Sheinbaum... derribando mitos
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¡Quién diría que para actuar como la jefa de Estado que México necesita, sólo le hacía falta salir un ratito del país!
Personalmente me pareció estupendo que nuestra doctora presidenta y veterana niña futbolista, Claudia Sheinbaum Pardo, respondiera a la invitación para atender al gran partido final, ceremonia de clausura y premiación del Mundial de Futbol 2026, pues como gobernante de uno de los tres países sede, su presencia era lo menos que se esperaba.
Y es que ni ella se compró los enrevesados argumentos para zafarse del compromiso inaugural, en el que habría brillado solita, sin verse eclipsada por sus homólogos o alguna que otra majestad europea.
Los aplaudidores más rabiosos, desde luego, quieren ver en todo esto alguna suerte de mérito, distinción o consideración especial para nuestra mandataria, cuando lo cierto es que se tuvo la misma deferencia para cada uno de los jefes de Estado de los países involucrados, incluidos los que disputaban la final. Así que la presencia de los presidentes anfitriones se daba poco menos que por sentada.
Sucede que hasta la FIFA, siendo el garito de chapuzas y corruptelas que todos conocemos, sabe ser institucional y respetar los protocolos con tal de que el negocio... quiero decir, “con tal de que el evento” salga lo mejor posible. De manera que, haciendo de lado simpatías y animadversiones, extiende siempre la invitación a cuantos tienen que estar presentes y listo.
Aunque no me extraña que los cuatroteístas insistan en maravillarse por la inclusión de nuestra doctora, después de todo es este régimen el que se pone selectivo y exquisito a la hora de invitar jefes de Estado y autoridades –digamos– a una toma de protesta presidencial.
“Al de Ecuador no porque nos sacó la lengua! ¡España tampoco porque ni se disculpan ni nos devuelven el oro! ¡Al Milei menos porque está loquito! ¡Tampoco a Bukele, porque quién sabe qué cosas anda diciendo de nosotros! Al de Perú... Oye: ¿Tú sabes si el presidente de Perú es ahorita uno de los nuestros... o de los otros? Si no es de los nuestros pregunta de nuevo dentro de media hora”.
Pues qué bueno que se paseó la doctora el fin de semana, así se olvida un ratito de Marina del Pilar, de la CNTE y demás monsergas que no la dejan ser, que no la dejan brillar como se merece.
De paso, con su presencia en la final mundialera, Sheinbaum ayudó a demoler algunos de los mitos más machacados desde su populismo: como lo de que el lugar de la abanderada del segundo piso de la Transformación no está entre las autoridades, los dignatarios, los ricos, los poderosos, sino con “el pueblo”. ¡Falso de toda falsedad!
Es lo más natural tener al presidente o presidenta de México encabezando estos eventos como la etiqueta lo exige. Es sólo que les causa pavor verse en medio de cualquier situación de la que no tengan control absoluto.
“Pero es en Estados Unidos... Y a un lado de Donald Trump... ¡Qué puede salir mal!”, se habrá dicho doña Clau para convencerse: “Total, si llega a haber rechiflas y abucheos, lo más seguro es que sean para él”.
Y es bueno también que haya viajado en un avión de las Fuerzas Armadas de México. ¡Así debería hacerlo siempre! El gesto demagógico de andar en vuelos comerciales no sólo es de altísimo riesgo, sino que es una dolorosa pérdida del valioso tiempo presidencial. (Bueno... como que muchas ganas de gobernar no tiene la doctora, así que la entiendo si aprovecha las seis, siete, ocho horas de un vuelo en clase turista para comerse sus cacahuates, cerrar los ojos y ser feliz, como si se hubiera quemado el Rancho La Chingada con todos sus animalitos adentro).
¿Voló a gusto en el avión militar, Presidenta? Seguro que fue más rápido, cómodo y digno que ir apretujada entre la ventanilla y el gordo que acapara el descansabrazos. ¡Por favor, deje la payasada de andarse trepando al Viva Aerobus (eso es para nosotros los mortales) y pórtese como jefa del Estado mexicano!
Hay que ser muy cándido para suponer que la patochada de los vuelos comerciales le suma o le resta a su aprobación. Es más, ni AMLO lo soportó por mucho tiempo. Durante la mayor parte de su sexenio lo estuvo moviendo la Sedena, lo cual está muy bien. (¡Hágalo así también en lo subsecuente, doctora!).
Sheinbaum intentó fallidamente convertir su inasistencia al Azteca en “statement” político: Que si los principios de austeridad... que si la cercanía con el pueblo y no sé cuántos... ¡Pamplinas! Todos supimos que Sheinbaum le sacó a someter su enorme popularidad a la prueba de fuego de la porra.
En cambio, para la final del domingo sí que pudo haberse negado argumentando –¡qué sé yo!– quizás una postura de rechazo frente a los asesinatos cometidos por ICE contra los connacionales en Estados Unidos. Así quizás nos la podríamos tomar un poco más en serio que cuando esgrime razones de clasismo para faltar a otros compromisos.
De todas maneras, gracias por desmontar el mito de que le interesa el bienestar de los mexicanos en Estados Unidos, yendo a sacarse la foto sonriente con el presidente que promueve esta política asesina y xenófoba.
Finalmente, fue lindo verla reconocer el esfuerzo de la escuadra campeona (España) sin que obstaran por esta vez todos los prejuicios y el discurso de ancestral encono que promueve su movimiento.
¿Ya se dio cuenta cómo los jugadores de la Selección de España no tienen nada que ver con la Conquista ni con Hernán Cortés? Incluso el flipante rey Felipe VI nada tiene que ver con lo acontecido hace 500 años.
Pero sacar el tema a relucir cada vez que no tiene con qué rellenar la mañanera sí que debilita la relación diplomática con España y lo que es peor: en nada contribuye a mejorar las condiciones de vida ni la dignidad de las comunidades indígenas.
Pero gracias por haberse portado a la altura y convivir con el seleccionado y la representación de la Corona Española. Al menos así también nos deja constancia de que la intransigente postura de “¡pidan perdón!” es “de puro chill” y que aquella pausa diplomática en la que nos metió el viejito macuspano cabeza de metate era sólo otra estampita de su cartera demagógica. ¡Otro mito desmontado!
En sólo un fin de semana, la doctora nos demostró que viajar en un avión oficial no es fascismo; que alternar con otros líderes del mundo (incluyendo con aquellos con los que no somos afines) no la convierte en vendepatrias; y que comportarse como la etiqueta exige no es un gesto aristócrata.
¡Quién diría que para actuar como la jefa de Estado que México necesita, sólo le hacía falta salir un ratito del país!
Si a mí me lo preguntan, esta vez todo salió bien. El único lastimado fue el populismo y eso... también es digno de celebrarse.