Se revelan los mejores y los peores lugares para sobrevivir a un apocalipsis, con un giro inesperado y sombrío

Se revelan los mejores y los peores lugares para sobrevivir a un apocalipsis, con un giro inesperado y sombrío

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Un análisis internacional identificó los territorios que tendrían mejores condiciones para enfrentar una catástrofe global

Internacional
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¿Qué ocurriría si una crisis de dimensiones extraordinarias obligara a las sociedades a reconstruirse prácticamente desde cero? Aunque un escenario apocalíptico pertenece principalmente al terreno de la ficción, un grupo de investigadores decidió analizar una pregunta que resulta inquietantemente concreta: ¿qué países tendrían mejores condiciones para sobrevivir a una catástrofe mundial?

El estudio, publicado en la revista Global Challenge, plantea que la supervivencia no dependería únicamente de encontrar un sitio alejado de las grandes ciudades. También serían fundamentales la disponibilidad de alimentos, el acceso a fuentes de energía, los recursos naturales, las características geográficas, la densidad de población y, sobre todo, la capacidad de las instituciones para mantener cierta estabilidad cuando los sistemas habituales comenzaran a fallar.

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Bajo estos criterios, Australia se colocó entre los territorios con mayores posibilidades de resistir una crisis extrema, con Tasmania como uno de los lugares que presenta las condiciones más favorables.

EL AISLAMIENTO PUEDE CONVERTIRSE EN UNA VENTAJA

Una de las principales características que favorecen a Australia es precisamente su distancia respecto del resto del mundo.

En un escenario de guerra, pandemia, colapso económico o algún otro desastre de alcance internacional, encontrarse lejos de los grandes centros de población podría reducir determinados riesgos. La condición insular del país también dificultaría que algunos conflictos o amenazas llegaran directamente a su territorio.

Pero el aislamiento no sería suficiente por sí mismo.

Para sobrevivir durante un periodo prolongado, una sociedad necesitaría producir lo indispensable para mantenerse en funcionamiento. Y es justamente en este punto donde Australia obtiene otra ventaja importante: cuenta con una elevada producción de alimentos y abundantes recursos naturales y energéticos.

Tasmania, por su parte, combina una baja densidad de población con amplias zonas naturales, recursos agrícolas y una ubicación particularmente aislada.

El investigador Florian Jehn, profesor de la Universidad Goethe de Frankfurt y director del estudio, considera que estas características convierten al territorio australiano en uno de los lugares más resilientes frente a una eventual crisis planetaria.

NO SE TRATA SOLAMENTE DE TENER COMIDA

El análisis plantea una idea importante: disponer de recursos naturales no garantiza automáticamente la supervivencia.

Un país puede contar con grandes cantidades de alimentos, agua o energía, pero si sus instituciones son débiles o incapaces de organizar a la población durante una emergencia, esas ventajas podrían desaparecer rápidamente.

Por ello, los investigadores también consideraron la calidad de la gobernanza, la desigualdad y la corrupción.

En una situación de colapso, mantener funcionando los servicios básicos, distribuir los recursos y evitar conflictos internos podría ser tan importante como disponer de tierras cultivables.

La estabilidad de las instituciones, en consecuencia, podría convertirse en uno de los recursos más valiosos después de una catástrofe.

LAS GRANDES CIUDADES: ¿REFUGIO O TRAMPA?

Otro de los planteamientos del estudio es que las zonas urbanas densamente pobladas podrían convertirse en algunos de los lugares más peligrosos durante una crisis prolongada.

Las ciudades dependen de complejas redes de transporte, electricidad, abastecimiento de agua, comunicaciones y distribución de alimentos. Si alguno de estos sistemas dejara de funcionar, millones de personas podrían quedar expuestas a una escasez inmediata.

Además, una gran concentración de población aumentaría la presión sobre los recursos disponibles.

Por esa razón, los expertos consideran que los territorios menos poblados y alejados de los grandes centros urbanos podrían ofrecer mejores oportunidades de supervivencia, particularmente cuando también cuentan con agua, tierras productivas y fuentes locales de energía.

RUSIA APARECE ENTRE LAS OPCIONES MENOS FAVORABLES

En el extremo contrario se encuentra Rusia. A pesar de su enorme extensión territorial y de contar con una gran cantidad de recursos naturales, el país presenta varios factores que podrían jugar en su contra ante un escenario de desastre global.

Florian Jehn señaló que Rusia sería un objetivo nuclear prioritario, una circunstancia que por sí sola representa un riesgo considerable en caso de una guerra de escala internacional.

A esto se suman las valoraciones desfavorables relacionadas con gobernanza, desigualdad y corrupción.

Para los investigadores, estos últimos elementos resultan especialmente relevantes porque no pueden modificarse rápidamente durante una emergencia. Mientras que un recurso natural puede aprovecharse de inmediato, construir instituciones sólidas y garantizar cohesión social requiere mucho más tiempo.

REINO UNIDO: PROTEGIDO POR EL MAR, PERO EXPUESTO A OTROS PELIGROS

El Reino Unido presenta una situación mucho más complicada.

Su carácter insular podría funcionar como una barrera natural frente a determinadas amenazas y su sistema sanitario constituiría una ventaja considerable si el desastre estuviera relacionado con una pandemia.

Sin embargo, su ubicación y relevancia estratégica también representan riesgos.

El país continúa siendo considerado un objetivo nuclear potencial y su posición geográfica lo coloca, de acuerdo con el estudio, en una región particularmente vulnerable a determinados fenómenos de clima espacial.

Una tormenta solar extrema, por ejemplo, podría provocar alteraciones importantes en redes eléctricas, satélites y sistemas de comunicación. En un escenario donde la infraestructura tecnológica ya estuviera debilitada, las consecuencias podrían ser todavía mayores.

INCLUSO AUSTRALIA TIENE PUNTOS DÉBILES

Que Australia encabece las preferencias del estudio no significa que sea un refugio perfecto.

El país enfrenta amenazas naturales importantes, entre ellas incendios forestales e inundaciones, fenómenos que podrían dificultar todavía más la supervivencia de una población sometida a una crisis extraordinaria.

Además, existe una paradoja en su propia fortaleza.

El aislamiento que inicialmente podría proteger a Australia también podría convertirse en un problema con el paso del tiempo. Ninguna sociedad moderna funciona completamente desconectada del resto del planeta.

Medicamentos, tecnología, piezas industriales, conocimientos especializados y numerosos productos esenciales dependen de cadenas internacionales de suministro.

Si el desastre provocara un aislamiento prolongado, Australia tendría que desarrollar mecanismos para producir localmente una cantidad mucho mayor de los bienes que actualmente obtiene del exterior.

LA SUPERVIVENCIA DEPENDERÍA DE MUCHO MÁS QUE UN REFUGIO

El estudio deja claro que sobrevivir a una catástrofe mundial no consistiría simplemente en encontrar una cueva, una isla remota o una zona rural.

La verdadera resiliencia dependería de una combinación de factores: poca presión demográfica, alimentos, agua, energía, recursos naturales, estabilidad política, instituciones funcionales y capacidad de cooperación entre los habitantes.

Incluso un territorio aparentemente ideal podría enfrentar problemas si alguno de estos elementos desapareciera.

Una región aislada podría quedarse sin medicamentos. Un país rico en alimentos podría sufrir una crisis energética. Una nación estable podría quedar expuesta a un desastre natural. Y un territorio con abundantes recursos podría convertirse en escenario de conflictos por su control.

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EL MAPA DEL APOCALIPSIS NO TIENE UN LUGAR COMPLETAMENTE SEGURO

La clasificación resulta interesante precisamente porque no presenta un refugio perfecto.

Australia parece reunir buena parte de las condiciones necesarias para resistir una crisis extrema, pero también tiene vulnerabilidades. El Reino Unido posee ventajas importantes, aunque enfrenta amenazas estratégicas y tecnológicas. Rusia dispone de enormes recursos, pero sus riesgos geopolíticos e institucionales reducen considerablemente su posición.

En última instancia, el análisis apunta a una conclusión mucho menos tranquilizadora que cualquier lista de países:

si la catástrofe fuera realmente global, ningún lugar estaría completamente a salvo.

La capacidad de producir alimentos, disponer de energía y mantener un gobierno funcional podría aumentar las posibilidades de supervivencia, pero no eliminaría los riesgos.

Porque, ante un desastre capaz de alterar simultáneamente las condiciones políticas, económicas, ambientales y tecnológicas del planeta, el mejor refugio no necesariamente sería el lugar más remoto.

Sería aquel que pudiera seguir funcionando cuando el resto del mundo dejara de hacerlo.

Y, como advierten los investigadores, quizá la conclusión más contundente sea también la más sencilla: “Realmente no hay dónde esconderse”.

Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de la carrera de Periodismo y Comunicación, con una especialidad en Fotografía y Producción Audiovisual, y en Geopolítica.

Ha trabajado para diversos medios y ONGS en Europa y México por más de 15 años. Su enfoque y especialidad son las noticias de Política Internacional y Nacional y conflictos, buscando la veracidad, objetividad y la investigación periodística.

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