Miguel Herrera: una carrera marcada por el fuego; el ‘Piojo’ que más molesta a los árbitros

Miguel Herrera: una carrera marcada por el fuego; el ‘Piojo’ que más molesta a los árbitros

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Su temperamento, los reclamos al arbitraje y los enfrentamientos dentro y fuera de la cancha han acompañado una trayectoria en la que también destacan títulos, finales, un Mundial; es uno de los técnicos más carismáticos y controvertidos del futbol mexicano

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Miguel “Piojo” Herrera volvió a quedar bajo los reflectores por una razón que se ha convertido en una constante durante su carrera: su temperamento. En el contexto de la Leagues Cup 2026, el estratega del Atlante afrontó nuevamente el escrutinio por su comportamiento desde la zona técnica, un territorio donde pocas veces pasa inadvertido. El torneo internacional encontró al técnico mexicano en un escenario que parece hecho a su medida: presión, arbitraje, reclamos y emociones al límite. El Atlante regresó a la máxima categoría y también al plano internacional bajo su conducción.

La intensidad del “Piojo” no es nueva. Apenas en el Apertura 2026, durante el partido entre Atlante y América, Herrera ya había protagonizado fuertes reclamos a la árbitra Katia Itzel García por una jugada que consideraba merecedora de tarjeta roja para un futbolista americanista. La protesta terminó con una tarjeta amarilla para el entrenador, una escena que resumió perfectamente su manera de vivir los partidos.

Herrera parece incapaz de contemplar un partido desde la tranquilidad. Discute, gesticula, señala, reclama y protesta. Su lenguaje corporal se transforma conforme aumenta la tensión y, con frecuencia, termina convirtiéndose él mismo en uno de los protagonistas de los encuentros que dirige. No necesita que su equipo esté perdiendo para entrar en combustión: basta una decisión arbitral que considere injusta.

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Ese temperamento también explica una de las estadísticas más llamativas de su trayectoria. De acuerdo con el recuento proporcionado para este reportaje, Herrera llegó a 49 expulsiones como director técnico, una cifra que lo coloca como el estratega con más tarjetas rojas en la historia del futbol mexicano. Los registros históricos disponibles ya lo ubicaban en 47 expulsiones en 2022 y posteriormente en 48 en 2023, antes de la cifra de 49 que se maneja actualmente.

La distribución de esas expulsiones ayuda a dimensionar el problema. América aparece con 17, seguido por Atlante con 11, Monterrey con ocho, Xolos con seis, Estudiantes Tecos con cuatro, Tigres con dos y Veracruz con una. El dato más revelador es que prácticamente todos los proyectos en los que Herrera ha trabajado terminaron teniendo algún episodio relacionado con su comportamiento en la zona técnica.

El expediente no comenzó cuando se convirtió en entrenador. Herrera ya era un futbolista de carácter explosivo, un defensor que disputaba cada pelota como si fuera la última y que tampoco acostumbraba quedarse callado ante los rivales o los árbitros. De acuerdo con registros citados por TUDN, durante su etapa como jugador recibió 21 tarjetas rojas y acumuló 54 partidos de suspensión.

Es decir, la personalidad que hoy conocemos como “Piojo” no nació en los banquillos. La llevó desde el terreno de juego hasta la dirección técnica. Durante sus años como futbolista fue un defensa aguerrido, de los que compensaban las limitaciones técnicas con intensidad, liderazgo y una enorme capacidad para competir.

$!El “Piojo” volvió a quedar en el centro de la polémica durante la Leagues Cup con el Atlante al ser expulsado. Su personalidad no cambia con el paso de los años.

Herrera desarrolló su carrera como jugador principalmente en equipos como Atlante, Santos Laguna, Querétaro y Toros Neza, y llegó a vestir la camiseta de la Selección Mexicana. Con Atlante, además, fue campeón como futbolista en la temporada 1992-93, una experiencia que posteriormente tendría un peso especial cuando regresó al club, pero ahora desde el banquillo.

Su historial disciplinario como jugador llegó incluso a afectar su trayectoria internacional. El temperamento le costó caro en la etapa previa al Mundial de Estados Unidos 1994, cuando un incidente durante la eliminatoria contribuyó a que quedara fuera de la convocatoria. Aquel episodio anticipaba una constante que se repetiría años después: Herrera muchas veces terminó siendo víctima de su propia intensidad.

Cuando colgó los botines, sin embargo, encontró un lugar donde su personalidad podía convertirse en una herramienta. El banquillo parecía diseñado para él. Desde ahí podía transmitir energía, ordenar, motivar y presionar a sus jugadores, pero también tenía la posibilidad de enfrentarse con árbitros, rivales, periodistas y, en ocasiones, hasta con sus propios dirigentes.

Su debut como entrenador llegó con Atlante en 2002, el mismo club con el que había sido campeón como jugador. Herrera comenzó a construir desde entonces una carrera que lo llevaría por Monterrey, Veracruz, Tecos, América, Tijuana, Tigres y la Selección Mexicana, además de otras experiencias.

En Monterrey apareció otra de sus grandes virtudes: la capacidad para construir equipos competitivos. Con Rayados alcanzó dos finales de Liga MX, aunque perdió ambas. No siempre levantó trofeos, pero sus equipos comenzaron a identificarse con una propuesta intensa, vertical y emocionalmente conectada con la tribuna.

En América encontró el escenario perfecto para convertir esa personalidad en éxito. Bajo su conducción, las Águilas conquistaron el Clausura 2013, después de una dramática final contra Cruz Azul, y posteriormente el Apertura 2018, nuevamente frente a los Cementeros.

Aquellos títulos demostraron que detrás del personaje polémico existía también un entrenador capaz de competir al máximo nivel. Herrera sabe preparar grupos, generar identidad y convertir la presión en combustible. Sus equipos suelen tener personalidad, intensidad y una marcada vocación ofensiva.

Otra de sus grandes fortalezas es la capacidad para motivar a los futbolistas. Herrera suele establecer una relación cercana con sus jugadores y entiende cómo transmitirles confianza. En los vestidores donde ha tenido éxito, su personalidad no necesariamente genera rechazo: puede convertirse en un elemento de unión.

Esa misma intensidad, llevada al extremo, es también su principal debilidad. El problema no es que Herrera sea apasionado; el problema aparece cuando la pasión se transforma en confrontación. Las expulsiones lo dejan sin la posibilidad de dirigir desde la línea de banda y obligan a sus equipos a afrontar momentos importantes sin su principal referente.

Y las consecuencias no siempre se han limitado a una tarjeta roja. El episodio más famoso ocurrió en 2015, cuando todavía dirigía a la Selección Mexicana. Después de conquistar la Copa Oro, Herrera protagonizó un altercado con el periodista Christian Martinoli en el aeropuerto de Filadelfia. El incidente terminó provocando su salida del banquillo del Tri.

El caso fue especialmente doloroso porque ocurrió después de uno de los mejores momentos de su carrera. Herrera había llevado a México al Mundial de Brasil 2014, donde el equipo avanzó a los octavos de final, y posteriormente conquistó la Copa Oro 2015. Dos días después del título, su proyecto terminó abruptamente por el conflicto ocurrido en Estados Unidos.

Brasil 2014, de hecho, mostró las dos caras del “Piojo”. Por un lado, estaba el entrenador capaz de contagiar energía a un grupo y conseguir que México jugara con personalidad. Por otro, estaba el personaje que podía llevar esa euforia hasta límites insospechados. Su celebración tras el tercer gol contra Croacia se convirtió en una de las imágenes más recordadas de aquel Mundial.

La euforia es parte de Herrera, pero también lo es la confrontación. La FIFA describió aquella celebración como una expresión de un técnico intenso, rápido y agresivo, características que terminaron formando parte de su identidad profesional. En Herrera, la frontera entre pasión y exceso siempre ha sido particularmente delgada.

En los años posteriores, su carrera siguió alternando éxitos deportivos con episodios polémicos. Con Tijuana, por ejemplo, consiguió equipos competitivos que terminaron como líderes generales en torneos consecutivos, aunque sin alcanzar la final. Más tarde regresó al América y consiguió el campeonato del Apertura 2018, además de otros trofeos nacionales.

Incluso cuando sus equipos funcionan, la discusión alrededor de Herrera suele trasladarse del terreno futbolístico al comportamiento. Sus números deportivos permiten defender su legado; sus expulsiones alimentan sus detractores. Esa contradicción explica por qué es uno de los personajes más reconocibles y divisivos del futbol mexicano.

Su récord disciplinario resulta todavía más llamativo cuando se compara su etapa como jugador con la de entrenador: 21 expulsiones como futbolista y 49 como técnico, de acuerdo con el recuento actual planteado para esta etapa de su carrera. En otras palabras, el problema nunca fue únicamente el traje y la corbata: el temperamento ha acompañado al “Piojo” durante prácticamente toda su vida futbolística.

Ahora, con el Atlante de regreso en Primera División y participando en la Leagues Cup 2026, Herrera vuelve a tener una oportunidad para demostrar que su experiencia, liderazgo y capacidad competitiva pueden estar por encima de sus impulsos. Los Potros regresaron al máximo circuito y tomaron también el lugar que dejó Mazatlán en la Leagues Cup, con Herrera como responsable de conducirlos en esta nueva etapa.

Miguel Herrera difícilmente dejará de ser Miguel Herrera. Su carácter explosivo forma parte de su personaje, de su método y también de sus problemas. Ha ganado títulos, dirigido un Mundial, conquistado una Copa Oro y construido equipos capaces de competir con los grandes; pero también ha sido expulsado una y otra vez y ha protagonizado conflictos que incluso le han costado empleos. En su caso, la pregunta ya no es si volverá a meterse en problemas, sino cuándo llegará el siguiente capítulo de una historia en la que el fuego siempre ha sido parte del espectáculo.

Periodista potosino radicado en Saltillo Coahuila, con una experiencia de más de 20 años en medios impresos y la web, como reportero y editor.

Licenciado en Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila. Manejo principalmente de noticias locales, comunitarias, deportivas y policiacas.

Hago lo que me gusta y se me retribuye. Eso es felicidad.

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