Saltillo: Infancias que crecen con libertad, disciplina y acompañamiento
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En un contexto donde las nuevas generaciones exploran distintos intereses, el acompañamiento de madres y padres resulta clave para formar niñas y niños seguros, disciplinados y felices
En Saltillo, Rafael Lara, de apenas siete años, divide sus días entre entrenamientos de karate y torneos de Pokémon. Para él, competir no se trata solo de ganar, sino de aprender. “Entrenar te hace mejor”, resume.
Detrás de ese proceso hay algo más: una red de apoyo constante. Sus padres no solo lo llevan a entrenar o competir, también se involucran activamente. Su padre practica karate con él, mientras que su madre ajusta su rutina para acompañarlo. Coinciden en que ese respaldo ha sido clave en su desarrollo.
“Lo hemos visto más seguro, más consciente de sí mismo. Entiende que mejorar depende de su propio esfuerzo”, explican.
Incluso cuando no obtiene el primer lugar, el enfoque se mantiene. “No gané, pero me fue mejor que la vez pasada”, dijo Rafael tras un torneo, reflejando una mentalidad basada en el esfuerzo y la constancia.
EL VALOR DE ESTAR PRESENTES
Para especialistas, este acompañamiento no es un detalle menor, sino un pilar en el desarrollo infantil. La psicóloga y terapeuta familiar Ana Verónica de la Peña señala que madres y padres son la primera fuente de validación emocional.
“Cuando acompañan, escuchan y validan los intereses, fortalecen la autoestima, la seguridad y la capacidad para relacionarse con el entorno”, explica.
Por el contrario, desestimar o minimizar lo que les gusta puede generar inseguridades que se arrastran hasta la adultez.
NUEVOS INTERESES, MISMAS NECESIDADES
Hoy, los intereses de las infancias se han diversificado. Ya no se limitan a actividades tradicionales como el futbol o andar en bicicleta. También incluyen videojuegos, anime o competencias digitales.
Es el caso de Jenzi, de 10 años, quien comparte con su madre el gusto por los videojuegos. Lo que comenzó como una forma de convivir en casa se convirtió en un espacio de conexión.
“Jugando es cuando más platicamos. Me cuenta cosas de la escuela, de su día”, relata Estefanía.
Además de fortalecer la convivencia, el juego ha desarrollado habilidades como el trabajo en equipo y la resolución de problemas. También ha servido para aprender a manejar la frustración.
“Al principio lloraba cuando perdía, ahora entiende que puede volver a intentarlo”, añade.
LÍMITES QUE TAMBIÉN EDUCAN
El acompañamiento no implica ausencia de reglas. Por el contrario, especialistas señalan que los límites son necesarios para un desarrollo equilibrado. Establecer horarios, responsabilidades y prioridades permite que niñas y niños disfruten sus actividades sin descuidar otras áreas.
“Los límites son las estructuras que les permiten crecer sanamente”, explica la psicóloga.
En casa de Rafael, por ejemplo, las decisiones se ajustan a sus compromisos. Si tiene una competencia cercana, el entrenamiento es prioridad; en otros momentos, puede destinar tiempo a actividades sociales.
SER LO QUE QUIERAN SER
Más allá de la disciplina o los logros, permitir que niñas y niños exploren sus intereses —aunque se salgan de lo tradicional— puede marcar una diferencia en su desarrollo.
Para los padres de Rafael, la clave está en involucrarse. “No es solo decir ‘te apoyo’, es estar ahí, compartir y entender lo que les gusta”, explican.
Una idea que coincide con especialistas: el objetivo no es formar campeones, sino personas seguras, autónomas y capaces de enfrentar la vida.
Porque al final, ya sea en un dojo, en un torneo o frente a una consola, lo que está en juego no es solo una victoria, sino el desarrollo de una infancia acompañada.