Dejará ‘Súper Niño’ secuelas más allá de lluvias en México
Advierte World Resources Institute que, a largo plazo, se intensificarán sequías, incendios forestales, falta de agua y pérdida de cosechas
El fenómeno meteorológico de “El Súper Niño” provocará en diversas regiones de México sequías extremas y prolongadas, lluvias y tormentas más severas, así como olas de calor y huracanes más violentos, pero además dejará secuelas a largo plazo que deberán afrontar tanto la población como las autoridades, alertó el World Resources Institute, una organización internacional de investigación sin fines de lucro.
El director de Paisajes Forestales del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), José Iván Zúñiga, advirtió que los impactos de El Súper Niño no son pasajeros, sino que se prolongan en el tiempo con sequías, incendios forestales, falta de agua y pérdida de cosechas.
“Siempre nos concentramos con los impactos en la ciudad, en zonas hoteleras, turísticas y no en el impacto que suele dejar en las poblaciones a largo plazo, como puede ser una sequía que deriva en incendios forestales que se registrarían en 2027; también el impacto en la producción rural, productores que viven de cosechas anuales podrían producir menos con este tipo de impactos”, dijo.
El investigador universitario y especialista en medio ambiente, recordó que el Súper Niño es un fenómeno que puede presentarse en lapsos de tiempo de entre 12 y 17 años, por lo que se tienen registros de su presencia en 1982-1983, a finales de 1998 y en 2006.
“’El Niño’ se da por un excesivo calentamiento, especialmente en la parte central del Pacífico; cada 12 o 17 años se presenta un mayor calentamiento mayor impacto. Si bien tenemos la certeza de este evento hidrometeorológico con los modelos de pronóstico, siempre pueden intervenir diversas variables”, puntualizó.
En ese sentido, detalló que el fenómeno climático no ejercerá el mismo impacto en toda la República, pues se concentrará en la parte norte, noroeste y centro-occidental del país, aunque con afectaciones en estados del Golfo de México.
“En las zonas de Durango, Chihuahua, Sonora, Sinaloa, Zacatecas, se esperan sequías más fuertes de lo que normalmente suceden cada año”, alertó y expuso que en otras partes del país como es la región central, incluso hacia el Pacífico sur, se prevén lluvias extremas, lo que derivará en deslaves, desbordamientos de ríos.
Ante esos escenarios, consideró que la prevención y la adaptación a partir de información precisa se podrá enfrentar mejor los efectos dramáticos que la naturaleza puede generar en las poblaciones y naciones enteras.
El también colaborador de Global Forest Watch sugirió a las poblaciones que habitan en las zonas norte, noreste y centro-occidental de México tomar diversas previsiones a corto y largo plazo.
“Este tipo de fenómenos impactan de maneras diferentes a la población. En el caso de la agroindustria, las personas que viven del campo, que producen en el campo enfrentarán a mayores sequías”, afirmó.
Por ejemplo, explicó que, ante una sequía intensa, en lugar de sembrar maíz, los productores podrían cambiar la siembra de maíz por otros granos como el trigo o el sorgo, los cuales resisten mejor la sequía.
”También poblaciones que habitan zonas urbanas podrían enfrentar falta de suministro de agua, pero que pueden contrarrestar haciendo acopio de agua lluvia; enfrentarán igualmente, deslaves, inundaciones, carreteras incomunicadas”, precisó el profesor investigador.
Al ser cuestionado si el “Súper Niñ”o dejará huella del lado del Golfo de México, el experto en temas de conservación dijo que no se tiene pronosticado efectos negativos tan severos.
“En la parte de Veracruz y Tabasco, podría haber algunas inundaciones, por las corrientes de agua y vientos que podrían entrar por el sur del Pacífico y parte de las cañadas de Chiapas o cordilleras de la Sierra Madre Oriental, en donde se ubican los estados de Oaxaca, Puebla. Pero no se prevén mayores impactos”, destacó.
Zúñiga afirmó que la mejor forma de afrontar este tipo de fenómenos es con información que arrojan los modelos de pronósticos, anticipándose con soluciones cuando el fenómeno se haga presente, por lo menos tres meses y con ello diseñar las acciones de adaptación a los cambios climáticos extremos a largo plazo.