El impulso de Trump por lograr acuerdos con Rusia aumenta su frustración con Ucrania

El impulso de Trump por lograr acuerdos con Rusia aumenta su frustración con Ucrania

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Trump impulsa un acercamiento con Putin y presiona a Zelenski para negociar un acuerdo con concesiones territoriales, mientras Ucrania duda de poder sobrevivir sin el apoyo de EU

Internacional
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Las recientes medidas adoptadas por el presidente de Estados Unidos, que parecen favorecer a Putin, reflejan su deseo de normalizar la relación con Moscú, incluso si ello implica limitar aún más a Ucrania.

Dejó de lado una ley bipartidista, firmada apenas unas semanas antes, que imponía nuevos aranceles a Rusia. Cerró un acuerdo para comprar diésel a Moscú. Sus negociadores pactaron las líneas ambiguas de un acuerdo para adquirir gran parte de Lukoil, una maltrecha empresa energética rusa. Además, pidió la destitución del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, cuyo éxito al llevar el combate al interior de Rusia le genera una profunda frustración.

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En contraste, dijo: “Le hemos dado mucho a Ucrania. Ellos no nos han dado nada. Recuerden eso”. Repitió la afirmación para darle énfasis. La noche anterior, escribió en las redes sociales que Zelenski “no quiere terminar esta guerra, y probablemente nunca lo quiso”, porque le aportaba un flujo de dinero y armas desde Europa, sin mencionar que Ucrania lucha por su soberanía e incluso por su supervivencia en una guerra que no comenzó.

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El desdén de Trump por Zelenski no es nuevo. Tampoco lo es su disposición a concederle a Putin el beneficio de la duda, pues a menudo ha expresado respeto e incluso admiración por el líder ruso.

Sin embargo, lo diferente ahora es la mayor determinación de Trump de imponerle un acuerdo a Zelenski. Le plantea que no vale la pena resistir para conservar las zonas ocupadas de las provincias del este del país y que Ucrania también podría obtener beneficios económicos si dejara de oponerse a un pacto, incluso si este se redacta, en gran medida, bajo las condiciones de Rusia.

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Ese será el mensaje de Estados Unidos para Zelenski el martes en Oslo, donde se espera que el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, se reúna con el presidente ucraniano. Jared Kushner, yerno de Trump, participará en la reunión de forma remota, informó el Gobierno noruego en un comunicado.

El primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Store, y Alexander Stubb, presidente de Finlandia, también participarán en la conversación, según el comunicado. Finlandia se ha convertido en un miembro entusiasta de la alianza de la OTAN. Durante la Segunda Guerra Mundial, cedió alrededor del 12 por ciento de su territorio a Rusia y nunca lo ha recuperado.

Al día siguiente, Witkoff y Kushner volarán a San Petersburgo, Rusia, para reunirse con Putin en su ciudad natal. Se espera que allí los representantes de Trump den el siguiente paso en sus esfuerzos por mostrar los beneficios de llegar a acuerdos con Putin, al asegurar la liberación de un estadounidense retenido desde hace tiempo.

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Trump volvió a abordar el lunes la posibilidad de una liberación de rehenes, pero no dijo quién estaba involucrado. El único estadounidense que el Departamento de Estado clasifica como “detenido injustamente” en Rusia es Stephen Hubbard, a quien Rusia acusó de luchar como mercenario para Ucrania cuando fue capturado en 2022. Hubbard, de unos 75 años, fue condenado a más de seis años en una colonia penal.

El momento de la liberación, si ocurre, dice mucho sobre la estrategia de Putin. Liberar a un rehén estadounidense de edad avanzada no le cuesta nada a Putin ni beneficia a Ucrania. Sin embargo, en medio de las elecciones intermedias en Estados Unidos, le permite a Trump argumentar que aplica una política exterior que pone a Estados Unidos primero, acompañada de conmovedoras imágenes de un prisionero que se reúne con su familia.

Pero el objetivo más amplio de Putin y Trump es normalizar una relación que comenzó a deteriorarse hace más de una década, cuando Putin tomó Crimea, un territorio que estuvo integrado a Ucrania durante la era soviética, y comenzó a enviar combatientes rusos al este de Ucrania.

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Europa y Estados Unidos respondieron con sanciones. Sin embargo, un año después, la entonces canciller de Alemania, Angela Merkel, firmó un acuerdo con Putin para construir el gasoducto Nord Stream 2 y calificó al líder ruso de “proveedor confiable”.

La idea era reintegrar a Rusia a Occidente, con la esperanza de detener los apetitos territoriales de Putin. El esfuerzo fracasó: siete años después, Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania.

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Ahora, esa historia y la lógica detrás de ella se repiten. Pero es Trump quien asume el papel que alguna vez desempeñó Merkel.

Las ambiciones de Trump son claramente mayores. Ya se habla de una reunión trilateral en China entre Trump, Putin y Xi Jinping, al margen de una cumbre más amplia de los países de la cuenca del Pacífico programada para el próximo mes. Trump dijo el lunes que el objetivo sería discutir sobre los tres arsenales nucleares más grandes del mundo y la “desnuclearización”. Es probable que se refiriera al control de armamento, dado que ninguna de las tres potencias parece estar cerca de eliminar sus arsenales nucleares.

Eso es exactamente lo que Putin tiene en mente: ampliar las conversaciones con Estados Unidos para incluir otros temas, además de Ucrania, y hacer que el prolongado conflicto parezca solo uno de los muchos asuntos que deben gestionarse. Si se celebra la reunión trilateral, la imagen de los líderes de las tres mayores potencias nucleares en conversaciones probablemente insinuaría que se reparten el mundo en zonas de influencia, de manera similar a como lo hicieron Stalin, Churchill y Franklin D. Roosevelt en Yalta.

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Un mes después está previsto que los tres vuelvan a reunirse, esta vez durante la cumbre del G20 en el complejo Doral de Trump, en Florida. Hace varios meses, Trump invitó a Putin a asistir, lo que constituyó el primer indicio de que el líder ruso estaba siendo reintegrado tras el aislamiento.

Sin embargo, para llegar a ese punto, Trump tuvo que abandonar toda conversación sobre ayudar a Ucrania a defender una democracia incipiente, aunque todavía plagada de corrupción. Si bien insiste en que cualquier acuerdo sobre la guerra incluiría “garantías de seguridad” para evitar que Rusia vuelva a invadir, funcionarios ucranianos dicen que ahora dudan de que Estados Unidos realmente acuda en su ayuda, al menos mientras Trump esté en el poder.

“La razón por la que es difícil pensar en un precedente de que Estados Unidos cambie de bando en un conflicto como este es que, en realidad, no lo hay”, dijo Richard Haass, un diplomático veterano que sirvió a gobiernos republicanos y demócratas desde el final de la Guerra Fría hasta la invasión de Irak hace 23 años.

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“Lo que no tiene precedentes aquí es la decisión de cambiar de rumbo y castigar a la víctima de la invasión —Ucrania— mientras se recompensa al agresor”.

De hecho, como sugiere Haass, no hay una analogía satisfactoria en la historia reciente.

Richard Nixon sorprendió a los aliados en 1972 con su apertura a China, que condujo años después, durante el gobierno del presidente Jimmy Carter, al reconocimiento diplomático de la República Popular China y al fin de las relaciones diplomáticas formales con Taiwán. Sin embargo, no había una guerra activa cuando Nixon dio ese paso, y este estuvo acompañado de compromisos importantes de Washington para proteger a Taiwán, una estrategia que ha funcionado hasta ahora durante casi medio siglo.

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Estados Unidos se retiró de Vietnam. Aunque mantuvo disputas considerables con Vietnam del Sur, no se alineó abiertamente con el Norte. Por su parte, Trump, durante su primer mandato, y después el presidente Joe Biden negociaron y ejecutaron un acuerdo con los talibanes que condujo rápidamente a la toma de control de Afganistán. Se trató, una vez más, de una retirada que resultó en el colapso de un gobierno que Estados Unidos había intentado apuntalar. Sin embargo, no se han gestado acuerdos comerciales con los líderes talibanes.

Los asesores de Trump insisten en que la guerra entre Rusia y Ucrania se encuentra ahora en lo que llaman un “punto de inflexión”. El próximo movimiento, sostienen, le corresponde a Zelenski, quien debe demostrarle a Trump que también está dispuesto a negociar con los rusos, incluso si eso significa renunciar a territorio soberano.

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El líder ucraniano prometió una vez ante el Congreso de Estados Unidos que nunca lo haría. A cambio, recibió una ovación de pie y promesas de que el apoyo estadounidense no flaquearía. El domingo, durante su aparición en el programa *Meet the Press*, de NBC, Zelenski reconoció que el ambiente era diferente. Cuando se le preguntó si su país podría sobrevivir sin la ayuda militar y de inteligencia estadounidense, respondió: “Por supuesto, en todas las situaciones difíciles, tienes una oportunidad. Pero tendremos pocas posibilidades... pocas posibilidades de sobrevivir sin el apoyo de Estados Unidos”. c. 2026 The New York Times Company.

Por David E. Sanger.

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El periódico publicado en la ciudad de Nueva York es editado por Arthur Gregg Sulzberger y se distribuye en los Estados Unidos y otros países. Desde su primer Premio Pulitzer, en 1851, hasta la fecha, lo ha ganado 132 veces.

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