La 4T pedía pruebas: ¡pues las va a tener!
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La ‘entrega’ de dos excolaboradores del sinaloense Rubén Rocha Moya, a las autoridades de Estados Unidos, acrecentará el castigo contra la presidenta Claudia Sheinbaum, su partido y el líder de la pandilla: López Obrador
Lo señalamos en este espacio en nuestra entrega anterior: “a estas alturas la pregunta no es si el sinaloense (Rubén Rocha Moya) va a caer, sino cuánto tiempo pasará antes de actualizarse la hipótesis”.
Cuando redacté dicho texto, el hoy gobernador con licencia de Sinaloa aún no había tomado la “patriótica decisión” de separarse de su cargo. Tampoco se había registrado la “entrega”, a las autoridades de los Estados Unidos, de dos de los coacusados en su caso, los exsecretarios de Finanzas y de Seguridad de Sinaloa, Enrique Alfonso Díaz Vega, y Gerardo Mérida Sánchez.
En el inter, sin embargo, se reprodujo ad nauseam el desgañitado grito del Gobierno de la República y sus jilgueros: “¡pruebas!, ¡queremos pruebas!”.
La intención, como lo señalamos en su momento, era solo ganar tiempo, a partir de una premisa tan equivocada como ingenua: éste es un caso cuyo fondo se trata solamente de controlar la narrativa, por lo cual basta con lanzar consignas a la tribuna de los afines.
Hoy, con Díaz Vega y Mérida Sánchez en manos de las autoridades estadunidenses, el tablero ha cambiado de forma radical. Y eso es así por una razón puntual: los excolaboradores de Rocha Moya no se “entregaron” para asumir su responsabilidad, sino para negociar.
Un paréntesis necesario: desde la revelación de las acusaciones en contra de Rocha Moya, los especialistas en este tipo de casos adelantaron lo ocurrido. Uno de los escenarios más probables, se dijo hasta la saciedad, es justamente el actualizado en las últimas horas.
Para decirlo con toda claridad: los entendidos del tema señalaron como una de las posibilidades de desarrollo de esta historia, la aparición de excolaboradores del exmandatario sinaloense como testigos “colaboradores”, en Estados Unidos, a cambio de concesiones a su favor.
Actualizada la hipótesis, no hace falta ser demasiado perspicaz para adivinar los episodios siguientes: Díaz Vega y Mérida Sánchez van a “cantar”, en el tono más favorable a sus intereses, todo cuanto las autoridades estadounidenses les pidan para fortalecer el caso contra Rocha Moya.
Y esas declaraciones van a generar ríos de tinta en torno al caso. Así, a través de filtraciones, e incluso de declaraciones formales de los fiscales estadounidenses, vamos a ir conociendo detalles de la forma como el señor Rocha Moya se alió con los delincuentes de su estado para convertirse en gobernador y, desde esa posición, garantizarles las condiciones necesarias para mantener y expandir su imperio criminal.
Más allá de sentencias judiciales, en la opinión pública -de México y de Estados Unidos- se va a consolidar una idea concreta: el de Rocha Moya es un narcogobierno auspiciado y protegido desde las más altas esferas del poder público en México.
¿Cuánto desgaste estará dispuesta a absorber la presidenta Claudia Sheinbaum ante de asumir la derrota en este caso? Esa es la gran interrogante de este episodio de la vida pública del país.
El fin de semana, durante el cual no hay mañaneras, le permitirá un espacio durante el cual podrá reflexionar sobre el dilema al cual se enfrenta. Se trata de uno muy simple -visto desde fuera-, pero terriblemente complejo si se hace un esfuerzo por colocarse en sus zapatos: debe decidir entre la ruptura con el ala corrupta de su partido y la complicidad.
ARISTAS
El pretendido halo de superioridad moral a partir del cual Andrés Manuel López Obrador construyó su “movimiento político” es, ha sido, una engañifa desde el principio. Múltiples voces hemos sostenido esta idea desde el principio. Hoy está plenamente acreditado el señalamiento. Solamente los cínicos, o quienes son cómplices en esta trama, se niegan a aceptarlo.
¡Feliz fin de semana!
@sibaja3
carredondo@vanguardia.com.mx