Guerra en Afganistán ingresa al 10mo año y en etapa decisiva

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Internacional
/ 6 octubre 2010

    El apoyo público a la guerra va a la baja en Estados Unidos y Europa occidental. Holanda ha retirado a sus fuerzas. Ahora le seguirá Canadá.

    Kabul, Afganistán.- La guerra en Afganistán inicia su décimo año el jueves, y los actores principales buscan minimizar sus riesgos, ante la incertidumbre de que el gobierno estadounidense esté dispuesto a una permanencia de largo plazo, un retiro rápido debido al aumento de la impopularidad del conflicto, o una postura intermedia.

    Por temor de que sus aliados occidentales al final lo abandonen, el presidente afgano Hamid Karzai ha comenzado a preparar a su país para un retiro de las fuerzas internacionales, estrechando las relaciones con la vecina Pakistán y buscado contactos con grupos insurgentes interesados en una reconciliación.

    Pakistán, un aliado nominal de Estados Unidos, afirma que mantiene la lucha contra los rebeldes. Sin embargo, tolera que la insurgencia de al Qaida y el Talibán de Afganistán se oculte en su territorio, donde se encuentra fuera del alcance de las fuerzas terrestres de la OTAN, a las que encabeza Estados Unidos.

    Existen otras coyunturas importantes, pero este noveno aniversario es decisivo y Afganistán necesita arriesgarlo todo.

    El apoyo público a la guerra va a la baja en Estados Unidos y Europa occidental. Holanda ha retirado a sus fuerzas. Ahora le seguirá Canadá.

    La paciencia también se agota en el país. Los afganos están cansados de la violencia y ha aumentado su rencor hacia las fuerzas extranjeras. Muchos de ellos se preguntan por qué su calidad de vida no ha tenido un notorio aumento cuando su país ha recibido un torrente de asistencia extranjera por miles de millones de dólares.

    "La OTAN está aquí y asegura que combate al terrorismo; este es el décimo año sin resultados todavía", dijo Karzai en un emotivo discurso que pronunció la semana pasada. "Nuestros hijos no pueden asistir a las escuelas a causa de las bombas y los ataques suicidas", apuntó.

    La situación actual es muy distinta respecto del apoyo internacional casi universal que tuvo el anterior gobierno estadounidense cuando lanzó su ofensiva el 7 de octubre del 2001. La guerra tenía como objetivo derrocar al Talibán debido a que daba refugio a Osama bin Laden y otros dirigentes de al Qaida, responsables de los atentados contra el Centro de Comercio Mundial y el Pentágono un mes antes.

    El régimen extremista islámico del Talibán, que reprimía a las mujeres, prohibía la música y ejecutaba en público a quienes acusaba de deslealtad, se derrumbó cuando todavía no se cumplían dos meses de la campaña bélica.

    Sin embargo, la conclusión tras una retrospectiva hacia los primeros años de la guerra, es que la ofensiva careció de recursos suficientes desde el inicio. Cuando la atención del gobierno del presidente George Bush viró hacia Irak en el 2003, el Talibán comenzó su reagrupación.

    Tras varios años de relativa calma y seguridad en Afganistán, la situación comenzó a deteriorarse alrededor del 2006. Desde entonces, el Talibán se ha fortalecido de manera constante y bin Laden continúa vivo.

    El presidente Barak Obama intensificó la guerra este año con un despliegue mayor de soldados en Afganistán. Las bajas han alcanzado sus niveles más altos desde el 2001, en comparación con la estadística de ningún muerto en las filas estadounidenses cuando se derrocó al Talibán. Las fuerzas estadounidenses registraron en julio 66 muertos, su cifra mensual más alta. A la fecha, 2.000 soldados de la OTAN han muerto en el conflicto, de los cuales más de 1.220 hombres y mujeres estadounidenses.

    El secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, dijo en junio que era necesario que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN mostraran progresos antes de fin de año en Afganistán o afrontarían una declinación en el apoyo de sus ciudadanos al conflicto.

    También hay bastante frustración en la Casa Blanca y el Congreso de Estados Unidos. Durante una visita en agosto a Kabul, el senador John Kerry, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, dijo sin rodeos que si el gobierno de Karzai no erradicaba la corrupción, sería muy difícil "mirar de frente a las familias estadounidenses y decirles 'oigan, vale la pena morir por ese país'''.

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