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El grave error de Rusia: creer que los ucranianos colaborarían

Noticias
/ 9 mayo 2022

El Kremlin entró en la guerra esperando una victoria rápida y sin dolor, pues creyó que el gobierno del presidente Volodimir Zelenski se fracturaría

KRIVÓI ROG, UCR.- La solicitud de cometer traición le llegó a Oleksandr Vilkul el segundo día de la guerra, a través de una llamada telefónica de un viejo colega.

Vilkul, descendiente de una poderosa familia política del sureste de Ucrania de la que siempre se había considerado que tenía opiniones prorrusas, recibió la llamada en el momento en el que las tropas avanzaban a unos cuantos kilómetros de su ciudad natal, Krivói Rog.

“Me dijo: ‘Oleksandr Yurivich, estás viendo el mapa, sabes que la situación está predeterminada’”, afirmó Vilkul recordando la conversación con un colega ministro de un gobierno ucraniano prorruso anterior.

“Firma un acuerdo de amistad, cooperación y defensa con Rusia y tendrán buenas relaciones contigo”, le dijo el excolega. “Serás alguien importante en la nueva Ucrania”.

La oferta fracasó de forma espectacular. Una vez que comenzó la guerra, aseguró Vilkul, la zona gris de la política ucraniana desapareció para él. Los misiles que impactaron su ciudad natal hicieron que su decisión fuera obvia: contratacaría.

“Le respondí con insultos”, afirmó Vilkul.

Si bien los primeros meses de la guerra en Ucrania se convirtieron en una debacle militar para las fuerzas militares rusas —una retirada forzosa de Kiev socavó la reputación de sus comandantes y soldados—, la invasión rusa también puso de relieve otro fracaso evidente: el errado análisis de Moscú sobre la política del país que estaba atacando. La equivocación en el cálculo condujo a errores igual de letales para las fuerzas rusas que las tácticas fallidas de los operadores de tanques que terminaron en pantanos.

El Kremlin entró en la guerra esperando una victoria rápida y sin dolor, pues creyó que el gobierno del presidente Volodimir Zelenski se fracturaría y los principales funcionarios de la región oriental, predominantemente de habla rusa, cambiarían de bando con gusto. Eso no ha sucedido.

Según los analistas políticos, la miopía política fue más notable en el este del país.

En todos lados, excepto en un reducido número de aldeas, Rusia no logró que los políticos locales se pusieran de su lado. Las autoridades ucranianas han abierto 38 casos de traición, todos contra funcionarios de bajo nivel en instancias individuales de traición.

“Nadie quería ser parte de esa cosa detrás del muro”, dijo Kostyantyn Usov, exparlamentario proveniente de Krivói Rog, en referencia al sistema autoritario y aislado de Rusia.

Usov aseguró que ese sistema no tenía casi ningún atractivo en Ucrania y señaló la ausencia de colaboración amplia con Rusia, incluso entre los ucranianos que hablan ruso y comparten los valores culturales de ese país.

“Somos parte de algo prometedor”, afirmó sobre Ucrania. “Está aquí, con nosotros, en nuestro grupo. Y ellos no tienen nada que ofrecernos”.

Otros políticos prominentes que alguna vez tuvieron opiniones prorrusas, entre ellos Ihor Terekhov, alcalde de Járkov, y Hennady Trukhanov, alcalde de Odesa, también se mantuvieron leales y se convirtieron en feroces defensores de sus ciudades.

Junto con los líderes en el sureste, el pueblo ucraniano también resistió. Las protestas contra la ocupación en las calles de Jersón continúan a pesar del peligro mortal para los participantes. Un hombre se plantó frente a un tanque. Los mineros y trabajadores siderúrgicos de Krivói Rog no han dado ninguna señal de haber cambiado su lealtad hacia Rusia.

“Antes de la guerra, teníamos vínculos con Rusia”, mencionó Serhiy Zhyhalov, un ingeniero acerero de 36 años, refiriéndose a los lazos familiares, lingüísticos y culturales. Pero ya no es así, aseguró. “Nadie tiene ninguna duda de que Rusia nos atacó”.

Las regiones del sureste de Ucrania, una extensión de estepa y ciudades industriales y mineras deterioradas, son el foco actual de los combates de la guerra.

Durante años, la región eligió a políticos de tendencia prorrusa como Vilkul, uno de los villanos favoritos de los nacionalistas por promover eventos culturales al estilo soviético que enfurecieron a muchos ucranianos. Por ejemplo, Vilkul organizó una fiesta de canto en Krivói Rog para interpretar “Katyusha”, una canción rusa asociada con la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial.

Pero más notorio es el hecho de que Vilkul ascendió en la política durante el gobierno del expresidente prorruso Viktor Yanukovych, en cuyo gabinete se desempeñó como vice primer ministro hasta que las protestas en las calles derrocaron a Yanukovych en 2014.

Gran parte del resto del gabinete de Yanukovych huyó con él a Rusia. Pero Vilkul se quedó en Ucrania como el jefe político de facto de Krivói Rog mientras su anciano padre se desempeñaba como alcalde de la ciudad.

Eso llamó la atención de Moscú. Vilkul contó que en 2018 le dijeron a través de un intermediario que “el tiempo del caos había terminado” y que ahora debía seguir las órdenes de Moscú si deseaba permanecer en la política en el sureste del país. Vilkul asegura haberse negado.

Según Vilkul, los rusos ni siquiera se molestaron en cortejarlo, sino que se limitaron a transmitirle exigencias. Comentó que Moscú adoptó esa misma estrategia con otros políticos en el este de Ucrania. “Ni siquiera intentaban convencernos”, señaló. “Simplemente asumían que estaríamos a priori de su lado”.

Justo antes de la guerra, Vilkul era probablemente el político en Ucrania de tendencia prorrusa con mayor apoyo popular. “Estaba solo en este nivel”, indicó. Moscú también lo percibió como un potencial y prometedor converso a su bando cuando invadiera Ucrania.

Fue entonces cuando Vilkul recibió la llamada de Vitaly Zakharchenko, un ucraniano exiliado en Rusia que se había desempeñado como ministro del Interior bajo las órdenes de Vilkul durante el gobierno de Yanukovych. Zakharchenko le recomendó a Vilkul que cooperara con los rusos.

“Le dije que se fuera al demonio”, aseguró Vilkul. “Ni siquiera lo consideré”.

Vilkul dijo que había sido malinterpretado por el liderazgo de Rusia y por la oposición nacionalista en casa. Contó que su bisabuelo había luchado contra los rusos blancos en la guerra civil. Afirmó que la familia Vilkul “ha estado combatiendo rusos en esta tierra durante cien años”.

Insistió en que el Kremlin confundió su respeto por los veteranos de la Segunda Guerra Mundial y su apoyo a los derechos de los rusoparlantes con un potencial respaldo a un renovado imperio ruso, algo que reiteró que era un error. Calificó a los rusos de “megalómanos clásicos”.

“Tomaron el idioma y los valores en común, como ciertas posturas respecto a la Segunda Guerra Mundial y la ortodoxia, como una señal de que alguien los amaba”, aseveró.

Una segunda oferta, esta vez presentada en público por otro exiliado ucraniano, Oleg Tsaryov, en una publicación en Telegram, le llegó una semana después, cuando las tropas rusas ya estaban a menos de 10 kilómetros de la ciudad. “Mis compañeros del partido y yo siempre hemos adoptado una postura prorrusa”, decía la publicación en referencia a Vilkul y su padre. De manera siniestra, Tsaryov agregó que la “cooperación con las fuerzas militares rusas significa preservar la ciudad y las vidas de la gente”.

Vilkul respondió con una publicación obscena en Facebook.

Durante los primeros días de la invasión, Vilkul les ordenó a las compañías mineras de la región que estacionaran equipos pesados en la pista del aeropuerto de la ciudad para frustrar un ataque que pudiera llegar por aire, así como en las carreteras de acceso para ralentizar las columnas de tanques. Luego procedieron a pinchar los neumáticos y a deshabilitar los motores.

La industria siderúrgica de la ciudad comenzó a producir barreras para tanques y placas para chalecos blindados. Zelenski, cuya ciudad natal es Krivói Rog, nombró a Vilkul gobernador militar de la ciudad al tercer día de la guerra a pesar de que habían sido opositores políticos en tiempos de paz.

Vilkul se ha acostumbrado a usar uniforme de combate y un pañuelo de camuflaje. Un desfile de nacionalistas ucranianos, entre ellos el líder de los paramilitares del Sector de Derecha, Dmytro Yarosh, y una destacada activista y oficial militar, Tetiana Chernovol, que alguna vez fueron enemigos acérrimos de la familia Vilkul, se ha presentado en su despacho para estrecharle la mano.

“Si luchamos contra los rusos, ¿fuimos realmente alguna vez prorrusos en esencia?, preguntó Vilkul. c.2022 The New York Times Company

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