Erdogan, "el sultán de Ankara", pierde autoridad

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Internacional
/ 4 junio 2013

La violencia, las amenazas e insultos a los manifestantes muestran la peor cara de su estilo de gobierno autoritario.

Estambul, Turquía.- El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, sigue desde el extranjero las protestas contra su gobierno que agitan su país. Mientras la policía ahoga la rebelión de la sociedad civil con gas lacrimógeno y violencia, el mandatario pasa cuatro días en el norte de Africa con una delegación económica, hacia donde partió ayer lunes.

Aunque puede que su futuro político no se decida en las calles de Ankara o Estambul, lo cierto es que el "sultán de Ankara" perdió mucha autoridad en los últimos días.

La violencia, las amenazas e insultos a los manifestantes muestran la peor cara de su estilo de gobierno autoritario. Y al igual que los dictadores árabes a los que tanto criticó, también él sospecha que tras las protestas hay agentes extranjeros.

Según algunos diplomáticos extranjeros, Erdogan -líder del partido AKP- ha perdido parte del contacto con la realidad. Y las críticas le llueven también desde todos los partidos de la oposición, incluso por parte del líder de la formación nacionalista de derechas MHP. "Es cierto que el AKP se mete en la vida privada de la gente", afirmó, a la vez que pidió una intervención del presidente del país, Abdullah Gül.

Al igual que Erdogan, las raíces políticas de Gül se hunden en el Islam y en opinión de algunos el presidente es aun más conservador que el primer ministro. Pero también es más abierto y tiene una mayor disposición al diálogo. Gül sabe como calmar los ánimos desde la cordialidad. Pero aunque el pueblo le aprecia, aún no está claro cual será su futuro político, ya que Erdogan quiere presentarse el próximo año a las elecciones presidenciales.

En los útlimos meses, Gül contradijo a Erdogan en varias ocasiones. Mientras el primer ministro aseguró confiado que su país puede dar la espalda a la Unión Europea y crear alianzas con otros vecinos, el presidente insistió en que el futuro de Turquía está en el Viejo Continente. Y cuando Erdogan amenazó a los manifestantes de la plaza de Taksim, Gül reclamó la retirada de la policía. "Democracia no significa sólo celebrar elecciones", advirtió el presidente.

También el poderoso movimiento del clérigo Fethullah Gülen, residente en Estados Unidos, se distanció en varias ocasiones de Erdogan, pero nunca criticó a Gül.

Una escalada de la situación en Turquía y el fortalecimiento del papel de Gül podría suponer un duro golpe para Erdogan. Debido a los estatutos de su partido, no puede volver a presentarse al puesto de primer ministro. Y aunque ganó tres elecciones parlamentarias, tampoco está claro que pueda obligar a Gül a renunciar a presentarse a los próximos comicios presidenciales.

¿Podría terminar todo esto en una lucha de poder? Una primera prueba para saberlo podría ser la ley que restringe la venta de alcohol, muy criticada por los liberales, que la consideran una injerencia en la libertad personal. Si Gül se negase a firmarla, no se lo pondría fácil a Erdogan.

Por Carsten Hoffmann/DPA-Análisis



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