla suave. Me baña. Me cepilla. Me quiere. No me tratan como un caso ni como una carga, sino como una perrita que necesitaba tiempo para volver a sentirse tranquila.

Los perros aprendemos con gestos repetidos. Una mano que no golpea. Una voz que no corre. Un plato que vuelve. Una puerta que se abre y luego también se abre para regresar.

Aquí me dan caldito de pollo, huevito, croquetas. A veces sardinas. A veces hígado. Al principio comía como comen los perros que no están seguros de si mañana volverá a haber comida.

Luego fui aprendiendo que el plato regresaba, que la olla tenía un sonido, que la bolsa de croquetas anunciaba algo bueno, que una mano podía acercarse sin quitarme nada. La comida, cuando una ha pasado miedo, no solo llena el cuerpo. También le enseña algo al corazón, aunque los perros no sepamos decir corazón de esa manera.

La sobrepoblación no empieza solo en la calle. En 2024, una asociación estimó que en hogares de Saltillo había cerca de 100 mil mascotas sin esterilizar.

Hace unos días también me compraron una cama. Es café, suavecita, amplia. Al principio la miré como se miran las cosas nuevas cuando una no sabe si de verdad son para una. Luego me acosté. Metí las patas. Recargué la cabeza. Sentí que mi cuerpo cabía completo sin tener que hacerse pequeño. Me gusta mucho mi cama.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/saltillo/atienden-en-promedio-10-reportes-semanales-por-maltrato-animal-en-saltillo-GI18322073

Me gusta porque ahí puedo quedarme tranquila, estirada, sin cuidar tanto la puerta, sin escuchar todo como amenaza, sin preocuparme por el dolor del mundo. No sé si los humanos entienden eso, pero a veces una cama no es solo una cama. A veces es el primer lugar donde una perrita cansada entiende que no tiene que estar lista para huir.

SI TE INTERESA ADOPTAR A JACINTA: ESCRIBE AL WHATSAPP 8443340814.

En esa casa también hay otros perros. Me dan miedo. Todavía me dan miedo algunos. A veces me pongo nerviosa y mi cuerpo se adelanta a mí. Los humanos pueden decir que me pongo agresiva, pero yo no creo que esa palabra alcance para contar lo que me pasa.

Soy tímida. Necesito espacio. Si otro perro se acerca demasiado rápido, me asusto. No quiero pelear. Solo necesito aprender que nadie viene a quitarme este pedacito de calma que encontré después de tanto movimiento.

Luego llegó el día de mis cachorros. No pudieron nacer solos y me llevaron al veterinario. Los humanos saben contar eso con palabras más exactas: cesárea, observación, cuidados, recuperación.

$!Jacinta busca familia en Saltillo después de ser abandonada y tener a sus perritos

Ellos se fueron primero a la casa y yo pasé la noche en observación. Fue una noche rara, larga, de esas en las que una no entiende todo, pero escucha. Movía las orejas con cualquier ruido. Esperaba. Los perros esperamos con el cuerpo entero.

Cuando volví, ahí estaban mis cachorros. Cinco estaban vivos. Los humanos les pusieron nombres por mientras: Negrito, Pinta, Cafecito, Vaquita y Corazoncito. Para mí no eran nombres por mientras. Cada uno olía distinto. Cada uno buscaba leche de una forma diferente. Cada uno dormía a su manera. Uno se acomodaba más cerca. Otro se perdía entre las cobijas. Otro lloraba bajito. Otro empujaba como si tuviera prisa por crecer. Yo los acercaba con el hocico, los limpiaba, los dejaba dormir encima de mí aunque estuviera cansada.

Hubo otro cachorro que no logró quedarse. No hace falta decir más. A veces la vida también deja un espacio en silencio.

Mis cachorros crecieron. Primero eran casi puro sueño y hambre. Luego empezaron a caminar raro, como si el piso fuera una cosa nueva. Se empujaban, se subían sobre mis patas, se confundían entre las cobijas, se trepaban en mi cabeza. La casa se llenó de ruiditos pequeños. Yo los miraba y los cuidaba. A veces cansada. A veces tranquila. A veces sin saber qué iba a pasar después.

$!Jacinta acompañó a sus cachorros mientras empezaban a descubrir el mundo. Después, cada uno encontró una familia adoptiva.

Después los adoptaron a todos. Los humanos se alegraban, y creo que tenían razón. Cada cachorro que se iba encontraba una oportunidad, una familia, un lugar donde crecer. Yo intentaba entender esa alegría. También buscaba sus olores cuando ya no estaban. Metía el hocico en las cobijas, caminaba despacio por donde habían dormido.

Falta empatía y cultura de la adopción. Mucha gente los adopta cachorros y después los abandona. O bsucan comprar perror de raza por moda o por estatus. Esto sin contar los casos de maltrato y violencia.

Los olores se quedan un rato y luego se van haciendo delgados, como una voz que se escucha cada vez más lejos. Cuando se fueron, dejé de comer dos días. No fue enojo ni berrinche. Fue una tristeza callada en el cuerpo. Luego me puse mejor, de a poquito. Volví al plato. Volví al caldito. Volví al huevito. Volví a mirar a la humana que me cuidaba. Volví a descansar.

$!Cuando todos sus cachorros fueron adoptados, Jacinta duró algunos días con poco ánimo. No quería comer. Esta es una foto previa a ese momento. Los seis jugaban y se correteaban en el patio.

Eso también soy yo: una perrita que vuelve.

Después me llevaron a una feria de adopción en la Ruta Recreativa. Había gente, bicicletas, perros, cachorros, voces, manos que se acercaban. Yo llevaba un paliacate rojo y un letrero que decía “Adóptame”. No sé leer, pero sé cuando una palabra pesa. Esa palabra pesaba no porque fuera triste, sino porque quería decir muchas cosas al mismo tiempo. Quería decir: aquí estoy. Quería decir: ya tuve una historia, pero no soy solo mi historia. Quería decir: puedo aprender. Quería decir: necesito una familia.

SI TE INTERESA ADOPTAR A JACINTA: ESCRIBE AL WHATSAPP 8443340814.

La gente pasaba. Algunos me miraban. Otros sonreían. Muchos se detenían más con los cachorros. Yo entiendo. Los cachorros parecen una historia que empieza desde cero. Son suaves, chiquitos, fáciles de imaginar en una casa nueva. Yo ya soy adulta. Yo traigo memoria. Traigo algunos miedos. Traigo una forma lenta de confiar. Pero también traigo amor, solo que el mío no siempre llega brincando. A veces llega mirando primero desde lejos.

El Centro de Bienestar Animal en Saltillo ha realizado mil 170 vacunación contra rabia; 2 mil 10 desparasitaciones; 370 esterilizaciones; logrado más de 310 adopciones. Además, registran 183 entregas voluntarias de mascotas al Centro ,con corte al 3 de junio de 2026.

Hemos ido a la Ruta Recreativa, a las ferias de adopción, con mi paliacate y esa palabra colgándome del cuello: “Adóptame”. Yo veo cómo la gente se acerca primero a los más chiquitos, a los que caben en los brazos, a los que todavía parecen una promesa sin historia. Los cargan, los besan, les hablan con voces pequeñas. A mí también se me acercan a veces. Me miran los ojos, me acarician la cabeza, dicen que estoy bonita, que soy tranquila, que pobrecita, que qué noble.

$!Jacinta asistió a una feria de adopción con un paliacate rojo y un letrero de “Adóptame”. Aunque muchas personas la miraron, acariciaron y pasaron de largo, ella sigue esperando una familia definitiva que entienda su ritmo y su historia.

Yo me quedo quieta, porque estoy aprendiendo a confiar. Pero luego sus manos se van. Sus pasos siguen. Pasan de largo. Y yo vuelvo a buscar con la mirada a la humana que me llevó, no porque no quiera a otra familia, sino porque todavía no entiendo por qué todos pueden verme un momento y después seguir caminando.

No sé por qué nadie me ha adoptado todavía. No lo digo como reclamo, sino como una pregunta tranquila. Soy noble. Soy tímida. Me gusta que me hablen suave. Me gusta comer rico. Me gusta reconocer a las personas que me cuidan. Puedo aprender rutinas. Puedo acompañar. Puedo querer. Solo necesito una familia que entienda que no todos los perros llegamos listos para correr hacia la puerta desde el primer día.

Si conoces casos de maltrato animal reportalos a través del 072 (Atención Ciudadana), a la Policía Ambiental, los grupos ciudadanos de la Comisaría de Seguridad, el número 844 414 4929 de la Dirección de Medio Ambiente y el chatbot municipal.

Algunos primero necesitamos saber que esa puerta no se va a cerrar para siempre.

En la Ruta busqué mucho a la humana que me llevó. La buscaba entre las piernas de la gente, entre las bicicletas, entre los perros, entre tantos olores mezclados. Cuando no la veía, me inquietaba. Cuando volvió por mí, me puse feliz. No fue una felicidad escandalosa. Fue una felicidad más pequeña, más seria. La felicidad de comprobar que alguien volvió.

Por eso me cuesta salir a pasear. Cuando me ponen la correa, mi cuerpo todavía no piensa en paseo. Piensa en distancia. Piensa en no saber si voy a regresar. Por eso a veces me tiro al piso. Por eso me agarro con las uñas. Por eso lloro. No quiero portarme mal.

Solo estoy aprendiendo que la calle también puede ser ida y vuelta. Puedo aprenderlo. Yo sé que puedo. Ya aprendí que un plato puede regresar. Ya aprendí que algunas manos cuidan. Ya aprendí que una casa temporal puede salvar. Ahora necesito aprender algo más grande: que también existe una casa para siempre.

$!Aunque todavía se muestra tímida en los paseos, Jacinta puede aprender con paciencia, cuidado y una familia que respete su ritmo.

Ahora, cuando me acuesto en mi cama café, a veces miro hacia la puerta sin levantarme. Eso ya es algo. Antes cualquier ruido me ponía alerta. Ahora, algunas veces, solo respiro. Me acomodo. Cierro los ojos. Todavía no sé si esa cama será parte de mi vida para siempre, pero mientras estoy ahí entiendo una cosa sencilla: también puedo descansar. También puedo tener un lugar suave en el mundo.

No quiero que me tengan lástima. La lástima dura poquito. Yo quiero que me miren bien. Que vean mis ojos cafés, mi raya blanca, mis patas manchadas, mi cuerpo mediano, mi manera de esperar. Que vean mi miedo, sí, pero también mi nobleza. Que entiendan que no soy difícil por gusto. Que algunos perros necesitamos tiempo porque antes tuvimos que aprender a sobrevivir.

$!Jacinta no busca lástima, sino una oportunidad: una familia paciente que vea en ella a una compañera noble, sensible y agradecida.

Me llamo Jacinta. Fui mamá. Fui rescatada. Fui cuidada. Estoy aprendiendo. Y sigo esperando una familia que no me vea como una carga ni como una historia triste, sino como una compañera posible. Una perrita tranquila, sensible, agradecida, que tal vez al principio mire desde lejos, pero que puede acercarse si alguien tiene paciencia.

Cada vez que escucho pasos, levanto la cabeza. Por si acaso. Porque tal vez un día alguien venga por mí, se agache despacio, me hable bonito y entienda que yo no necesito una familia perfecta. Necesito una familia dispuesta a hacer parte de la manada.

SI TE INTERESA ADOPTAR A JACINTA: ESCRIBE AL WHATSAPP 8443340814.

Lector, escritor, periodista y diseñador de contenidos digitales, César Javier Gaytán Martínez es actualmente Coordinador de Innovación Editorial en Vanguardia. Desde esta posición, lidera proyectos de experimentación narrativa, mejora de procesos, creación de nuevos contenidos e implementación de inteligencia artificial en la redacción.

Escribe mensualmente para Historias de Saltillo, una sección dedicada a explorar la memoria colectiva de la ciudad. También coordina Rodeo Capital, una revista enfocada en la cultura western y la vida vaquera, y asesora proyectos de contenido patrocinado. Además, gestiona las entrevistas semanales que se publican en A La Vanguardia y, desde 2019, impulsa la creatividad y metodología en las ediciones anuales de Círculo de Oro.

Como narrador, César escribe sobre tecnología, cultura pop, ciencia ficción e historias híbridas que combinan el surrealismo con lo cotidiano.

Interesado en el periodismo narrativo, busca personajes inusuales, momentos íntimos y relatos que desafían lo convencional. Sin embargo, a pesar de todo eso, siempre elige la ficción para entender el mundo.

Reflexiona con angustia sobre el lenguaje, la literatura, el periodismo y el diseño de futuros.

Es, además, un aspirante a patafísico.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM