Los sueños no tienen código postal: Raymundo Zúñiga, de Saltillo a las grandes ligas financieras

Los sueños no tienen código postal: Raymundo Zúñiga, de Saltillo a las grandes ligas financieras

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Raymundo Zúñiga Vega salió de Saltillo siendo muy joven y una beca abrió la primera puerta. Después vendrían Francia, Nueva York, París, Filipinas, Londres, HSBC, el Banco de Inglaterra y ahora Mastercard. Su historia habla de finanzas, pero también de estudiar, aprender inglés, buscar oportunidades y atreverse a cruzar la puerta cuando aparece.

Saltillo
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Hubo un tiempo en que Raymundo Zúñiga Vega podía tomar su bicicleta y recorrer con sus amigos las calles de la colonia Doctores hasta que comenzaba a oscurecer.

Era otro Saltillo. Uno en el que los niños todavía podían salir a jugar durante horas, perderse por el barrio entre ruedas y travesuras, y regresar a casa cuando el día se terminaba.

Raymundo era inquieto, travieso. Tanto que sus padres tuvieron que presentarse más de una vez en la escuela por alguna de sus ocurrencias.

Pero había una especie de salvoconducto que, según recuerda entre risas, hacía que sus maestras del Colegio Americano fueran un poco más pacientes con él: Le iba bien en la escuela.

Todavía no existían los grandes bancos internacionales, las salas donde se toman decisiones importantes ni los cargos directivos. Existían Saltillo, sus amigos, su familia y algo que poco a poco comenzó a crecer dentro de aquel niño: curiosidad.

En casa encontraba libros que llevaba su padre. Leía sobre geografía, países y lugares lejanos. Y viajaba. Todavía no en avión. Viajaba con la imaginación.

$!Antes de Londres y de las finanzas internacionales estuvo también la curiosidad por conocer otros lugares, una inquietud que Raymundo recuerda desde sus años de infancia en Saltillo.

“Me interesaba mucho vivir fuera desde muy pequeño. A través de los libros que mi papá traía a la casa me interesaba la geografía, otros países, conocer un poco. Me imaginaba como que viajaba en mi mundito en la casa”.

ANTES DE LONDRES, ESTABAN LOS AMIGOS

Mucho antes de las reuniones en Londres, de caminar por Nueva York o de trabajar en París y Filipinas, estaban los amigos, y esos lugares que para una generación de saltillenses son también una coordenada de la memoria. Raymundo recuerda aquellos años en los que salir con los amigos podía terminar, casi inevitablemente, alrededor de una mesa.

Uno de ellos era Abel Ramírez, a quien conoció en la preparatoria y con quien conserva la amistad hasta hoy. Abel pertenecía a la familia de Las Brasas y aquello tenía una enorme ventaja para un grupo de adolescentes que podía tener mucha hambre, pero no necesariamente mucho dinero.

Después de alguna fiesta terminaban en el restaurante.

Raymundo recuerda entre risas que muchas veces llegaban prácticamente sin dinero para pagar. Ahí estaba el amigo y aquella hospitalidad tan saltillense que décadas después sigue recordando desde Londres.

También está en su memoria El Apenitas, otro de esos sitios ligados a los amigos, las comidas y la juventud.

Son recuerdos aparentemente pequeños, pero quizá precisamente por eso importan.

Porque antes del ejecutivo internacional estaba el muchacho que recorría Saltillo en bicicleta, hacía travesuras en la escuela, salía con sus amigos y terminaba compartiendo una mesa con ellos.

Y esas amistades sobrevivieron a la distancia.

Después de tantos años fuera de México, Raymundo identifica precisamente esa cercanía como una de las cosas que más valora de Saltillo: los amigos que permanecen, las familias que terminan mezclándose, los hijos de los amigos que se hacen amigos y esa posibilidad tan nuestra de organizar una carne asada o una reunión sin tener que consultar la agenda con semanas de anticipación.

UNA BECA CAMBIÓ EL MAPA

Raymundo salió de Saltillo alrededor de los 17 o 18 años.

Se fue a estudiar Administración Financiera al Tecnológico de Monterrey. No se fue con el camino resuelto. Buscó cómo hacerlo. Consiguió una beca importante y complementó sus estudios mediante un crédito-beca que pagaría cuando comenzara a trabajar.

Después apareció otra oportunidad. Francia. Durante la etapa final de la carrera consiguió una beca para realizar un intercambio en la Universidad de Nancy. La experiencia se prolongó y aquella ciudad francesa, cercana a la frontera con Alemania, terminó convirtiéndose en uno de los primeros capítulos internacionales de su historia.

Después vendrían muchos más. HSBC. Ciudad de México. Panamá. Nueva York. Londres. París. Filipinas. El Banco de Inglaterra. Y recientemente, Mastercard, donde comenzó una nueva etapa como director de riesgo corporativo.

$!Su recorrido profesional lo llevó hasta Londres y al Banco de Inglaterra, después de haber trabajado en distintos mercados para HSBC.

Es fácil leer la lista y pensar que se trata de una trayectoria excepcional construida desde el principio con un gran plan. Raymundo la cuenta de otra manera.

Una oportunidad llevó a otra. Pero primero había que buscarlas.

“Yo busqué por todos lados, traté de ir por todos los medios”.

Y luego había que estar preparado para aprovecharlas.

EL MUNDO NO QUEDA TAN LEJOS

Cuando se le pregunta qué le diría a un joven de Saltillo que piensa que las grandes oportunidades solamente existen para quienes nacieron en alguna de las grandes capitales del mundo, responde desde su propia historia.

“No piensen que su futuro está limitado por el lugar donde nacieron”.

Raymundo nació en Saltillo. Y aquel dato geográfico nunca determinó hasta dónde podía llegar.

“Yo nací en Saltillo y nunca imaginé que trabajaría en el sector financiero en Estados Unidos, París, Reino Unido o Asia. Y todo empezó con algo tan sencillo como aprovechar una oportunidad para estudiar”.

Ahí está, probablemente, la parte más importante de su historia. Detrás de los cargos, los países y las instituciones aparece una fórmula mucho menos espectacular, pero bastante más útil para quien comienza:

“Es importante, aunque parezca tan simple, estudiar, aprender inglés, tener curiosidad por el mundo y no tener miedo a salir de su zona de confort”.

$!Vivir fuera significó para Raymundo algo más que cambiar de empleo: implicó aprender a observar otras culturas sin asumir que la propia era la única manera posible de entender el mundo.

No habla del inglés como un accesorio curricular. En una carrera que terminó cruzando continentes, culturas y equipos de distintas nacionalidades, el idioma se convirtió en una herramienta para poder participar en ese mundo.

Hoy sus propios hijos, Sofía y Emilio, nacidos en Londres, crecen hablando inglés y español en casa.

NO ESPERAR A QUE LA OPORTUNIDAD TOQUE

Hay otro detalle importante en la historia de Raymundo.

Muchas de las puertas que atravesó no aparecieron mágicamente frente a él. Las buscó.

Cuando su esposa, Ana Cecilia Chávez, recibió una oportunidad profesional para trasladarse a Nueva York, él habló con sus superiores y preguntó si podía existir también una oportunidad para él. La hubo.

HSBC encontró una posición relacionada con su trabajo y ambos comenzaron una nueva vida en Nueva York. Ese episodio se repetiría de distintas maneras durante su trayectoria: detectar la oportunidad, levantar la mano, adaptarse y aprender.

Raymundo reconoce también el papel de quienes encontró durante el camino: jefes, mentores, personas dispuestas a confiar en él; ahora, cuando piensa en lo que todavía quiere hacer, aparece un deseo que tiene poco que ver con alcanzar otro puesto.

Quiere devolver oportunidades.

“Me gustaría poder compartir lo que he aprendido, apoyar a jóvenes que están empezando, especialmente aquellos que necesitan una oportunidad como la que yo recibí con mi beca, con mentoría en su debido tiempo”.

También quisiera seguir conectando Saltillo con Londres y ayudar a abrir posibilidades de trabajo y negocios. Porque una puerta puede cambiar una vida. Él lo sabe.

SER DE SALTILLO EN EL MUNDO

Después de trabajar con personas de distintas nacionalidades, Raymundo reconoce características que considera muy mexicanas: creatividad, capacidad de adaptación, cercanía personal y una particular habilidad para resolver problemas aun cuando no existe un manual que diga exactamente qué hacer.

$!Una carrera internacional también exige sentarse frente a personas de otras culturas, escuchar y entender formas distintas de tomar decisiones; una capacidad que Zúñiga considera parte esencial de su experiencia profesional.

Y dentro de eso identifica también algo norteño. Algo saltillense.

Somos muy trabajadores, muy creativos y, sobre todo, sabemos salir adelante cuando las cosas se complican”.

Sin embargo, después de competir durante años en escenarios internacionales, también identifica algo que considera necesario cambiar: la confianza.

“Tenemos muchísimo talento, creatividad, pero creo que nos falta confianza en nosotros mismos. Pensamos que lo de afuera es mejor porque viene de otro país y no es el caso”.

Descubrir que quienes están del otro lado del mundo no pertenecen a una especie distinta.

Que se puede competir con ellos. Trabajar con ellos. Dirigirlos. Aprender de ellos. Y también enseñarles.

APRENDER A VIVIR EN OTROS MUNDOS

Raymundo no atribuye su trayectoria únicamente a la preparación técnica.

Hay otra palabra que aparece constantemente durante la conversación: adaptarse.

Cuando llegó a otras culturas, al principio todo parecía extraño. Extrañaba Saltillo, su comida, sus costumbres y la espontaneidad de las relaciones.

Con el tiempo aprendió a observar de otra manera.

“Siempre hay algo que descubrir, siempre hay algo que disfrutar”.

$!Londres se convirtió en una de las coordenadas principales de la vida de Raymundo, pero también en el lugar desde donde aprendió que competir internacionalmente no obliga a renunciar al sitio del que uno viene.

Aprendió también de los ingleses que llegaban a México y querían probarlo todo: desde un gran restaurante hasta un puesto callejero.

Entendió que conocer el mundo exige cierta humildad.

No llegar pensando que nuestra manera de hacer las cosas es la única. Escuchar. Observar.

Probar. Aprender. Y también modificar hábitos.

Uno de ellos, particularmente mexicano: la puntualidad.

Fuera de México descubrió rápidamente que la hora indicada era exactamente eso: la hora indicada.

“El tiempo de alguien más se respeta, el esfuerzo que está haciendo para verte, escucharte o compartir algo contigo es importante”.

Fue una de esas pequeñas lecciones que terminaron formando al ejecutivo que después sería enviado precisamente a lugares donde había situaciones complejas que resolver.

CABEZA FRÍA

A lo largo de su carrera ocurrió algo curioso.

Raymundo comenzó a convertirse en el hombre al que enviaban cuando las cosas no estaban precisamente tranquilas. Integraciones. Transformaciones. Riesgos. Problemas que ya existían o que podían aparecer.

Su capacidad para adaptarse y conservar la calma comenzó a abrirle puertas.

“Desarrollé la habilidad para resolver situaciones complejas”.

Cuando se le pregunta qué aprendió de trabajar bajo presión, su respuesta rompe también con la imagen del ejecutivo que tiene todas las respuestas.

Aprendió justamente lo contrario. A reconocer que no las tiene.

“Lo más importante es consultar a los expertos”.

Para Raymundo, dirigir no significa ser la persona más inteligente de la habitación. Significa tener la humildad suficiente para reunir a quienes saben más de cada tema, escucharlos y después construir una decisión.

Y cuando llega la crisis: cabeza fría.

“No solo mantenerte tú en calma, sino tratar de contagiar a tu alrededor esa calma y serenidad”.

Resolver antes que buscar culpables. Otra lección que no aparece en los títulos universitarios.

ANA CECILIA, LA OTRA PARTE DEL VIAJE

La historia tampoco se entiende completamente hablando solamente de Raymundo.

$!Las mudanzas y los cambios de país dejaron de ser únicamente decisiones laborales cuando Raymundo y Ana Cecilia comenzaron a construir una familia lejos de México.

Buena parte del recorrido lo ha hecho acompañado de Ana Cecilia.

Se conocieron en la Ciudad de México hace más de dos décadas, cuando ambos comenzaban sus carreras.

Ella es ingeniera especializada en tecnología y ha desarrollado también una carrera internacional en el sector financiero.

De hecho, fue una oportunidad profesional de Ana Cecilia la que abrió el camino para que la pareja llegara a Nueva York.

“Ha sido una gran compañera y una gran impulsora de mi carrera”.

Raymundo habla de ella como profesionista, compañera y madre de sus hijos Sofía y Emilio, y reconoce la complejidad de construir dos carreras demandantes mientras crían a sus hijos lejos de la familia inmediata.

$!Sofía y Emilio han crecido entre dos idiomas y una vida construida fuera de México; Londres es hogar, pero la cultura de sus padres continúa formando parte de la vida familiar.

Su hijo Emilio ofrece una imagen perfecta de la vida que eligieron.

Nació en Londres.

Dos semanas después, la familia estaba trasladándose a Filipinas por una nueva responsabilidad profesional de Raymundo.

Para ellos, el mundo dejó hace mucho tiempo de dividirse por fronteras.

PERO SALTILLO SIGUE AHÍ

Uno puede vivir en Londres durante años y descubrir que algunas cosas son prácticamente imposibles de expatriar.

Una carne asada, por ejemplo.

Raymundo lo intenta.

No siempre ayuda el clima inglés, ni el espacio, ni la carne disponible, pero de vez en cuando prende el asador para que sus hijos conozcan también esa parte de la cultura de su padre.

En su casa londinense hay banderas, sarapes, gorras de equipos saltillenses y hasta un tortillero.

$!La distancia no eliminó las referencias mexicanas de la familia. Raymundo procura que sus hijos conozcan también las costumbres, símbolos y afectos del país donde él creció.

Y existe una petición casi obligatoria cuando familiares o amigos viajan desde México:

Salsas y dulces.

Nunca son suficientes.

Cuando vuelve a Saltillo, aparecen los amigos de siempre, las historias de juventud, las comidas y esa capacidad tan norteña de organizar algo sin necesitar tres semanas de anticipación.

Es una de las cosas que más extraña.

La cercanía.

“Los hijos de los amigos se vuelven amigos, compadres y demás. Esa comunidad que, a pesar de ser Saltillo una ciudad ya grande, se conserva”.

Ha conocido buena parte del mundo. Pero sigue habiendo cosas que solamente existen aquí.

CONOCER EL MUNDO PARA VALORAR LA CASA

Raymundo Zúñiga no plantea salir de Saltillo como una forma de escapar de Saltillo.

Al contrario.

“Mientras más conoces otras culturas, más valoras tus raíces”.

Por eso su historia resulta especialmente pertinente para los jóvenes.

Porque hoy las distancias son distintas.

Una universidad extranjera puede estar en una computadora.

Una oportunidad laboral puede aparecer en una pantalla.

Un idioma puede comenzar a aprenderse desde casa.

$!Después de años de mudanzas, viajes y cambios profesionales, para Zúñiga conocer otros lugares ha servido también para mirar con otra perspectiva aquello que permanece: la familia, las raíces y el lugar de origen.

Un joven de Saltillo puede conversar, estudiar y trabajar con personas que están al otro lado del planeta.

“El mundo es mucho más grande de lo que vemos desde Saltillo, pero también es mucho más accesible de lo que imaginamos”.

Raymundo Zúñiga salió de Saltillo hace muchos años. Desde entonces ha trabajado en algunos de los centros financieros más importantes del planeta. Pero su historia no debería leerse solamente como la de un saltillense que llegó lejos.

Quizá valga más leerla como un recordatorio para los que apenas están comenzando:

El lugar donde nacemos nos da raíces. No nos pone fronteras.

Escritor y especialista en narrativa y comunicación. Con más de 20 años de experiencia en medios y comunicación estratégica, ha construido una trayectoria que articula periodismo, storytelling y desarrollo de proyectos editoriales.

Inició su carrera en espacios como Televisa Monterrey, Grupo Reforma, Multimedios Radio y Periódico Vanguardia, donde ha ganado tres Premios Estatales de Periodismo.

Es autor de Dinolibros, una colección infantil que aborda la salud socioemocional a través de historias simbólicas. Su trabajo se distingue por una narrativa sensible y una mirada cercana a las emociones que habitan lo cotidiano.

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