Se viraliza caso de abogado que cambia de género para no pagar pensión, en la región Laguna
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La historia de Gloria Valentina revela presuntas prácticas de violencia institucional, uso indebido de la perspectiva de género y omisiones judiciales que habrían puesto en riesgo los derechos de una mujer y su hija
Un caso ocurrido en la región Laguna de Durango y documentado por la periodista Sanjuana Martínez para el diario La Jornada, ha encendido alertas sobre el uso de vacíos legales y la violencia institucional en el sistema de justicia.
Se trata de la historia de Gloria Valentina Méndez Arámbula, psicóloga y madre de una niña de cuatro años, quien desde hace casi cuatro años enfrenta una compleja red de procesos judiciales impulsados por su ex pareja, el abogado Cristian Montenegro, en lo que describe como una estrategia sistemática de violencia legal.
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De acuerdo con su testimonio, Montenegro habría llegado al extremo de cambiar legalmente su identidad de sexo para declararse mujer y así solicitar “perspectiva de género” ante un juez, con el objetivo de evadir el pago de la pensión alimentaria y revertir procesos en su contra. Esta maniobra, afirma Gloria Valentina, fue aceptada de facto por el juez décimo cuarto de control, quien la vinculó a proceso por un presunto delito de sustracción de menores sin una investigación previa, pese a que el propio padre había negado públicamente la filiación de la niña.
La historia judicial ha tenido consecuencias profundas en la vida personal y profesional de la denunciante. Gloria Valentina trabajaba como sicóloga en la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (Ceeav) en Durango, dependencia que terminó por despedirla tras una serie de presiones, hostigamientos administrativos y solicitudes de información promovidas por su agresor, quien —según su versión— utilizó mecanismos institucionales para aislarla y debilitar sus redes de apoyo.
Los antecedentes del caso dan cuenta de una relación marcada por violencia psicológica, económica y física, que se agravó durante el embarazo de la víctima y tras el nacimiento de la menor. Gloria Valentina relata episodios de amenazas, agresiones verbales, conductas de riesgo y abandono, así como un temor constante por la integridad de su hija, lo que finalmente la llevó a denunciar y romper el vínculo, pese a las represalias legales posteriores.
Gloria Valentina conoció a Cristian en 2017, pero iniciaron su noviazgo en 2019 y en febrero de 2020 empezaron un concubinato, y los problemas de violencia se agudizaron. “Bajo la promesa de que no habría más agresiones, seguí la relación con él; además, en febrero de 2021 me di cuenta de que estaba embarazada y tuve varios desafíos de salud que solventar”. Cuenta que Montenegro se negó a cuidarla durante la gestación y que sus celos patológicos fueron minando la relación. “También descubrí que buscaba a mis pacientes para mantener relaciones sexuales con ellos o para hablar mal de mí”.
NUEVA PAREJA TAMBIÉN LA AGREDE Y ACTÚA EN CONTUBERNIO CON SU EX
Gloria Valentina inició una nueva relación con Édgar Alan Corona Muñiz, en agosto de 2023. Seis meses después, denunció también a éste por violencia familiar y lesiones, con la causa penal 071/2024. Lo peor estaba por venir. “Estaba en mi casa, recuperándome de los golpes, con collarín, y los dos agresores publicaron una foto juntos, como si fuera una hazaña. Para ejercer violencia contra mí a través de Édgar Alan, Cristian estaba en comunicación con él. Ambos estuvieron en contubernio para polivictimizar mi persona”.
Según la víctima, ambos hombres actuaron en contubernio para reforzar denuncias en su contra, incluso presentándose juntos en audiencias judiciales, lo que profundizó su sensación de indefensión y revictimización dentro del sistema legal.
El caso, expuesto públicamente por La Jornada, pone en evidencia las fallas estructurales del sistema de justicia para atender la violencia de género, así como los riesgos de la instrumentalización de la ley para perpetuar el daño contra mujeres y niñas. Gloria Valentina asegura que su objetivo no es solo proteger a su hija, sino visibilizar un patrón que podría sentar un precedente peligroso si no es atendido con rigor, ética y perspectiva real de derechos humanos.