Los campeonatos no se pierden por falta de talento; se pierden por falta de experiencia
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Los Knicks aprovecharon la experiencia acumulada en años de frustraciones para imponerse 105-104 a los Spurs y tomar ventaja de 2-0 en las Finales de la NBA
Antes de estas Finales, la conversación giraba alrededor del talento. Victor Wembanyama contra Jalen Brunson. La juventud explosiva de San Antonio contra la madurez de Nueva York. La capacidad física de los Spurs contra la resiliencia de los Knicks.
Dos juegos después, la diferencia parece estar en otro lado.
En experiencia.
San Antonio volvió a demostrar que tiene las herramientas para competir de tú a tú con el mejor equipo de estos playoffs. Remontó una desventaja de 14 puntos en el último cuarto, recuperó la ventaja con menos de un minuto por jugar y tenía el control absoluto del cierre. Era el momento perfecto para que Victor Wembanyama firmara una de esas jugadas que alimentan leyendas.
Pero el basquetbol de campeonato suele castigar los detalles.
Con el marcador empatado y la posesión en sus manos, Wembanyama capturó un rebote crucial y trató de acelerar la transición antes de que la defensa de Nueva York se acomodara. El problema fue que Stephon Castle ni siquiera estaba viendo el balón. La entrega terminó en una pérdida tan dolorosa como inexplicable. Una de esas jugadas que persiguen a los equipos jóvenes porque resumen exactamente lo que todavía les falta aprender.
No fue una cuestión de capacidad.
Fue una cuestión de calma.
Brunson aprovechó el regalo, recibió la falta, convirtió el tiro libre decisivo y Nueva York escapó con una victoria de 105-104 para tomar ventaja de 2-0 en la serie.
Ahí es donde aparece la verdadera diferencia entre ambos equipos.
Los Knicks conocen el sufrimiento.
Hace dos años quedaron eliminados en casa en un séptimo partido. El año pasado dejaron escapar oportunidades dolorosas en las Finales del Este. Han acumulado derrotas, frustraciones y cuestionamientos. Todo eso construyó la serenidad que hoy muestran en los momentos decisivos.
Mientras San Antonio aceleraba, Nueva York mantenía la compostura.
Mientras los Spurs sentían la presión, los Knicks parecían sentirse cómodos dentro de ella.
Los campeonatos suelen construirse precisamente así. Primero llegan los errores. Después las lecciones. Finalmente las victorias.
Por eso resulta prematuro pensar que esta serie está definiendo el futuro de Wembanyama o de los Spurs. Michael Jordan, LeBron James y prácticamente todas las grandes figuras de la historia tuvieron que aprender a perder antes de aprender a ganar. La diferencia es que esas lecciones normalmente ocurren lejos del escenario principal. San Antonio las está recibiendo bajo los reflectores de las Finales.
El problema es que el reloj corre.
Ahora los Knicks regresan al Madison Square Garden con ventaja de 2-0, una racha de 13 victorias consecutivas en playoffs —la segunda más larga en la historia de la NBA— y la posibilidad de igualar la marca de los Warriors de 2017 si completan la barrida.
La historia tampoco ofrece mucho consuelo. Solamente cinco equipos han remontado un 0-2 en unas Finales, y ninguno después de perder los dos primeros partidos en casa.
Los Spurs todavía tienen talento suficiente para responder.
Lo que está por verse es si tienen tiempo suficiente para adquirir la experiencia que les falta.