El esfuerzo bélico de Irán se ve obstaculizado por la escasez de municiones y los ‘cuellos de botella’
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Los expertos han afirmado anteriormente que los contratistas militares tardarán unos tres años en reabastecer los misiles avanzados y los interceptores de misiles defensivos hasta alcanzar los niveles anteriores a la guerra
La guerra de Estados Unidos con Irán ha provocado una escasa de municiones clave, lo que a su vez ha puesto de manifiesto “cuellos de botella” en la industria de defensa, de acuerdo a lo que confirmó la Oficina del Inspector General del Departamento de Guerra en un informe publicado.
El documento de 44 páginas especificaba que “la producción de motores de cohete de combustible sólido, la disponibilidad de explosivos y propelentes de alta calidad y la contratación de mano de obra cualificada para la fabricación” son los mayores problemas logísticos que aquejan a la Operación Furia Épica, lanzada por Estados Unidos contra Teherán el 28 de febrero.
La administración de Trump, encabezada por el presidente y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha negado sistemáticamente las afirmaciones de que las fuerzas armadas se están quedando sin armas, asegurando que Estados Unidos cuenta con todo el material necesario para librar cualquier conflicto.
Sin embargo, los expertos han afirmado anteriormente que los contratistas militares tardarán unos tres años en reabastecer los misiles avanzados y los interceptores de misiles defensivos hasta alcanzar los niveles anteriores a la guerra.
El presidente Trump insistió en Truth Social: “Acabo de recibir un informe que indica que Estados Unidos está produciendo más armas exquisitas y de élite que en cualquier otro momento de nuestra historia”.
“Se están entregando diariamente a nuestras Fuerzas Armadas en Oriente Medio y más allá”, añadió Trump. “Nuestras fábricas de defensa operan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, mientras que, simultáneamente, construyen, en promedio, de 4 a 5 plantas nuevas a gran escala cada una. Una de las principales prioridades de esta producción han sido los misiles Patriot, los sistemas THAAD, los Tomahawk y otros sistemas de misiles estándar, de los cuales ya contamos con grandes cantidades en existencias”.
El informe publicado el lunes, encargado por el Congreso y que también incluyó aportaciones de los inspectores generales del Departamento de Estado y de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), estimó que el coste de los primeros cuatro meses de la guerra ascendió a 33.400 millones de dólares, sin incluir el dinero gastado en reparaciones de infraestructuras; se trata del primer cálculo oficial del coste de la guerra hasta el 30 de junio.
El documento también reconocía que los ataques iraníes dañaron y destruyeron cientos de edificios y otras estructuras en bases estadounidenses en Kuwait, Bahréin, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Irak, Omán y Jordania.
Las instalaciones diplomáticas estadounidenses en Irak, Kuwait, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos también resultaron dañadas por los ataques iraníes, con pérdidas estimadas en 184 millones de dólares.
Después de que la Base de Apoyo Naval de Baréin, sede de la Quinta Flota estadounidense, fuera atacada con drones y misiles balísticos al comienzo de la guerra, el informe confirmó que el Comando Central de Estados Unidos tuvo que cambiar a líneas de suministro en centros alternativos mucho más lejanos, incluida la isla de Diego García en el Océano Índico.
Los inspectores generales señalaron que ahora se requieren “ciclos logísticos de 14 a 18 días” para respaldar las operaciones en Oriente Medio.
El secretario interino de la Armada, Hung Cao, reconoció en una entrevista con The Epoch Times la semana pasada que Irán “devastó Bahréin“ y que ha creado un grupo de trabajo para estudiar si la Armada necesitaría reparar la base para mantener sus fuerzas en la región.
Según el informe, Irán también destruyó o dañó decenas de aeronaves y drones estadounidenses, entre ellos unos 30 drones MQ-9 Reaper, cuyo precio ronda los 30 millones de dólares cada uno. Siete aviones cisterna KC-135 resultaron dañados o destruidos, cinco de ellos alcanzados por municiones iraníes mientras se encontraban en tierra en Arabia Saudita.
Un total de 11 militares figuran como “muertos en combate” en Kuwait, Irak, Jordania y Arabia Saudí, mientras que otros siete —la tripulación de seis personas de un KC-135 que se estrelló en Irak tras una colisión con otro KC-135 y el piloto de un helicóptero que se estrelló en el mar Arábigo— se describen como muertes no hostiles.
A principios de junio, el Departamento de Estado informó que sus otros costos derivados del conflicto ascendieron a 113 millones de dólares, de los cuales casi 80 millones se utilizaron para responder a los planes de contingencia, incluidos los gastos de evacuación del personal estadounidense y sus familias, así como de otros ciudadanos estadounidenses y nacionales de terceros países que requerían asistencia.
Desde el inicio de la guerra, la administración Trump evacuó a unos 9.000 ciudadanos estadounidenses de países de Oriente Medio y Europa. Mediante vuelos privados y comerciales, así como transporte terrestre y marítimo, el coste de la operación de evacuación del departamento superaba los 11 millones de dólares a finales de junio.
La mayoría de las evacuaciones se realizaron desde Israel, seguidas poco después por Irak y Jordania. Si bien Estados Unidos solo evacuó a 1200 estadounidenses de los Emiratos Árabes Unidos, los viajes a Estambul, Atenas y Washington fueron los más costosos, superando los 4 millones de dólares.