Catorce equipos, pero solo unos cuantos creen de verdad

Fútbol Americano
/ 6 enero 2026

Entre proyectos que ya tocaron techo, aspirantes con dudas y contendientes reales, enero vuelve a separar las buenas historias de los equipos con identidad, salud y argumentos para ganar el Super Bowl

Ya están los 14. Y como cada enero, la NFL nos vende la idea de que cualquiera puede ganar el Super Bowl. Es una gran historia... pero no es del todo cierta. La realidad es más incómoda: la mayoría de los equipos ya llegaron a su techo y solo unos cuantos tienen argumentos reales para levantar el Lombardi.

Tomemos a los que están invitados casi por compromiso. Carolina, Chargers, Packers o incluso Pittsburgh representan más una buena anécdota que una amenaza seria. Historias lindas, sí. Equipos que “nadie quería enfrentar”, también. Pero cuando uno revisa fríamente talento, profundidad, momento y —sobre todo— quarterback bajo presión, cuesta imaginar a alguno sobreviviendo tres o cuatro domingos seguidos contra la élite. La NFL no premia el esfuerzo: premia la ejecución brutal.

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Buffalo y San Francisco viven un limbo distinto. No están muertos, pero tampoco inspiran. Los Bills siguen siendo Josh Allen contra el mundo, y cuando Allen no está al 100%, el castillo se tambalea. Los 49ers, por su parte, huelen a equipo cansado: demasiadas millas, demasiados golpes, demasiadas lesiones. Han estado tan cerca tantas veces que uno se pregunta si ya dejaron pasar su ventana.

New England, Chicago y Jacksonville son el grupo más interesante... y el más engañoso. Son equipos adelantados al calendario, con quarterbacks jóvenes que ya juegan como veteranos y coaches que parecen haber entendido la liga más rápido que el promedio. Pero enero es otra cosa. No perdona errores de protección, castiga la inexperiencia y expone a los rosters incompletos. Talento hay. Autoridad todavía no.

Denver y Houston representan dos caminos distintos hacia lo mismo. Los Broncos ganaron su división y tienen defensa, estadio y entrenador campeón, pero su ofensiva sigue pareciendo frágil cuando el guion se rompe. Houston, en cambio, viaja bien a cualquier lado: defensa dominante, racha larga, identidad clara. Si llegan al Super Bowl, no será sorpresa; será consecuencia.

Y luego están los verdaderos contendientes. Filadelfia no asusta como antes, pero sabe exactamente quién es. Los Rams son peligrosísimos cuando están sanos —y lo están justo a tiempo—, con un Stafford que juega como si supiera que este puede ser su último gran viaje. Pero si hay un equipo que hoy combina forma, fondo y colmillo, ese es Seattle.

Los Seahawks no brillan siempre, pero asfixian. Defienden, corren el balón, ganan equipos especiales y juegan mejor en casa que nadie. Sam Darnold no es una superestrella, pero ya dejó de ser un experimento. Es un quarterback funcional en un sistema que no le pide milagros, solo decisiones correctas. Y eso, en playoffs, vale oro.

Así que sí: hay 14 equipos. Pero cuando el ruido baja y empieza el fútbol de verdad, el Super Bowl no lo gana el más simpático ni el más viral. Lo gana el que llega con identidad, salud y convicción.Y este año, por primera vez en mucho tiempo, no son los de siempre.

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