UNAM crea el ‘cuidadómetro’, para prevenir el colapso de quienes cuidan a familiares
Este instrumento identifica señales de agotamiento físico, emocional y económico en personas cuidadoras para prevenir una sobrecarga que afecte su salud
El cuidado de una persona enferma, adulta mayor o con dependencia puede generar un desgaste que avanza silenciosamente hasta afectar la salud y la calidad de vida de quien asume esa responsabilidad. Para detectar oportunamente estas señales, estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) crearon el “cuidadómetro”, una herramienta que permite identificar niveles de sobrecarga y reconocer cuándo es necesario buscar apoyo.
La iniciativa fue desarrollada por Jessica Noemí Pacheco Ortiz y Ángela Guadalupe Rodríguez Fontes, estudiantes de Medicina de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala.
El instrumento se diseñó para que las propias personas cuidadoras puedan evaluar sus condiciones mediante indicadores relacionados con su bienestar físico y emocional, sus finanzas, la administración del tiempo, la distribución de tareas y las redes de apoyo disponibles. Su creación responde a una realidad que alcanza a más de 31.7 millones de personas de 15 años o más en México, de acuerdo con la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022 del Inegi; 75 por ciento son mujeres.
Las cifras muestran el impacto de estas labores: 39.1 por ciento de quienes cuidan reportó fatiga o cansancio, 31.7 por ciento reconoció que dispone de menos tiempo para descansar, 22 por ciento manifestó irritabilidad y 16.3 por ciento señaló haber experimentado depresión. Frente a este panorama, el “cuidadómetro” contempla diferentes niveles de riesgo, desde condiciones que permiten mantener un cuidado sostenible hasta situaciones que podrían anticipar un colapso.
En el nivel de cuidado sostenible se encuentran factores como repartir las responsabilidades de manera equilibrada, contar con ingresos suficientes, conservar tiempo para actividades personales y experimentar satisfacción con la labor realizada. En contraste, las primeras señales de alerta incluyen dificultades económicas para combinar el empleo con los cuidados, molestias físicas recurrentes y sentimientos de enojo, culpa o frustración. El riesgo aumenta cuando una persona duerme menos de siete horas continuas, asume todas las tareas sin ayuda, atiende a alguien con dependencia absoluta o presenta agotamiento después de más de cinco años de cuidado; también se consideran las lesiones, los ingresos insuficientes y la sensación de haber perdido el control sobre la propia vida.
Las creadoras señalaron que identificar estas condiciones permite reconocer las necesidades de atención y buscar alternativas antes de que la sobrecarga empeore. La herramienta tiene un enfoque preventivo y podría incorporarse a los protocolos de profesionales de medicina y enfermería para facilitar la detección temprana. Sin embargo, no sustituye una evaluación clínica. Ana Laura Reyes Pérez, profesora de Enfermería en la FES Iztacala, explicó que el desgaste no responde a una sola causa, sino a la combinación de factores familiares, económicos y sociales, como la dependencia de la persona atendida, la ausencia de apoyo y la concentración de las tareas en un solo integrante del hogar.
La académica consideró necesario dejar atrás la idea de que cuidar corresponde exclusivamente a una persona, especialmente cuando esa responsabilidad recae de manera desproporcionada en las mujeres. Para prevenir el agotamiento, planteó distribuir las tareas entre familiares, fortalecer las redes comun