Los cubanos cocinan con carbón y leña para sobrevivir durante la crisis energética

Los cubanos cocinan con carbón y leña para sobrevivir durante la crisis energética

+ Seguir en Seguir en Google

La crisis energética y económica en Cuba ha alcanzado niveles críticos, obligando a los residentes de Santiago de Cuba a recurrir a métodos tradicionales, como cocinar con carbón, plástico o leña dentro de sus hogares

Internacional
/
COMPARTIR

Por: Ed Augustin and Lisette Poole González

Una noche reciente, Yusimi Castellano estaba agachada sobre su estufa de hierro; dispuso el carbón y colocó suavemente sobre él la espuma de poliestireno y el plástico que usó como yesca. Utilizó un encendedor para prender un fuego pequeño.

Un humo nocivo se extendió por su apartamento, situado en el piso 18, y acabó dirigiéndose al antiguo cuartel militar donde se dice que comenzó la Revolución cubana y a las verdes montañas que rodean Santiago de Cuba, la segunda ciudad más grande del país.

Lentamente, el carbón empezó a brillar. Puso encima una parrilla hecha con percheros viejos y coció unos espaguetis para la cena de su familia.

https://vanguardia.com.mx/dinero/cierra-crudo-con-baja-de-casi-7-por-posible-acuerdo-para-reabrir-ormuz-JI20933921

Castellano, de 58 años, dijo que no debería cocinar con carbón. Tiene asma y últimamente le falta el aire y tose constantemente. Pero para ella, no hay otra opción.

Los rudimentarios métodos de cocina de Castellano se han convertido en la norma en el complejo donde vive: cinco edificios de 18 pisos, cada uno con 120 apartamentos, que en su día buscaban ser un escaparate de la promesa de la Revolución cuando se inauguraron hace cuatro décadas.

Hoy, algunas personas ni siquiera pueden permitirse carbón vegetal y recurren a cortar leña para cocinar en sus casas.

La vida aquí y en gran parte de Cuba, que ya era difícil debido a una economía que lleva años en ruinas, ha empeorado aún más desde que el gobierno de Donald Trump inició su campaña de presión contra el gobierno comunista del país.

$!Personas en motos eléctricas esperan durante un apagón que ocurrió este lunes en La Habana (Cuba).

En un principio, el gobierno de Trump detuvo las entregas de petróleo de Venezuela, principal benefactor de Cuba, después de que las fuerzas estadounidenses capturaran en enero al presidente de Venezuela.

Después, el presidente Trump utilizó la amenaza de los aranceles para cortar casi por completo los envíos de combustible extranjero, incluidos los de México, el otro proveedor crucial de Cuba.

El gobierno cubano afirma que sus reservas de petróleo se han agotado y que su envejecida red eléctrica es cada vez menos fiable. El país produce algo de petróleo, pero está muy lejos de ser suficiente para satisfacer sus necesidades.

Fuera de La Habana, la capital, los cortes de electricidad ahora duran 20 horas al día. La falta de energía ha desencadenado una enorme crisis humanitaria que se ha vuelto mortal.

La principal refinería en Santiago ha dejado de producir gas licuado de petróleo, gas de cocina fabricado principalmente con petróleo venezolano y mexicano.

El pasado mes de diciembre, Castellano recogió un pequeño cartucho lleno de gas de cocina de una tienda estatal situada en los bajos de su edificio. Se suponía que los cartuchos debían rellenarse cada mes, pero para entonces ya se rellenaban aproximadamente cada dos meses. Sin embargo, desde enero no se ha suministrado gas.

Desayunar en casa de Castellano se ha convertido en una rareza. Como el ascensor ya no funciona la mayor parte del tiempo, el repartidor que solía traer el pan no está dispuesto a subir 18 pisos.

Pero la familia no tiene otra opción. Cinco mañanas a la semana, la sobrina de Castellano acompaña a su madre, Giorgina, de 87 años y enferma de demencia, escaleras abajo hasta un centro diurno estatal para personas mayores, situado a unas manzanas de distancia. Por la tarde, ambas deben volver a subir las escaleras.

“Están estrangulando al país”, dijo la sobrina, Yailen Menéndez, de 38 años.

Los residentes no pueden dormir. Como nadie sabe cuándo volverá la electricidad, la gente deja encendidas las luces y los ventiladores. Si vuelve la electricidad, el resplandor repentino o la brisa fresca los despertará para que puedan hacer sus tareas antes de que se produzca otro apagón.

$!El Gobierno cubano ha reconocido que la situación del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) de la isla es crítica.

Un vecino de Castellano, quien pasó rápidamente a dejarle una ramita de orégano, dijo que la noche se había convertido en día, pues todo el mundo se levanta cuando llega la luz para hacer todo.

Aunque muchos hogares de La Habana todavía cuentan con gas canalizado en sus cocinas, Santiago, como el resto del país, no dispone de ese tipo de infraestructura. (La población de Santiago, según el censo más reciente de 2012, era de unos 431.000 habitantes, pero eso fue antes de una enorme oleada migratoria que salió de Cuba. Muchos apartamentos del complejo de Castellano están vacíos).

La ciudad, donde la mayoría de la población es afrocubana, ha sido tradicionalmente un pilar de apoyo al gobierno, pero es más pobre que La Habana, tiene un sector privado menos desarrollado y recibe menos remesas del extranjero. Con menos para amortiguar la crisis, Santiago se ha visto especialmente afectada por el colapso económico.

Haydee Gómez Suárez, de 63 años, quien vive en una torre distinta a la de Castellano, vende delgadas bolsas de plástico para pan por el equivalente a 2 céntimos de dólar por pieza frente a panaderías privadas. Pero los hornos de las panaderías son eléctricos.

“Si no hay corriente, no hay pan”, dijo. “Y si no hay pan, no puedo vender ni una bolsa”.

Ha perdido más de nueve kilos en los últimos años, dijo, y solo come una vez al día.

El agua se filtra por su apartamento húmedo y lúgubre. Cocina con cartones y restos de madera que encuentra en montones de basura.

Vierte cubos de agua sobre las paredes de su cocina, pero el olor de los fogones se adhiere a los muebles y el hollín ha oscurecido las paredes.

La situación dista mucho de cuando se inauguraron las torres en 1983. Una revista cubana describió el complejo, construido con tecnología antisísmica, como la futura cara de la ciudad.

Los edificios se inauguraron en el 30 aniversario del fallido asalto rebelde al cuartel militar Moncada, que se divisa desde los edificios. El ataque, protagonizado por Fidel Castro y su pequeña banda de rebeldes el 26 de julio de 1953, fue mitificado posteriormente como el inicio de la revolución que derrocó a un dictador alineado con Estados Unidos.

(El hermano de Fidel, Raúl Castro, que también luchó en la cercana sierra Maestra, fue imputado la semana pasada por cargos de asesinato por el derribo de dos aviones civiles hace 30 años, en el que murieron cuatro hombres, entre ellos tres estadounidenses).

Los apartamentos del complejo se entregaron a las familias de los guerrilleros rebeldes y a los trabajadores de una nueva planta textil que el gobierno considera una de las más grandes de América Latina. El nombre de cada edificio está vinculado a la campaña rebelde.

Aida Morales, investigadora de la oficina del historiador en Santiago, dijo que era una proyección hacia el futuro en un país que avanzaba hacia el desarrollo y la emancipación.

Al preguntarle cuál es la proyección ahora, se rió. Dijo que Cuba es una isla y que los cubanos no pueden ir a ningún lado y que no hay nadie que los ayude.

Al caer la noche, Anyerman Quiñones Goicoechea, de 40 años, quien vive en el complejo y es pintor de edificios para una empresa estatal, estaba sentado en una mecedora en la oscuridad, pensativo. Después de trabajar para el Estado durante más de 20 años, siente que no sacó nada de ello.

Dijo que el sistema actual tiene que caer, y que las personas a cargo de él tienen que irse o cambiar su forma de pensar.

Él atribuye los apagones principalmente al régimen y dijo que, en su opinión, Cuba dio prioridad a la construcción de infraestructura turística en lugar de eléctrica.

$!La situación energética en Cuba es crítica, con apagones que en La Habana superan las 22 horas diarias y los dos días consecutivos en el resto del país.

Cuatro pisos por encima de él, una pareja tenía un punto de vista diferente. Antonio Nieto Paneque, de 83 años, y su esposa, quien no quiso compartir su nombre completo, comieron arroz frío y frijoles que ella había preparado a las 11 p. m. de la noche anterior, cuando volvió la electricidad.

Nieto dijo que se unió a un grupo de guerrilla urbana en Santiago cuando era adolescente, en 1957, y que contrabandeaba pistolas por toda la ciudad.

Dijo que la Revolución cubana había llevado la luz eléctrica al campo, porque creían que los campesinos tenían el mismo derecho a ella que las personas en las ciudades.

Su esposa señaló su olla arrocera, su placa de cocción, su frigorífico y una olla a presión “muy buena”, todo ello distribuido hace dos décadas, cuando el gobierno, rebosante de petróleo venezolano barato, intentó conectar las cocinas cubanas a la red eléctrica.

Nieto, con una linterna LED en la frente, dijo que antes del mandato de Trump vivían con normalidad y sus vidas eran estables.

En 2019, el primer gobierno de Trump empezó a imponer sanciones a las empresas que enviaban petróleo venezolano a Cuba y, en respuesta, el gobierno cubano introdujo lo que dijo que eran medidas temporales de ahorro energético. Resultaron ser permanentes.

Incluso antes de la ronda más reciente de medidas del gobierno de Trump, las sanciones habían dejado al gobierno cubano sin dinero suficiente para comprar el combustible que el país necesitaba, dicen algunos economistas. Los funcionarios del gobierno de Trump han culpado de los problemas de Cuba a lo que denominan la corrupción e incompetencia del gobierno, y no al bloqueo petrolero estadounidense.

Aun así, mientras la mayoría de los cubanos ahora carecen de electricidad, transporte público y gas para cocinar, la policía y las fuerzas armadas cubanas siguen recibiendo combustible para sus vehículos.

La red eléctrica cubana de la era soviética está obsoleta, debilitada por décadas de inversión insuficiente y falta de mantenimiento, resultado del fracasado modelo económico de la isla y de las sanciones impuestas a las piezas necesarias para mantener el sistema.

A medio camino de la torre ennegrecida donde viven los Castellano, el resplandor anaranjado de un fuego de leña iluminaba el balcón de uno de los apartamentos. Figuras silueteadas se inclinaban sobre las llamas.

En el parque de abajo, la vida continuaba. Un vendedor ambulante golpeaba la caja metálica que mantenía calientes sus cacahuetes tostados enfundados en flautas de papel. Cerca, otros vendedores vendían golosinas, preservativos y velas.

Yoandris García, de 33 años, otro residente del complejo, se sentó cerca de ellos; prefería el aire más fresco a otra noche en vela sudando en la cama.

Dijo que perdió su empleo el mes pasado cuando la empresa de microbuses para la que trabajaba se quedó sin combustible. Al día siguiente, dijo con naturalidad, planeaba caminar más de seis kilómetros para cortar leña con un machete y llevarla a casa al hombro.

https://vanguardia.com.mx/noticias/internacional/trump-asegura-que-iran-nunca-obtendra-un-arma-nuclear-en-medio-de-criticas-internas-PI20930069

Al otro lado de la avenida, la única farola se apagó. García dijo que esperaba que eso significara que la electricidad podría dirigirse a otra parte, como ocurre a veces.

“Ahora la pondrán por aquí”, dijo, señalando con la cabeza hacia las torres de apartamentos. No ocurrió nada.

Para muchos aquí, la cuestión de por qué hay tan poca electricidad es irrelevante. Desilusionados, impotentes y agotados, muchos dicen que ya no les importa. Están demasiado ocupados sobreviviendo.

“Los que están en el poder saben la verdad”, dijo Felo González, de 50 años, reparador de muebles. “Nuestro trabajo es buscarnos la vida”.

c. 2026 The New York Times Company

Lee en Vanguardia los mejores contenidos de The New York Times sobre política nacional, internacional, negocios, ciencia, cultura, estilo de vida, opinión y deportes.

El periódico publicado en la ciudad de Nueva York es editado por Arthur Gregg Sulzberger y se distribuye en los Estados Unidos y otros países. Desde su primer Premio Pulitzer, en 1851, hasta la fecha, lo ha ganado 132 veces.

Selección de los editores