Guardiola vs. Mourinho: el reencuentro
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Mourinho dice que el Bayern fue el mejor equipo europeo de la temporada pasada, pero que con el cambio de entrenador no está seguro de eso ahora.
Praga, República Checa.- Josep Guardiola y José Mourinho comparten hoy poco más que el nombre de pila y la profesión. Un día ya muy lejano se quisieron. Hoy son íntimos enemigos acostumbrados a reencontrarse para luchar por lo mismo: títulos y más títulos. El próximo se disputa mañana en Praga, la Supercopa de Europa.
¿Un trofeo más para uno de los dos? No sólo se trata de eso. En los enfrentamientos entre Guardiola y Mourinho no hay nada de rutinario más allá de la costumbre que ambos tienen por levantar copas: 14 en cuatro años alzó el hoy entrenador español del Bayern Múnich y 20 en 13 años el técnico portugués que inicia una segunda etapa en el Chelsea.
Como entrenador del Barcelona, Guardiola le ganó siete partidos en 15 encuentros a Mourinho, comenzando por el 5-0 del primer clásico que el portugués vivió como técnico del Real Madrid. Mourinho venció a su joven colega en tres ocasiones, dos con el club blanco y una con el Inter. Cinco partidos acabaron en tablas.
A carisma también empatan, si bien Guardiola encarna en el imaginario colectivo del hincha al tipo bueno y Mourinho al malo. El portugués fue el primero en apostar por un rol de antihéroe. De la misma manera en que no hay país que haya pisado en el que no haya ganado como mínimo una Liga tampoco hay campeonato donde no se haya labrado fama de provocador.
Allí donde Mourinho quiere hacer una hoguera, Guardiola suele acorazarse con un traje ignífugo. Así fue el lunes cuando en rueda de prensa previa al partido con Freiburg (1-1), el director de comunicación del Bayern, Markus Hörwick, permitió una última pregunta a un periodista alemán.
"Mourinho dice que el Bayern fue el mejor equipo europeo de la temporada pasada, pero que con el cambio de entrenador no está seguro de eso ahora. ¿Qué tiene que decir usted?", espetó el informador local. "Nada. Es la última pregunta", respondió el técnico del club bávaro marchándose de la sala con una fría sonrisa.
Sólo una vez le pidió el cuerpo a Guardiola entrar al trapo tendido por Mourinho. Fue en abril de 2011 en la sala de prensa del estadio Santiago Bernabéu, en la vigilia de la ida de las semifinales de la Liga de Campeones entre el Real Madrid y el Barcelona.
El equipo azulgrana llegaba justo de fuerzas físicas y un tanto alicaído moralmente tras perder la final de Copa del Rey (1-0) ante el mismo rival, así que Guardiola decidió espolear a sus propios jugadores saliendo al paso de las provocaciones de su homólogo madridista. "Aquí en la sala de prensa Mourinho es el puto amo. Yo no me puedo medir a él porque no sé cómo se juega a esto. Vamos a intentar responder en el campo", atizó Guardiola.
La guerra psicológica entre Mourinho y Guardiola estaba desatada desde hacía tiempo. En lo deportivo, todo arrancó en la semifinal de la Liga de Campeones de 2010 que enfrentó al Inter de Milán con el Barcelona. En la ida, el volcán islandés Eyjafjallajökull obligó a cerrar varios días el tráfico aéreo en Europa y el campeón español tuvo que viajar 1.000 kilómetros hacia Italia en autobús.
Guardiola dijo tras la derrota de su equipo (3-1) que sus jugadores acusaron el largo viaje y Mourinho no dudó en hacerle autor de una excusa barata. En el partido de vuelta, el técnico portugués celebró "la derrota más dulce" de su vida (1-0) con una euforia desbordada que hirió la sensibilidad del Camp Nou.
Enterrados se dieron por entonces los tiempos en que Guardiola y Mourinho hicieron buenas migas en el vestuario del Barcelona cuando el primero era capitán del equipo y el segundo asistente del técnico inglés Bobby Robson y luego del holandés Louis van Gaal. Era el final de la década de los noventa. Hace una eternidad.
Mourinho tampoco pareció digerir bien que en 2008 el Barcelona optara por un inexperto entrenador como Guardiola para relevar al holandés Frank Rijkaard en el banquillo en vez de entregarse al palmarés de un técnico que había hecho del Chelsea una temible máquina arrolladora.
Mourinho y Guardiola se han ido distanciando por caminos sin retorno. Mientras el portugués siempre ha querido que le juzgaran por sus títulos, el español insiste que lo que define a un buen entrenador "no son los trofeos, sino lo que aprenden de él sus jugadores".
La rivalidad entre Madrid y Barcelona acabó por dinamitar la relación entre dos de los técnicos más laureados de los últimos tiempos y de personalidades dispares.
La agresión de Mourinho al entonces ayudante de Guardiola, Tito Vilanova, metiéndole el dedo en el ojo al técnico auxiliar en la disputa de la Supercopa española de la temporada 2011/12 forma parte de uno de los capítulos más tensos de los reencuentros en los banquillos de ambos personajes.
Mañana se vuelven a ver las caras en la Supercopa, ya sin la tensión extra que generaba la rivalidad Barcelona-Real Madrid.
Por Isaac Lluch/DPA