La generación que dejó de salir a la banqueta

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Saltillo
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El crecimiento de las ciudades ha aumentado las distancias entre vivienda, trabajo, escuelas, comercios y servicios, reduciendo el tiempo disponible para convivir en las colonias

Nunca habíamos tenido tantas herramientas para comunicarnos y, paradójicamente, quizá nunca había sido tan fácil desconocer a quien vive al otro lado de nuestra pared. Podemos conversar en segundos con alguien a miles de kilómetros, mientras ignoramos el nombre de quien habita tres casas adelante. Este fenómeno es resultado, entre otras cosas, de ciudades cada vez más extendidas, largos traslados, mayor tiempo frente a las pantallas y menor convivencia entre vecinos.

Durante generaciones, buena parte de la vida social ocurría cerca de casa. La calle, la banqueta, la tienda, la plaza, la escuela y el parque eran puntos de encuentro. Los niños jugaban afuera, los adultos conversaban y los comercios permitían encontrarse constantemente con rostros conocidos. No existía necesariamente la intención de “hacer comunidad”; simplemente sucedía porque la vida cotidiana generaba oportunidades para relacionarse.

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La expansión de nuestras ciudades modificó esta dinámica. En Saltillo, como en muchas ciudades mexicanas, vivienda, empleo, educación, comercio y servicios comenzaron a separarse por distancias mayores. Muchas personas salen temprano para trabajar o estudiar y regresan horas después. El tiempo invertido en trasladarnos es tiempo que dejamos de utilizar para caminar por la colonia, conversar con un vecino o participar en alguna actividad comunitaria.

A esto se suma otra transformación: las pantallas ocupan una parte creciente de nuestro tiempo. Teléfonos, plataformas digitales, videojuegos y redes sociales nos permiten trabajar, aprender, comprar y entretenernos sin salir de casa. La tecnología ofrece enormes beneficios; el problema aparece cuando sustituye la interacción con nuestro entorno inmediato.

Podemos saber qué hicieron durante el día nuestros contactos en redes sociales y desconocer si nuestro vecino vive solo, necesita ayuda o simplemente desea conversar.

Esto también tiene consecuencias urbanas. Cuando disminuye la presencia de personas en banquetas, calles y espacios comunes, desaparecen encuentros espontáneos que construyen confianza. Una calle donde nadie permanece termina convirtiéndose únicamente en un lugar para entrar, salir y circular.

La cohesión social se construye mediante pequeñas interacciones: saludar, reconocer rostros, comprar en el comercio cercano, conversar o cuidar colectivamente un espacio. Parecen acciones insignificantes, pero juntas producen algo fundamental: confianza.

Y esa confianza importa. Ante una inundación, una ola de calor, un incendio o cualquier emergencia, quienes primero pueden advertir que una persona adulta mayor necesita ayuda o que una familia enfrenta dificultades son quienes viven alrededor. Una comunidad donde las personas se conocen tiene mayor capacidad para organizarse y cuidarse.

El desafío no consiste en renunciar a la tecnología ni en regresar a una ciudad que ya no existe. Consiste en evitar que el desarrollo urbano y digital elimine nuestras oportunidades de encontrarnos.

Necesitamos ciudades donde parte de la vida pueda resolverse cerca de casa: caminar a la tienda, llevar a los niños al parque, sentarnos bajo un árbol o simplemente recorrer la colonia. Pero también necesitamos recuperar una decisión personal muy sencilla: mirar hacia afuera.

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Construir comunidad puede comenzar con algo tan elemental como guardar por un momento el teléfono, salir a la banqueta y aprender nuevamente el nombre de nuestros vecinos.

Porque podemos tener miles de contactos en una pantalla y, aun así, estar solos en nuestra propia calle. El reto será lograr que la tecnología nos conecte con el mundo sin desconectarnos del lugar donde vivimos.

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Griselda Salas Alemán es arquitecta, urbanista, ambientalista, investigadora, catedrática y servidora pública. Especialista en desarrollo urbano sostenible, política ambiental, ordenamiento territorial e inundaciones. Ha impulsado proyectos sobre cambio climático, calidad del aire, infraestructura verde, movilidad, gestión del agua y resiliencia urbana.

Cuenta con experiencia en el diseño y adaptación de espacios públicos para poblaciones envejecidas, promoviendo ciudades accesibles, seguras e incluyentes para las personas adultas mayores y personas con discapacidad. Es Presidenta de la Asociación Mexicana de Urbanistas de Coahuila A. C. (AMU Coahuila) para el periodo 2025–2028. Su trabajo

ha sido reconocido en el ámbito local y nacional.

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