¿Por qué Hall y Woodford ganaron el Nobel de Economía? Lo que esperas del futuro decide cuánto gastas hoy
Además, críticos de este galardón insisten en el rol de los nobeles para influir con sesgo en los tomadores de decisiones y de la poca participación de mujeres premiadas
Los economistas de Estados Unidos Robert E. Hall y Michael Woodford ganaron el Nobel de Ciencias Económicas este 12 de octubre de 2026, premio promovido por la Real Academia Sueca de Ciencias. ¿Por qué sus descubrimientos en economía fueron importantes para ser galardonados y qué críticas hay al respecto?
Hall estudió la manera en que las decisiones de los consumidores sobre si gastar y cuánto gastar dependen de lo que esperan que sea su ingreso futuro. La investigación de Woodford estableció que las empresas toman decisiones sobre los precios basándose en hacia dónde creen que irán las tasas de interés en el futuro.
“Si son optimistas, consumirán más que si son pesimistas”, escribió el Comité del Premio de Ciencias Económicas sobre la aportación de Hall. Pero las expectativas de los consumidores pueden cambiar inesperadamente a medida que llega nueva información sobre la economía. Y algunos hogares son tan pobres que no pueden pedir prestado ni recurrir a ahorros en respuesta a cambios económicos.
En un artículo de 1982 con el economista Fredric Mishkin, Hall encontró que alrededor del 80% de los hogares tomaban decisiones de gasto basadas en sus expectativas para el futuro “mientras que el resto vivía al día”, escribió el comité.
Por otro lado, Woodford ha sido clave para la conformación del marco teórico Neokeynesiano moderno, que estableció en su obra cumbre “Tipos de interés y precios: fundamentos de una teoría de la política monetaria“ que para controlar la inflación por parte del Banco Central no necesita fijarse en la cantidad de billetes impresos sino en fijar las tasas de interés y gestionar las expectativas futuras de los mercados.
“Las decisiones de las empresas, por lo tanto, también están regidas por sus expectativas”, precisó el comité del Nobel.
Por lo tanto, los bancos centrales como la Reserva Federal de Estados Unidos, que fijan las tasas de interés a corto plazo, deberían proporcionar “comunicación clara y creíble sobre cómo razonan y lo que planean hacer”. Los bancos centrales han respondido a esta idea trabajando más para explicar lo que están haciendo.
Esto podría resumirse a que Hall explicó matemáticamente cómo las expectativas cambian las decisiones de consumo del ciudadano común, y Woodford utilizó esa lógica para enseñarle a los bancos centrales cómo controlar la inflación fijando tasas y comunicándose claramente con los mercados.
LA CRÍTICA DETRÁS DE LOS NOBELES DE ECONOMÍA
El economista Isaac Enríquez Pérez en su análisis “Las miserias de los Premios Nobel de Economía ante el capitalismo del desastre” insiste que estos premios generan una plataforma artificial “para proyectar, más allá del acartonamiento de la academia, alguna teoría que se pretenda instalar en el debate público y en los ámbitos del diseño y ejercicio de la política económica”.
Enríquez Martínez precisó que estos galardonados se vuelven una influencia en la formación de los estudiantes de las ciencias económicas con un sesgo que margina otras corrientes del pensamiento económico, así como la incidencia sobre “tomadores de decisiones y de los planificadores y consultores de organismos internacionales y de los sectores públicos nacionales”.
“Estas soluciones cosméticas esbozadas por los Premios Nobel de Economía no son más que cortinas de humo para encubrir las contradicciones y problemáticas profundas de un capitalismo del desastre fincado en el rentismo, el extractivismo y la financiarización. A su vez, con sus narrativas se afianza la mercantilización de la vida social, se entroniza el mercado como mecanismo (des)articulador de la sociedad y se perpetúa la racionalidad tecnocrática forjada en lo cuantitativo y en la eficiencia económica”, sentenció el economista.
A estas críticas también se suma que este galardón se le ha otorgado a una abrumadora mayoría de hombres de origen occidental, con una representación mínima de tres mujeres galardonadas (Elinor Ostrom, Esther Duflo o Claudia Goldin) desde el año 1968, así como el poco reconocimiento de economistas del Sur Global (provenientes de países de África, América Latina, el Caribe, Asia y Oceanía), como lo ha reportado el medio alemán Deutsche Welle.