Relatos y retratos de Saltillo: La ciudad y sus cines populares

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Saltillo
/ 13 septiembre 2020

En la historia saltillense se cuentan los destinos aciagos de salas de proyección que fueron víctimas del fuego y el agua

En abril de 1923, Antonio Rodríguez, socio gerente de A. Rodríguez y Hermano, notificó al Alcalde el cambio de nombre del teatro Apolo por el de Variedades, ahí terminó el primer Apolo, de igual manera el anuncio especificaba el cambio de domicilio, ya que  se ubicaría en Aldama 29.

A la llegada del cine sonoro, el Teatro Variedades fue la primera sala de la ciudad en tener sonido directo de la película. La publicidad de la época anunciaba al Variedades como “La Capital del Sonido, el predilecto por Saltillo”. Este cine estuvo en la planta alta de un edificio por la calle Aldama y Acuña.

En la parte de abajo del local se ubicaba un salón con mesas de billar, en la parte de arriba el cine contaba con 620 butacas de madera. En varios documentos aparece como propietario Francisco Carabaza. Para variar la administración recaía en la empresa de A. Rodríguez.

No fue un cine de películas de estreno, sino como se le decían en aquellos años, de películas de segunda vuelta. Estuvo abierto fue poco menos de 15 años, en 1939 el cine Variedades se incendió, el siniestro terminó con la primera sala sonora.

NUEVO TEATRO APOLO

En agosto de 1928 se abrió la nueva sede. Se ubicó en General Cepeda y Pérez Treviño. Este espacio de diversión estaría sujeto a los nuevos reglamentos sanitarios. Los cines y teatros de la ciudad en aquellos años se caracterizaban por el descuido de sus instalaciones, como la falta de ventilación y de limpieza de baños. Otra anomalía era la sobreventa de boletos. El Cine Apolo despareció después de una inundación, donde hubo víctimas mortales. 

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TEATRO COAHUILA

En Pérez Treviño y Padre Flores se situó este teatro, el cual fue escenario de puestas teatrales, presentaciones musicales, así como funciones de cine, lucha libre y box. Se encontraba en La Rinconada, los transeúntes de los años 30 dudaban en transitar por el lugar, especialmente de noche, el área era frecuentada por malvivientes, prostitutas y raterillos. El galpón contaba con sillas removibles para el diferente acomodo según el tipo de espectáculo. El techo era de lámina. En los cuarenta, se bajó el telón para siempre.   

CINE ROYAL

Fue el típico cine de barrio, estuvo situado en Juárez, entre Matamoros y la calle de Arteaga. En sus mejores tiempos tuvo un anuncio de neón con las letras ROYAL en vertical, el cual se distinguía a la distancia especialmente por la noche. El tiempo de operación fue de casi 28 años. La sala no era tan grande, el aforo no debió rebasar los 800 lugares.

A ambos lados de la pantalla se encontraban dos gigantescos copones dentro de un nicho, los cuales se iluminaban por atrás. Las butacas contaban con respaldo de madera y el asiento forrado de tela plástica.

A manera de broma se solía comentar entre los jóvenes de la época de los años 70. “Cuando vas al Royal te entregan un garrote y un costal para matar y meter las ratas, dependiendo del número que mates, te dan un descuento o podrás entrar gratis”, obvio esto no era verdad, lo cierto es que justo al lado poniente del inmueble bajaba el centenario arroyo de La Tórtola, y justo al final del edificio se unía con el cauce del arroyo El Martillo, probablemente en época de lluvia se metían roedores a la sala. 

Las verdaderas ganancias se obtienen de la dulcería, sin embargo, para algunos saltillenses el asistir a una función del Royal merecía seguir la tradición de hacer primero una parada en la Lonchería Royal para comprar lonches de ternera con aguacate y meterlos de contrabando.

Con el correr de los años el cine mostró un considerable deterioro y una mañana de 1978 la estructura que sostenía el techo se vino abajo, esta vez el destino no quiso cobrar víctimas, el suceso ocurrió cuando no había función. Los dueños tuvieron la intención de levantar el edificio, pero el tiempo pasó y el inmueble quedó abandonado hasta que fue demolido. En la actualidad el espacio que ocupaba es una plaza pública.

Ariel Gutiérrez Cabello, nació en Saltillo, Coahuila, en 1961, investigador de la microhistoria local. Ha dedicado su vida profesional a la comunicación, la ecología y la cultura, desempeñándose como museógrafo, e investigador.

Desde hace más de seis años, Gutiérrez Cabello comparte cada domingo en el periódico Vanguardia su columna Relatos y Retratos del Saltillo Antiguo, donde rescata historias, sucesos y personajes que han marcado la historia de la ciudad.

Entre sus obras destaca “Calles y otros lugares de Saltillo antiguo”, libro en el que indaga el origen de los nombres de calles, callejones e inmuebles de la ciudad, ilustrando con fotografías históricas y relatos la evolución social y cultural de Saltillo. También ha publicado “Escribidores de luz: fotógrafos en Saltillo, 1846 a 1920”, un trabajo que documenta el desarrollo de la fotografía y los fotógrafos en la región y el libro Imágenes e historia del Saltillo de 1900. Fondo Fotográfico Ferretería Sieber. Saltillo, Coahuila

Es ferviente coleccionista de fotografías antiguas, relacionados con la historia local, Gutiérrez Cabello trabaja de manera continua en la investigación de la microhistoria de Saltillo, para la preservación y difusión de la memoria histórica regional.

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