Se busca al próximo presidente de China

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Internacional
/ 11 septiembre 2012

    Xi, de 59 años, lleva ausente desde el encuentro de emergencia de la Comisión Militar Central del partido el sábado 25 de agosto.

    Pekín, China (DPA).- El hombre que se espera dirija el destino de 83 millones de miembros del Partido Comunista de China y de 1,300 millones de chinos en la próxima década lleva más de diez días sin aparecer en público: el vicepresidente Xi Jinping canceló la semana pasada reuniones previstas con la secretaria de Estado norteamericana Hillary Rodham Clinton y con otros dos funcionarios extranjeros sin dar explicaciones.

    Xi, de 59 años, lleva ausente desde el encuentro de emergencia de la Comisión Militar Central del partido el sábado 25 de agosto, de la que es vicepresidente, en la que se debatió una respuesta del Ejército a los terremotos que un día antes habían sacudido la provincia de Yunnan.

    China canceló también su prevista reunión con la primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, prevista para el lunes.

    Durante una rueda de prensa junto a Clinton el pasado miércoles, el ministro del Exterior chino Yang Jiechi pidió a los periodistas que evitaran "especulaciones innecesarias" sobre Xi. Y al ser preguntado el lunes por el cambio en la agenda de Thorning-Schmidt y por informaciones que señalaban que Xi se había herido la espalda, el portavoz del Ministerio del Exterior, Hong Lei, se limitó a decir: "Ya hemos dicho todo a todo el mundo".

    Pero en realidad, el gobierno no ha hecho otra cosas que azuzar los rumores.

    El martes, el órgano del partido "Diario del Pueblo" volvió a publicar un discurso que Xi dio en la Escuela Central del Partido en Pekín el 1 de septiembre, acompañándolo de una fotografía. Pero el diario omitió la fecha del discurso, en el que llamó a los funcionarios del partido a "aumentar sus capacidades de resolver problemas prácticos para servir mejor al pueblo".

    El partido sigue enfangado en uno de los mayores escándalos en más de 20 años, desencadenado por un caso de asesinato por el que se condenó a la esposa de Bo Xilai, un líder regional destituido en marzo y después suspendido del politburó del partido.

    Pese al escándalo, todo parece seguir en marcha en dirección hacia una transición para dejar paso a la próxima generación de líderes del partido, que se hará efectiva en el congreso que el partido celebra cada cinco años y previsto para mediados de octubre.

    Pero menos de dos meses antes de su esperado nombramiento como próximo líder del partido y presidente de China, Xi ha desaparecido de sus compromisos públicos.

    El partido no ha anunciado aún la fecha exacta del congreso. Antes del último, que se inauguró el 15 de octubre de 2007, el partido confirmó la fecha a finales de agosto.

    Y añadiendo más misterio, He Guoqiang, otro de los nueve miembros del todopoderoso Comité Permanente del politburó, también ha desaparecido de la información estatal desde finales de agosto.

    Las búsquedas de Xi, He e incluso de las palabras "herida espalda" fueron bloqueados hoy de Weibo, el popular servicio de microblogs chino similar a Twitter.

    He Guoqiang dirige la Comisión Central del partido de Disciplina e Inspección, que al parecer manejó la suspensión de Bo por "violaciones graves de disciplina" y el caso penal contra su mujer, Gu Kailai, y su ex jefe de la policía regional de Chongqing Wang Lijun.

    Bo y Wang atraían a los seguidores del partido del ala más a la izquierda que apoyaban su lucha contra el crimen organizado, su intento de revivir la cultura maoísta y sus reclamos de haber mejorado la igualdad económica en Chongqing.

    En su discurso público final antes de su destitución en marzo, Bo habló al parecer contra las políticas del líder del partido y presidente Hu Jintao, el primer ministro Wen Jiabao y el propio Xi. Bo dijo que Chongqing superó la economía nacional porque "integramos la producción y distribución del pastel", al contrario de lo que hace la política de Hu y Wen de promover desarrolló económico por encima de la igualdad social.

    "Bo Xilai destacó la división del pastel en partes iguales, pero él personalmente se llevó la pieza más grande", dijo hoy a dpa Hu Xingdou, un economista y comentarista liberal basado en Pekín.

    Nada se ha sabido de Bo desde abril. Su mujer Gu fue condenada a muerte en suspensión el mes pasado tras ser hallada culpable del asesinato del británico Neil Heywood tras una disputa por negocios.

    El gobierno anunció el mes pasado que Wang será juzgado por cargos como deserción, abuso de poder y aceptación sobornos. Su huida a un consulado estadounidense en febrero estuvo al parecer vinculado con los intentos de funcionarios de la policía de Chongqing, y posiblemente de Bo, de encubrir el asesinato de Heywood.

    Medios estatales citaron a fiscales asegurando que Wang "utilizó ilegalmente métodos de reconocimiento técnico", lo que parece sustentar una información del "New York Times" de abril que citaba fuentes que aseguraban que Bo y Wang habían pinchado los teléfonos de Xi, Hu y otros funcionarios de alto rango.

    Sea lo que sea que le haya ocurrido a Xi en los últimos diez días, el movimiento de China hacia una forma de liderazgo más colectiva en los últimos años ha hecho inevitable las luchas internas, escribió el mes pasado Cheng Li, experto en China del Instituto Brookings basado en Estados Unidos. "El mayor reto para el partido probablemente no llegará de fuerzas externas, sino de factores internos".

     "Quizá (Xi) esté herido tras haber practicado natación o por otra cosa, no lo sé", afirma Hu Xingdou. "Sin embargo, creo que la batalla entre dos frentes dentro del partido se va a agudizar".


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