Alerta un estudio que la economía de energías limpias está siendo creada a base de injusticias
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Si bien actualmente, los vehículos eléctricos, los sistemas de energía renovable y la infraestructura de IA tienen beneficios, al mismo tiempo provocan costos altos que terminan por recaer de manera desproporcionada sobre los pobres, precisa un nuevo informe
Un nuevo informe realizado por la el Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH por sus siglas en inglés) advierte que como consecuencia de la actual carrera mundial por los minerales críticos, mimos que son esenciales para tecnologías como los vehículos eléctricos o la inteligencia artificial, está provocando tanto graves impactos ambientales como sociales en algunas de las comunidades consideradas como más vulnerables del planeta.
“La extracción de minerales críticos como el litio y el cobalto impulsa las transiciones energéticas y digitales “verdes”, esenciales para alcanzar los objetivos climáticos. Sin embargo, el desarrollo de las tecnologías que permiten un futuro sostenible está generando graves crisis ambientales y sanitarias ocultas que el mundo no logra detectar ni abordar”, precisa el UNU-INWEH en comunicado.
En el estudio titulado ‘Critical Minerals, Water Insecurity and Injustice’, explica que tanto la transición energética como la digital, que son esenciales para combatir el cambio climático, está provocando una “paradoja”; ya que los países desarrollados se están beneficiando de las tecnologías más limpias, mientras que los costos terminan por recaer de manera desproporcionada sobre los pobres.
No obstante a que este nuevo informe no realiza cuestionamientos entorno a la necesidad de sistemas de energía limpia ni tampoco ala infraestructura digital “que los sustenta”; sí cuestiona “quién paga y se beneficia del progreso de la humanidad en esas áreas, y encuentra una respuesta profundamente injusta”, detalla el comunicado.
“La investigación revela que fallas sistémicas globales permiten que los costos de la extracción de minerales críticos recaigan desproporcionadamente sobre algunas de las comunidades más vulnerables del mundo, mientras que los beneficios se acumulan en otros lugares en forma de vehículos eléctricos (VE), sistemas de energía renovable e infraestructura de inteligencia artificial (IA)”, explica UNU-INWEH.
En opinión de Kaveh Madani, quien es el director del Instituto para el Agua, Medio Ambiente y Salud y líder del equipo de investigación “las disrupciones tecnológicas son necesarias y útiles. Pero debemos ser conscientes de sus consecuencias no deseadas y abordarlas de manera proactiva si queremos que todo el mundo se beneficie por igual de ellas”, Madani prosigue diciendo que “no se puede hablar de una transición verde, sostenible y justa si simplemente traslada el daño ambiental de los ricos a los pobres, y de un grupo de personas o región a otro”.
Así mismo, el estudio hace énfasis en las “intensas necesidades hídricas de la extracción de minerales críticos” y en cómo se están viendo perjudicada las comunidades que viven más cerca de las operaciones mineras se están viendo perjudicadas por “un alto precio en agua contaminada, escasez de agua, pérdida de medios de subsistencia y graves consecuencias para la salud”, añade el comunicado.
Según este nuevo estudio, en 2024 la producción mundial de litio, de cerca de 240 mil toneladas, consumió alrededor de 456 mil millones de litros de agua, este dato es equivalente “a las necesidades anuales de agua potable de 62 millones de personas en el África subsahariana, una cifra similar a la población de Tanzania”.
Mientras que en el Salar de Atacama ubicado en Chile, el UNU-INWEH describe que “la extracción de litio por sí sola representa hasta el 65% del consumo regional de agua, intensificando la competencia con la agricultura y las necesidades domésticas y provocando un agotamiento drástico de las aguas subterráneas. Entre 1990 y 2015, los niveles freáticos en zonas con pozos de salmuera descendieron hasta nueve metros”.
El informe indica que la extracción de litio en la región de Uyuni, Bolivia, está dificultando el cultivo de quinua, siendo este un alimento fundamental para las comunidades locales.
“A nivel mundial, aproximadamente una sexta parte (16%) de las reservas de minerales críticos se encuentran en regiones con alta escasez de agua, mientras que el 54% de los minerales para la transición energética se ubican en territorios indígenas o cerca de ellos”, asevera el UNU-INWEH .
El estudio resalta que el “daño ambiental va mucho más allá del consumo de agua”; esto debido a que por “cada tonelada de minerales de tierras raras de difícil extracción que se produce, se generan aproximadamente 2000 toneladas de residuos tóxicos”.
“En 2024, la producción mundial de tierras raras generó un estimado de 707 millones de toneladas métricas de residuos tóxicos, suficiente para llenar unos 59 millones de camiones de basura, una cantidad que podría formar una fila que rodeara el ecuador 13 veces”, señala UNU-INWEH.
Por lo que, “sin mecanismos de control eficaces, los mismos objetivos diseñados para proteger el planeta pueden agravar las crisis hídricas, sanitarias y de injusticia en las comunidades menos responsables del cambio climático”, indica Madani.
El director del Instituto para el Agua, Medio Ambiente y Salud, continúa detallando que “el mundo se apresura a construir un futuro energético más limpio, y apoyamos esa urgencia. Pero nuestra investigación demuestra que las operaciones mineras que impulsan esa transición están contaminando el agua potable, destruyendo los medios de subsistencia agrícolas y exponiendo a los niños a metales pesados tóxicos en algunas de las comunidades más vulnerables del mundo”.
Por su parte, el Dr. Abraham Nunbogu, quien es científico de la UNU-INWEH y autor principal del estudio, asevera que “la transición a la energía verde es una de las iniciativas más importantes de nuestro tiempo. Sin embargo, la evidencia que hemos recopilado demuestra que las comunidades que realizan las labores de extracción, respiran el polvo y pierden el acceso al agua potable, quedan en gran medida excluidas de sus beneficios”, Nunbogu concluye diciendo que “si no corregimos las deficiencias de gobernanza que impulsan esta situación, habremos construido la economía de la energía limpia del futuro sobre las mismas injusticias extractivas que la economía de los combustibles fósiles del pasado”.
Tras los resultados que arrojó este nuevo estudio, los autores hacen hincapié en la urgencia de llevar acabo cambios “en la forma en que la comunidad internacional gestiona las cadenas de suministro de minerales críticos”.
Así también hace un exhorto a que pongan en marcha “normas internacionales” con el propósito de “reemplazar el cumplimiento voluntario, mecanismos jurídicamente vinculantes para el abastecimiento ético y la justicia ambiental, controles estrictos de la contaminación y las aguas residuales, incluidos sistemas de vertido cero, y el monitoreo independiente del uso del agua y la contaminación por metales pesados”.
El profesor Tshilidzi Marwala, quien es el rector de la UNU y subsecretario general de la ONU, describe que “esta investigación rigurosa y basada en evidencia, realizada por científicos de la UNU, aborda un problema que el mundo necesita afrontar con urgencia”, Marwala añade que “una transición que agrava la pobreza, dificulta el acceso al agua potable y concentra los problemas de salud en las comunidades más marginadas del mundo no es una transición hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, sino un alejamiento de ellos. No podemos renunciar a la transición digital, pero debemos hacerla bien”.
“La inseguridad hídrica no es un efecto secundario de la minería de minerales críticos, sino una consecuencia sistémica del diseño y la gobernanza actuales de la cadena de suministro global”, expresa Madani quien concluye explicando que “sin normas internacionales vinculantes, divulgación obligatoria y una auténtica cogobernanza comunitaria, el aumento de la demanda proyectado para las próximas décadas empeorará drásticamente la situación actual”.
Con información del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas.