Canadá estrecha lazos con Europa mientras busca reducir su dependencia de Estados Unidos
La iniciativa fue planteada por Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, quien propuso elevar la relación entre ambas partes a un nivel mucho más profundo
El primer ministro canadiense, Mark Carney, respaldó públicamente la posibilidad de que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la Unión Europea, una propuesta que podría marcar un nuevo capítulo en las relaciones entre Ottawa y Bruselas.
La iniciativa fue planteada por Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, quien propuso elevar la relación entre ambas partes a un nivel mucho más profundo. La idea contempla crear un nuevo tipo de vínculo institucional que, por ahora, no está contemplado en los tratados europeos.
Durante su intervención ante el Parlamento Europeo, Carney dejó claro que Canadá no pretende formar un nuevo bloque internacional destinado a competir con Estados Unidos, China u otras grandes potencias.
“No propongo un tercer bloque para convertirnos en rivales de las grandes potencias”, afirmó.
Según el primer ministro, la prioridad es aumentar la capacidad de Canadá para resistir presiones económicas y políticas externas. Para ello, Ottawa pretende ampliar sus vínculos con Europa en sectores estratégicos como defensa, energía, minerales críticos, inteligencia artificial, investigación, espacio, comercio y servicios financieros.
UNA RELACIÓN QUE PODRÍA IR MUCHO MÁS ALLÁ DEL LIBRE COMERCIO
La propuesta europea contempla superar el marco del actual acuerdo de libre comercio entre Canadá y la UE y construir una relación más amplia basada en lo que von der Leyen denominó una “Alianza para el Futuro”.
El objetivo sería establecer un espacio de cooperación económica y de seguridad mucho más integrado.
La reacción de Carney fue especialmente simbólica. Mientras se encontraba en el Parlamento Europeo, el primer ministro canadiense recibió con aprobación la iniciativa y posteriormente abrazó a von der Leyen ante los aplausos de los legisladores.
La siguiente oportunidad para avanzar en la propuesta llegará en la cumbre Canadá-UE prevista para los días 29 y 30 de octubre en Montreal. Allí, ambas partes podrían comenzar a definir qué derechos, obligaciones y mecanismos tendría una eventual membresía asociada.
Por el momento, todavía no existe una definición concreta de ese estatus.
OTTAWA BUSCA ALTERNATIVAS FRENTE A WASHINGTON
El acercamiento a Europa ocurre en un momento de creciente tensión entre Canadá y Estados Unidos.
Durante décadas, la economía canadiense se ha apoyado fuertemente en el mercado estadounidense.
Aproximadamente el 70% de las exportaciones de Canadá tienen como destino Estados Unidos, una dependencia que expone a Ottawa a las decisiones comerciales de Washington.
Las políticas arancelarias impulsadas por Donald Trump, sus demandas de concesiones económicas y sus declaraciones sobre la posibilidad de que Canadá se convierta en el estado número 51 de Estados Unidos han contribuido a que el gobierno canadiense busque nuevos espacios económicos y estratégicos.
Carney ha rechazado aquellas exigencias que considera incompatibles con la soberanía canadiense y ha insistido en la necesidad de diversificar las relaciones internacionales del país.
TRUMP CUESTIONA EL ACERCAMIENTO
La propuesta europea también provocó una reacción inmediata del presidente estadounidense.
Trump calificó de “ridícula” la posibilidad de que Canadá adquiera un estatus especial dentro de la Unión Europea y advirtió que una iniciativa de este tipo podría ser considerada un acto hostil.
También amenazó con imponer nuevos aranceles a Europa si Washington llegara a interpretar que la iniciativa canadiense y europea tiene un carácter contrario a los intereses estadounidenses.
Carney, sin embargo, evitó presentar la relación con Europa como una confrontación directa con Washington.
Su argumento es que Canadá necesita ampliar sus opciones internacionales para evitar depender excesivamente de cualquier potencia.
LA ESTRATEGIA DE LAS POTENCIAS INTERMEDIAS
La postura de Carney forma parte de un discurso que el primer ministro canadiense ha desarrollado durante los últimos meses: la necesidad de que los países de tamaño medio trabajen conjuntamente para reducir su vulnerabilidad frente a las grandes potencias.
En el Foro Económico Mundial de Davos, en enero, Carney advirtió que los países que negocian individualmente con una potencia dominante parten de una posición más débil.
Trump respondió públicamente a esas declaraciones al día siguiente.
Ahora, Ottawa parece buscar una aplicación concreta de aquella estrategia mediante una cooperación más estrecha con Europa.
El embajador designado de Canadá ante la UE, Jonathan Wilkinson, señaló que el objetivo no es solicitar la plena incorporación a la Unión Europea. Una adhesión formal supondría obligaciones políticas e institucionales que Canadá no está buscando.
La intención sería establecer una relación lo suficientemente estrecha como para aprovechar las ventajas de una mayor integración sin abandonar la autonomía política canadiense.
DEFENSA, ENERGÍA Y TECNOLOGÍA
El acercamiento tampoco parte desde cero.
Canadá ya ha comenzado a incorporarse a determinadas iniciativas europeas. Este año se convirtió en el primer país no europeo en participar en el programa de adquisiciones de defensa SAFE de la UE, con un valor de 173.000 millones de dólares.
La participación permite a empresas canadienses acceder a determinados procesos de adquisiciones conjuntas mientras los países europeos incrementan sus inversiones en defensa.
Paralelamente, Ottawa y Bruselas han explorado nuevas formas de cooperación en áreas consideradas estratégicas, entre ellas los minerales críticos, la energía, la inteligencia artificial y el comercio digital.
Estos sectores podrían convertirse en algunos de los pilares de una futura relación más estrecha.
EUROPA VE UNA OPORTUNIDAD EN CANADÁ
Para algunos especialistas, el deterioro de las relaciones entre Washington y sus aliados está modificando las prioridades estratégicas tanto de Canadá como de Europa.
Daniel Béland, profesor de ciencias políticas de la Universidad McGill, sostiene que las políticas y declaraciones de la administración Trump están impulsando a Ottawa y Bruselas a prepararse para un escenario internacional en el que Estados Unidos tenga un papel de liderazgo menos dominante.
Otros analistas consideran que la manera en que Carney ha respondido a Washington también ha contribuido a aumentar el interés europeo por Canadá.
Nelson Wiseman, profesor emérito de la Universidad de Toronto, señaló que Europa ha visto tradicionalmente a Canadá como un país con un conocimiento particularmente profundo de Estados Unidos debido a sus estrechos vínculos económicos, políticos y culturales con su vecino.
A su juicio, la decisión de Carney de resistir algunas de las exigencias de Washington, en lugar de aceptarlas rápidamente, ha reforzado esa percepción.
UN NUEVO EQUILIBRIO INTERNACIONAL
La propuesta de membresía asociada todavía se encuentra en una etapa inicial y sus características deberán ser negociadas.
Pero el debate revela un cambio importante en la estrategia internacional de Canadá.
Ottawa no plantea abandonar su relación con Estados Unidos. El objetivo declarado es reducir la dependencia de un único mercado y ampliar el número de socios con los que Canadá puede cooperar en asuntos económicos, tecnológicos, energéticos y de seguridad.
Europa, por su parte, parece interesada en aprovechar esa apertura para construir una relación inédita con un país que comparte numerosos intereses estratégicos con el bloque, pero que permanece fuera de sus estructuras políticas.
La cumbre de Montreal en octubre será una primera prueba para determinar hasta dónde puede llegar esta nueva asociación.
Más que la creación de un nuevo bloque contra Estados Unidos, la iniciativa apunta a una transformación del lugar que Canadá ocupa en el escenario internacional: mantener sus vínculos con Washington mientras construye alternativas económicas y estratégicas con Europa y otras potencias intermedias.