El ‘Chucky’ saca su maldad en la MLS; se queda en San Diego, no le importa estar de ‘adorno millonario’
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Hirving Lozano ha despreciado las opciones que se le presentan para jugar y pretende cumplir con su contrato, con lo que queda fuera del Mundial; según el club estadounidense ‘por puro capricho’
El romance entre Hirving “Chucky” Lozano y el San Diego FC se ha convertido en una historia de tensión, desencuentros y decisiones que hoy sacuden a la Major League Soccer (MLS). Lo que parecía un fichaje estelar terminó por transformarse en un conflicto contractual que tiene al atacante mexicano en el ojo del huracán.
Desde la oficina directiva, el malestar es evidente. Tyler Heaps, director deportivo del San Diego FC, reconoció públicamente que existen clubes interesados en el mexicano, pero la situación permanece congelada. “Sí, hay interés, pero no hay actualización en este momento”, declaró hace unos días, dejando entrever que el problema no es la falta de ofertas, sino la negativa del futbolista.
Lozano, lejos de ceder, ha decidido mantenerse firme. El mexicano no piensa abandonar el club hasta que termine su contrato, una postura que ha sido interpretada por muchos como un acto de capricho y desafío hacia la institución californiana.
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El fondo del conflicto radica en una cláusula que el propio jugador exigió al momento de firmar. Según reportes, el ex canterano del Pachuca se ampara en una ‘cláusula de no intercambio’, la cual impide que el club lo negocie sin su consentimiento.
En otras palabras, Chucky es dueño de su destino: puede rechazar cualquier transferencia o préstamo si no está de acuerdo con el movimiento. Una jugada contractual que hoy lo mantiene blindado, incluso ante el evidente deseo del club de buscarle salida.
El acuerdo que firmó con San Diego no fue menor. Lozano negoció un salario anual de 6 millones de dólares por cinco años, lo que representa 30 millones de dólares garantizados. Una cifra que, para muchos, explica por qué el atacante no está dispuesto a moverse.
Ese sueldo, además de acomodarle la vida, se ha convertido en un obstáculo para cualquier negociación. Pocos equipos en la MLS o incluso en la Liga MX están en condiciones de igualar una nómina tan elevada.
Mientras tanto, el entrenador Mikey Varas ha sido claro y frontal: no contará con Lozano en el terreno de juego. El técnico ha declarado abiertamente que no le dará minutos, lo que coloca al mexicano en una especie de congeladora deportiva.
El escenario es insólito. Un futbolista con contrato millonario, apartado por decisión técnica y protegido por una cláusula que le permite bloquear cualquier intento de transferencia. La única vía que le queda al club sería rescindir su contrato, pero el costo sería aún más elevado que mantenerlo sin jugar.
¡INSÓLITO! NI EN SU CASA LO QUIEREN
Esta postura ha alimentado una narrativa negativa en torno al jugador. En distintos círculos se le señala por una actitud prepotente y conflictiva, críticas que incluso han surgido desde su propio entorno familiar.
Su hermano, Bryan Lozano, ha sido uno de los que ha insinuado comportamientos poco agradables del atacante, lo que ha intensificado la percepción pública de que el Chucky atraviesa un momento complicado fuera de la cancha.
En lo deportivo, las consecuencias pueden ser devastadoras. La Selección Mexicana, bajo el mando de Javier “Vasco” Aguirre, ha sido tajante: quien no esté activo y en plenitud física no será considerado.
Eso deja a Lozano en una posición delicada rumbo al Mundial. Aguirre ha reiterado que si un jugador no está jugando y no está al 100%, no será convocado, mensaje que parece dirigido directamente al atacante.
En la lista de alternativas ya aparecen nombres como Brian Gutiérrez, quien puede desempeñarse como mediapunta o extremo izquierdo, posición que alguna vez fue propiedad indiscutible del Chucky.
También están en la pelea Alexis Vega y Julián Quiñones, futbolistas capaces de ocupar ese perfil ofensivo y que llegan con ritmo competitivo. La competencia, hoy más que nunca, amenaza con cerrar las puertas al atacante de San Diego.
La situación recuerda lo ocurrido con Carlos Vela en procesos anteriores. El ex delantero fue apartado tras diferencias con la Federación Mexicana de Futbol, en un episodio que marcó su relación con el combinado nacional.
Sin embargo, el caso de Lozano parece más caótico. A diferencia de Vela, quien expresó dudas personales sobre su continuidad, el Chucky tenía el respaldo del cuerpo técnico y estaba cerca de asegurar su lugar en la lista definitiva.
Pero la elección fue clara: priorizar el contrato millonario antes que salir a buscar minutos. Una decisión que, para muchos, pesa más que cualquier discurso de compromiso con la camiseta nacional.
LA BOMBA EXPLOTÓ Y NO SE DETIENE
En San Diego, la paciencia se agota. El club no logra colocarlo, el técnico no lo utiliza y el jugador no cede. Un pulso tenso que desgasta a todas las partes involucradas.
Así, el Chucky parece haberse encaprichado. Blindado por su contrato y su cláusula de no intercambio, muestra un lado que pocos querían ver: el de un futbolista dispuesto a mantenerse firme, aunque eso signifique quedar fuera del radar competitivo.
El tiempo corre, el Mundial se acerca y la MLS observa atónita. En esta historia de cifras millonarias y decisiones personales, Lozano juega su partido más polémico: el de su reputación.