De generación en generación: La historia de Zayra Oyervides, la voz femenina que marca la pasión de Saraperos en Saltillo
Desde sus primeros recuerdos en el estadio Francisco I. Madero, Zayra Oyervides construyó una historia de amor con Saraperos de Saltillo que mezcla familia, nostalgia, campeonatos y una fidelidad inquebrantable rumbo a la temporada 2026
Hay aficiones que no se explican, se heredan. En Saltillo, la historia de Zayra Oyervides con Saraperos comenzó cuando apenas era una niña de cinco o seis años, en aquellas primeras visitas al estadio Francisco I. Madero junto a su padre, Carlos Oyervides, quien le transmitió un amor por el beisbol que ya venía desde generaciones atrás.
Aquellas tardes de los años 90 marcaron para siempre su vida. Entre el ambiente del parque de pelota, la emoción de cada jugada y los batazos memorables, Zayra quedó enganchada con la magia de la Nave Verde. En su memoria todavía siguen vivos los jonrones de Eduardo “El Tintán” Jiménez y Cuco Cervantes, así como las canciones que acompañaban sus turnos al bat.
Más que una simple asistencia al estadio, esos momentos se convirtieron en el inicio de una tradición familiar alrededor de Saraperos de Saltillo. Con el paso de los años, su vínculo con el equipo no hizo más que crecer, alimentado por las explicaciones de su padre sobre el juego y por las narraciones de radio de Jorge Vilches, que también formaron parte de su infancia beisbolera.
El estadio Francisco I. Madero, escenario de sus mejores recuerdos
Para Zayra, seguir a Saraperos no depende solo de estar presente en la tribuna. Cuando no puede acudir al estadio Francisco I. Madero, busca la manera de mantenerse cerca del equipo, ya sea por televisión o por radio. Su afición, asegura, ha crecido a la par de los recuerdos que ha construido en cada temporada.
Entre los momentos más especiales que ha vivido aparecen con fuerza los campeonatos de 2009 y el bicampeonato, episodios que quedaron grabados como una de las etapas más emocionantes para la afición en Saltillo. Después de décadas de espera, ver a Saraperos levantar el trofeo significó para ella una mezcla de alegría, orgullo y emoción colectiva.
Pero no todo ha sido felicidad. También hay cicatrices que forman parte de su historia como aficionada, como aquel playoff perdido en 2007 o la suspensión de la temporada 2020 por la pandemia, un golpe doloroso para una ciudad acostumbrada a vivir el beisbol como parte de su identidad.
Una afición que se guarda en el corazón
La conexión de Zayra con Saraperos de Saltillo también vive en los objetos y rituales que ha reunido con el paso de los años. Jerseys autografiados por Noé Muñoz y Jonathan Aceves, pelotas conmemorativas y recuerdos de eventos como las firmas de autógrafos en Plaza de Armas o las misas previas al arranque de campaña forman parte de una colección que resume toda una vida acompañando al club.
Entre sus anécdotas más significativas destaca aquella ocasión en la que, junto a su padre, estuvo cerca de entrar por la fuerza al estadio para unirse a los festejos del bicampeonato tras quedarse sin boletos. Ese nivel de entrega explica también por qué contempla tatuarse la “S” de Saraperos en el pecho, cerca del corazón, como muestra permanente de un sentimiento que no se apaga.
Con una frase resume lo que representa el equipo en su vida: verde es su color y Saraperos su pasión. En esa declaración caben la historia familiar, la memoria del estadio Francisco I. Madero y la esperanza intacta de volver a ver campeón al equipo en 2026.
Zayra no solo habla como aficionada, sino como parte de una generación que ha encontrado en Saraperos de Saltillo un punto de encuentro, identidad y pertenencia. En las buenas, en las malas y en las peores, su apoyo se mantiene firme, como el de miles de seguidores que siguen creyendo en la Nave Verde.