Brasil, la nación católica más grande del mundo, coquetea con el poliamor

Brasil, la nación católica más grande del mundo, coquetea con el poliamor

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En un país aún mayoritariamente conservador y religioso, crece un movimiento en el que cada vez más gente adopta distintas formas de amor, matrimonio y paternidad

Internacional
/ 17 febrero 2026
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BRASIL- La pequeña, aún somnolienta, entró tambaleándose en la cocina y le dio un beso a la mujer que ayudaba a preparar el desayuno. Sus padres la siguieron y también le dieron un beso en los labios a la mujer, una de sus parejas románticas.

Rafael Pissurno, el padre de Hari, de 2 años, empezó a moler granos de café, mientras la madre de la niña, Iuli Duarte, ordenaba los juguetes esparcidos por el suelo. Los visitaba su compañera poliamorosa Jessica Couri, quien cortaba fruta fresca en un gran cuenco, junto con Victor Souza, otro de sus compañeros, que revolvía huevos en la estufa.

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Un sábado por la mañana, este hogar brasileño es, y no es, como cualquier otro.

“Es una familia: son las personas que elegí, son las personas a las que quiero”, dijo Duarte, de 28 años y estudiante de posgrado.

“Sabemos que nos queremos”, añadió Pissurno, de 47 años, técnico de sonido. “Pero no tenemos un solo amigo con el que hacerlo todo, ¿verdad? Entonces, ¿por qué deberíamos esperar que una sola pareja romántica cubra todas nuestras necesidades?”.

En Brasil, el rechazo de Duarte y Pissurno a la monogamia forma parte de un movimiento en el que cada vez más gente adopta distintas formas de amor, matrimonio y crianza.

La nación sudamericana de 213 millones de habitantes es conocida por sus sensuales ritmos musicales y sus disfraces de carnaval que dejan al descubierto la piel, pero aún es profundamente conservadora, hogar del mayor número de católicos del mundo y donde los movimientos evangélicos de línea dura están en crecimiento.

Al mismo tiempo, muchos brasileños parecen cuestionar los modelos familiares tradicionales, un cambio que se refleja en pódcast y libros populares de interés general, e incluso un programa de telerrealidad llamado Tercera mitad, que muestra a parejas que buscan compañeros poliamorosos.

$!Una reunión de picnic para miembros de la comunidad poliamorosa en Río de Janeiro, Brasil.

Pero el auge del poliamor, aquí y en todo el mundo, se ha enfrentado a la feroz oposición de líderes conservadores y religiosos que lo han tachado de afrenta a los valores familiares. El papa León XIV intervino y advirtió de la “fragilidad de las uniones, banalización del adulterio, promoción del poliamor”.

El asunto suscitó un debate por primera vez en Brasil hace más de una década, cuando una notaría registró una unión de derecho consuetudinario entre un hombre y dos mujeres. Los grupos religiosos se apresuraron a denunciar la medida. Los brasileños liberales, incluido el notario, la defendieron, calificándola de reflejo de una sociedad cambiante.

El regulador judicial del país declaró en última instancia que los notarios no podían reconocer tales uniones, un fallo que se ha enfrentado a repetidas impugnaciones judiciales. Buscando una prohibición más definitiva, los legisladores conservadores impulsaron en 2023 un proyecto de ley que proscribía el registro de uniones formadas por más de dos personas. Esa legislación se ha estancado debido a la oposición, aunque podría someterse a votación este año.

Los académicos apuntan al cambio de las identidades sexuales como uno de los motores del auge del poliamor: hay más brasileños que se identifican como bisexuales o pansexuales y buscan vínculos románticos significativos con parejas de diversos géneros. El cambio también puede reflejar que las mujeres brasileñas están cansadas de mantener relaciones monógamas con parejas masculinas infieles.

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“Esta es una forma mucho más honesta y justa de construir relaciones”, dijo Iluska Viviane, de 46 años, una investigadora y activista que dirige una popular página de Instagram dedicada al poliamor.

A través de su página y de otras, los brasileños que adoptan el poliamor han formado comunidades en línea donde intercambian información y organizan eventos como días de campo y paneles. En las periferias de clase trabajadora de Río de Janeiro, unos cientos de personas se reunieron recientemente en una fiesta mensual en una piscina para celebrar el poliamor.

Grupos de enamorados, flotando en flamencos rosas inflables, se tomaban de la mano en el agua. En una cabina de besos, los asistentes a la fiesta posaban para fotos, enfrascados en besos de a tres. Cerca del bar, la gente escaneaba un código QR para inscribirse en una nueva aplicación de citas para poliamorosos. A gritos por un micrófono, el maestro de ceremonias leía notas de amor anónimas escritas por los asistentes.

“Es una comprensión mucho más amplia del amor”, dijo Carine Almeida Silva dos Santos, psicóloga de 39 años, que estaba en la fiesta con su pareja, una mujer trans, y otra mujer con la que salía su compañera.

$!Aunque Brasil sigue siendo una nación conservadora y religiosa, muchos rechazan la monogamia y buscan nuevas definiciones de romance y de familia.

Almeida, que se crio evangélica, había estado casada con un hombre de su iglesia, pero dijo que empezó a cuestionarse las normas que le impedían salir con otras personas y comenzó a explorar su bisexualidad. “Fue un proceso, para entenderme a mí misma y deconstruir estos conceptos de pecado, de espiritualidad”, dijo.

Incluso los partidarios del poliamor reconocen que dejar de lado la exclusividad no siempre facilita las relaciones. La relación conlleva un estigma en los círculos brasileños más tradicionales, donde se considera un estilo de vida promiscuo.

“La gente cree que solo se trata de sexo”, dijo Viviane, la activista, mientras se abría paso entre la multitud, dando besos con labial a sus parejas, tanto pasadas como actuales. “Y no es así para nada”.

Rúbia Agatz, de 36 años, y Felipe Graça, de 40, han intentado ser discretos sobre sus citas ocasionales con personas ajenas a su relación, preocupados de que se les critique. “Siempre existe ese miedo, como ¿qué va a pensar la gente?”, dijo Agatz, contadora.

El apoyo al poliamor no se limita a Brasil. (La monogamia no es la norma en partes de África, Medio Oriente, Asia y en algunas comunidades indígenas, por mencionar algunos ejemplos). Las investigaciones demuestran que alrededor del 10 por ciento de los estadounidenses mantuvieron en algún momento de su vida una relación que no era monógama. Y en Bélgica, un estudio reveló que el 16 por ciento de las personas habían tenido experiencias fuera de la monogamia durante el último año.

La mayoría de los académicos describen la no monogamia como cualquier relación emocional o sexual que no requiera que la pareja sea exclusiva. Esto podría significar parejas que intercambian casualmente compañeros, o personas que forjan relaciones de compromiso con más de una persona. En general, el objetivo es alejarse de un modelo que arroja a una pareja romántica como más importante que otra.

Pero, en la práctica, no siempre es sencillo desechar por completo las costumbres tradicionales en torno a cómo se construyen los lazos románticos y se forman las familias.

“Es muy difícil no volver a caer en la monogamia”, dijo Pâmela Gadelha, de 35 años, peluquera que comparte casa con su pareja principal. Aunque son poliamorosos, criar niños pequeños y gestionar apretadas agendas de trabajo puede hacer difícil encontrar tiempo o intimidad para otras personas. La monogamia, dijo, “puede parecer el camino más sencillo”.

Además, también existen complejidades a la hora de gestionar las relaciones con más de una pareja romántica. “Cuando añades compañeros, estás añadiendo más gente, más sentimientos”, dijo Rafaella Bernardo Vieira, de 31 años, una productora de espectáculos que tiene dos novios y otra relación ocasional. “Así que tienes que manejar eso con cuidado”.

¿Alguna vez hay celos? “Todo el tiempo”, dijo Vieira. “Pero aprendes que no se trata de las acciones de la otra persona”, añadió. “Viene de un lugar de posesividad. Y empiezas a entender que la gente no te pertenece”.

De vuelta en casa de Duarte y Pissurno, sus parejas daban bocados de fruta a la pequeña, Hari. La niña prorrumpió en risitas mientras Pissurno y Couri entonaban melodías infantiles.

El tiempo de calidad tiene un aspecto diferente para cada uno. Para Duarte y Pissurno, puede ser ver una telenovela en el sofá. La noche de cita con Couri, de 34 años, a menudo implica salir a bailar. Souza, de 41, es conocido por preparar elaboradas comidas caseras.

Dicen que son libres de salir con quien les plazca, y cada uno cuenta con media decena de parejas románticas cercanas. Pero no es que todo valga.

“Sal con quien quieras, acuéstate con quien quieras”, dijo Couri. “Pero no te atrevas a ver nuestro programa de televisión sin mí”.

A lo largo de los años, sus parejas, dice Duarte, la han ayudado en las estresantes reformas de su casa, en el embarazo y en el proceso de convertirse en madre primeriza. “Fue una época caótica”, dijo. “Y cada uno de ellos me dio mucho afecto y cariño”.

Tras terminar el almuerzo, el grupo se acurrucó en el sofá antes de llevar a Hari al parque infantil. “Dicen que hace falta una aldea, ¿verdad?”, dijo Pissurno refiriéndose a un refrán africano que afirma que para criar un niño se necesita un pueblo. “Para nosotros, así es como se ve la aldea”. c. 2026 The New York Times Company.

Por Ana Ionova y María Magdalena Arréllaga, The New York Times.

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