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Una oculta maldición: representan el Loco Dios y fuego arrasa dos teatros

Coahuila
/ 13 marzo 2022

Destruidos por el fuego luego de representar la misma obra, así terminaron un par de inmuebles. ¿Fue coincidencia? ¿fueron las mismas causas las de los siniestros con 16 años de diferencia entre ambos?

Pareciera que los teatros Acuña y García Carrillo, lugares destinados a la apreciación de las artes escénicas y musicales, hubiesen estado marcados por la misma maldición. ¿Tal vez obra de la casualidad o producto de algún fanático religioso?. Los dos hermosos teatros, fortuitamente tuvieron el mismo destino, permanecer en el fugaz recuerdo y en la memoria de la tragedia.

TEATRO ACUÑA

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En la esquina de Padre Flores y la hoy calle Abbott, estuvo el teatro Acuña, principal centro de cultura del estado. En una buena parte de la época porfiriana, fue protagonista de un sinnúmero de obras teatrales, operetas, recitales de poesía y música. Situado sobre la explanada que ocupó el antiguo atrio del templo de San Esteban.

El 5 de febrero de 1882 se sentó la primera piedra, el edificio construido de madera se concluyó en abril de 1886. Para honrar aún más al poeta Manuel Acuña, el día de apertura se estrenó la obra “El Pasado” del mismo Acuña, puesta en escena por la compañía Baldía.

Otros relatos sobre el programa inaugural consignan que se interpretaron varias selecciones musicales de la banda del 90º Regimiento de Caballería, bajo la dirección del filarmónico Zeferino Domínguez Gutiérrez y el literato Jacobo M. Aguirre declamó varios versos de su autoría, los cuales fueron impresos en pequeños volantes y repartidos al público asistente.

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El licenciado Tomás Berlanga, excelso orador de aquellos años, se refirió al Teatro Acuña, que se encontraba “entre dos barbaries”: el templo de San Esteban y la Plaza de Toros de Tlaxcala. Aunque usted no lo crea, en el interior del Teatro Acuña se llegó a dar la lidia a muerte de un torete, el cual fue rifado entre el público asistente.

EL PRIMER VORAZ INCENDIO

Poco antes de las nueve de la mañana del día 24 de agosto de 1902, el reloj que marcó el ritmo de los transeúntes por casi dieciséis años, se vino abajo desde lo alto de la torre que lo alojaba, las terribles llamas terminaron por consumir la totalidad del edificio.

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El día de la catástrofe, una compañía teatral pretendía poner en escena el drama llamado, “El Loco Dios” y de entre las cenizas se recogieron solo algunos fierros retorcidos y los recuerdos de los grandes artistas que pisaron las tablas del escenario.

TEATRO GARCÍA CARRILLO

En el terreno de enfrente donde estuvo el Teatro Acuña, se le llamó Plaza Hidalgo, ya que se encontraba una estatua del padre de la patria. En 1906 la plaza fue desmantelada y la efigie fue donada a la ciudad de Monclova, esto para abrir espacio y dar paso a la construcción del Teatro García Carrillo.

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El García Carrillo se inauguró en julio de 1910, poco antes de las vísperas de la celebración del Centenario de la Independencia. El teatro contaba con un amplio espacio donde albergaba dieciocho elegantes plateas de seis asientos cada una, además de otros tantos palcos en un segundo nivel con cómodas butacas y la sala se disponían de seiscientas butacas.

El teatro contó con la última tecnología de la época, entre ellos un telón contra incendios, la parte de enfrente de la cortina estaba hermosamente decorado con unos carros romanos, la bóveda lucía una roseta con más de mil 500 focos, alrededor del escenario se dispusieron focos incandescentes, junto con los focos de la sala sumaban más de tres mil 500 focos para hacer brillar el majestuoso Teatro García Carrillo.

En su corta vida de apenas ocho años, desfilaron los mejores y más renombrados espectáculos. En 1911 actuaron las compañías de opereta de Esperanza Iris y Amparo Romo. Se estrenaron las conocidas operetas el Conde de Luxemburgo, Sangre de Artista, El Encanto de un Vals, La Viuda Alegre, La Princesa de los Balcanes, Molinos de Viento.

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Un año después, en 1912, actuó la compañía de ópera del tenor Alexander Bonche, espectáculos patrocinados por el entonces gobernador del Estado Venustiano Carranza, en esa temporada se presentaron las óperas: Rigoletto, Tovatore, Aida, Payasos. La burguesía post porfiriana de varias ciudades se dejó ver en la ciudad ataviadas de rigurosa etiqueta y no dudaron en pagar diez pesos por luneta para presenciar los mencionados espectáculos, sin duda de clase mundial.

En 1913 se puso en escena la obra, La Esclavitud de los Negros, justo en los días que el Gobernador Venustiano Carranza dejó la ciudad una vez que desconoció al usurpador Victoriano Huerta y dar inicio a la lucha Constitucionalista.

LA HISTORIA SE REPITE

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En el año 1918 un devastador incendio destruyó casi por completo el hermoso edificio. Un día previo a la catástrofe, la compañía de Salvador Campa Siliceo presentó la obra, El Loco Dios, al día siguiente se anunció la presentación de la baronesa Norka Rouskaya, brillante violinista y danzarina, quien ya no pudo cautivar al público con sus notables y célebres creaciones, musicales y coreográficas.

El fuego inició tras bambalinas casi a las siete de la tarde, uno de los encargados del teatro ordenó a un tramoyista bajar el telón de inmediato, para evitar que la sala fuera consumida por el fuego. Extrañamente el telón, que funcionaba como barrera contra fuego, estuvo abierto todo el día, se quedó trabado, nadie informó del mal funcionamiento, a pesar de varios intentos no pudieron cerrar la pesada cortina, de pronto las llamas se extendieron y en pocos minutos, el interior del teatro se redujo a cenizas.

Ochenta años después, lo poco que quedó del edificio original del teatro fue rescatado y remodelado en 1999 para convertirlo en centro cultural.

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saltillo1900@gmail.com

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