Los niños bajo Saltillo: historias de terror y leyendas de Saltillo

Los niños bajo Saltillo: historias de terror y leyendas de Saltillo

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¿Qué puede encontrarse bajo una ciudad cuando alguien decide seguir hasta el fondo una vieja historia?

Saltillo
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El hombre dejó la cuerda colgando dentro de la noria y apoyó los pies en el fondo. Arriba quedaba el patio de una casona de la calle Hidalgo, en el centro de Saltillo. Desde allí todavía veía un pedazo de cielo. Le habían hablado de un pasadizo que llegaba hasta la Catedral, de riquezas que el clero había ocultado durante la Reforma.

Antes de bajar se había atado una bolsa vacía a la cintura. Encendió la vela y encontró una abertura en el costado. Tuvo que inclinar la cabeza para entrar. La tierra estaba húmeda; al apoyar la mano en el muro se desprendieron unas piedras que cayeron junto a sus botas.

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Avanzó procurando recordar los desniveles del suelo. A ratos el techo lo obligaba a encorvarse tanto que tenía que llevar la vela por delante de las rodillas. Cuando pudo enderezarse, levantó la luz. Había una cavidad en la pared, a la altura de su pecho. Algo blanco sobresalía de la tierra acumulada en el fondo. Pensó que podía ser el borde de una vasija y se acercó. Vio los agujeros de los ojos, después la mandíbula.

Debajo estaban las costillas y unos huesos delgados, recogidos en el espacio que cabía entre sus manos. Se quedó mirando el cráneo. Nunca había visto uno tan pequeño. En el hueco de al lado distinguió otro. Recordó entonces la parte de la historia que había escuchado entre bromas sobre los hijos de curas y monjas, las criaturas que supuestamente escondían bajo las iglesias.

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Retrocedió hasta tocar con la espalda la pared contraria. Levantó la vela. Los nichos continuaban fuera del alcance de la llama; algunos estaban tan bajos que antes había pasado sin mirarlos. Se dio vuelta buscando el camino hacia la noria.

En el primer tramo bajo tuvo que agacharse otra vez. Ahora su cara quedaba a la altura de los huecos. La bolsa vacía se le atoró en una piedra y, antes de entender qué lo detenía, tiró con tanta fuerza que la tela se rompió.

¿En dónde se supone que ocurrió esta historia?
En el centro de Saltillo, en alguna casona de la calle Hidalgo.

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Carlos Eduardo Martínez Mirón (1992), editor y escritor con experiencia en diversos medios informativos, colaborando en las secciones de negocios, tecnología, internacional, entre otros. Ha trabajado como corrector y coeditor en proyectos editoriales tanto científicos como culturales, además de publicar obra propia y colaborar como ghost writter en títulos a nivel nacional.

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