Trump le da a Putin motivos para ser optimista
El acuerdo sobre el diésel y la presión de Donald Trump para frenar los ataques ucranianos contra refinerías rusas podrían aumentar los ingresos de Moscú mientras continúa la guerra
Rusia ha salido beneficiada con un acuerdo sobre diésel y un aumento de la presión de Estados Unidos sobre Ucrania, mientras las necesidades políticas de Trump se alinean con su inclinación por Rusia.
Las victorias para el presidente ruso, Vladímir Putin, llegaron desde Washington en rápida sucesión.
El presidente Donald Trump propuso un alivio de las sanciones al diésel ruso. Pidió públicamente que Ucrania cambiara de líder y presionó a Kiev para que detuviera una campaña de ataques contra instalaciones petroleras rusas que ha afectado la economía de ese país.
A cambio, Putin ofreció más guerra.
Minutos después de que Trump anunciara el acuerdo sobre el diésel, el Kremlin reiteró la postura de Putin de que, por el momento, no negociaría con Ucrania, porque seguía molesto por los ataques ucranianos realizados durante las elecciones parlamentarias rusas del mes pasado.
Al día siguiente, Rusia lanzó un ataque contra la ciudad ucraniana de Zaporiyia que mató a 22 personas, incluidos cuatro niños. Fue el más reciente de una serie diaria de devastadores ataques rusos que han aumentado drásticamente el número de víctimas civiles en Ucrania, mientras Kiev experimenta una grave escasez de misiles de defensa antiaérea.
Putin ha señalado que planea intensificar aún más las acciones, con el objetivo de inutilizar la infraestructura eléctrica y de suministro de agua de Ucrania durante el que, según prevén los ucranianos, será el peor invierno de la guerra.
Putin cosecha sus victorias mientras las propias necesidades políticas internas de Trump se alinean con su prolongada inclinación a favorecer a Rusia. Con el presidente estadounidense enfocado en intentar reducir los precios del combustible antes de unas complicadas elecciones intermedias, está presionando a Kiev para que ceda su influencia a cambio de nada.
Ucrania ha dicho que suspendería sus ataques contra las refinerías de petróleo si Rusia cesaba los ataques contra las instalaciones energéticas ucranianas de cara al invierno. Sin embargo, cuando Trump anunció un “alto al fuego energético” el domingo, solo se refirió a una suspensión de los ataques contra las refinerías de petróleo de ambos países, reportó The New York Times. Ucrania solo tiene una refinería de petróleo importante, y los ataques rusos la dejaron prácticamente fuera de servicio en 2022.
Trump ha promovido su acuerdo energético con Putin como un ejemplo de cómo está abordando el desafío del diésel en Estados Unidos, el cual, según los expertos, es más atribuible a la guerra con Irán. Sin embargo, los funcionarios ucranianos lo vieron como una traición que socava años de esfuerzos occidentales para privar de fondos a la maquinaria de guerra rusa.
Es posible que el acuerdo ni siquiera contribuya mucho a bajar los precios del diésel. Los economistas han señalado que la cantidad de combustible de la que se habla no basta para producir un cambio significativo.
“El presidente de Estados Unidos está enfocado en una cosa, que es él mismo y su lectura del mundo”, dijo Alexander Gabuev, director del Centro Carnegie Rusia Eurasia.
Esa lectura, señaló Gabuev, incluye la obstinada negación de Trump de que su decisión de ir a la guerra contra Irán provocó que los precios del combustible se dispararan. “En su visión del mundo, la guerra del Golfo no juega un papel en la actual crisis del diésel, y tiene que haber una solución mágica que pase por alguien con quien se siente predispuesto a colaborar, que es Vladímir Putin”.
A principios de este año, las cosas se veían difíciles para Putin. El gasto en la guerra aumentaba rápidamente. Los avances en el campo de batalla se habían reducido a un ritmo lentísimo. Los precios mundiales del petróleo, el principal producto de exportación de Rusia, habían caído a unos 60 dólares por barril.
Entonces, Trump inició la guerra contra Irán junto con Israel. Los precios del petróleo se dispararon a más de 100 dólares por barril. El uso masivo de misiles de defensa antiaérea por parte de Estados Unidos y sus aliados del Golfo en respuesta a los ataques de Irán agotó las reservas destinadas a Ucrania, que quedó cada vez más vulnerable. Mientras Trump buscaba una salida al conflicto, la relación de larga data de Rusia con Irán le ofreció a Putin un nuevo recurso para negociar con Washington.
A medida que la guerra en Irán le reportaba beneficios a Rusia, Ucrania intentaba limitar las ganancias económicas de Moscú con ataques cada vez más eficaces contra las refinerías de petróleo, una campaña que Trump quiere que Kiev finalice.
Los ataques sistemáticos de Kiev contra la infraestructura petrolera rusa llevaron la guerra hasta los rusos como nunca antes, provocaron filas en las gasolineras de todo el país y obligaron a Rusia, uno de los mayores proveedores de diésel del mundo, a suspender las exportaciones.
Mientras los ataques ucranianos reducían la producción, los ingresos fiscales de Rusia por el petróleo y el gas durante los primeros tres trimestres del año cayeron un 17 por ciento en comparación con el mismo periodo de 2025, incluso cuando los precios del combustible aumentaron drásticamente. También influyeron el fortalecimiento del rublo y los subsidios nacionales al combustible.
Ahora, el acuerdo sobre el diésel podría inyectar miles de millones de dólares a la economía rusa. Una suspensión prolongada de los ataques ucranianos contra las refinerías de petróleo —si Kiev acepta detenerlos bajo la intensa presión estadounidense— podría generar mucho más dinero.
Las victorias de Putin van más allá del acuerdo sobre el diésel. Trump también ha recibido este año a ministros rusos en eventos del Grupo de los 20 en Carolina del Norte y Wisconsin, y planea recibir a Putin en diciembre durante la cumbre del G-20 en Miami. Su gobierno también está negociando posibles acuerdos comerciales con el Kremlin, que el equipo de Trump ha planteado como incentivos para alcanzar un acuerdo de paz.
Los analistas dicen que los rusos todavía quieren más del presidente estadounidense.
Cuando Trump regresó al cargo en 2025, Moscú esperaba que Estados Unidos cortara todo el apoyo a Ucrania y obligara al presidente Volodímir Zelenski a capitular en condiciones dictadas, en gran medida, por el Kremlin.
El altercado entre Trump y Zelenski en el Despacho Oval, en marzo del año pasado, hizo parecer que el sueño de Moscú estaba cerca de cumplirse. La decisión del gobierno de Trump de detener las donaciones de armas a Ucrania y suspender el intercambio de inteligencia avivó aún más las esperanzas.
Pero, en los meses transcurridos desde entonces, el intercambio de inteligencia de Estados Unidos se reanudó. Trump negoció un acuerdo para que los europeos compraran armas estadounidenses para Ucrania. Y las negociaciones de paz lideradas por Estados Unidos se desvanecieron a medida que el gobierno de Trump se distrajo con la guerra en Irán.
Fiódor Lukianov, un politólogo ruso que asesora al Kremlin, escribió el mes pasado que Ucrania quedaría prácticamente indefensa si Estados Unidos suspendiera por completo su apoyo militar.
“Pero es poco probable que Trump dé ese paso”, escribió Lukianov, “incluso si personalmente tuviera deseos de hacerlo”, porque una derrota total de Ucrania no le granjearía elogios en los círculos políticos estadounidenses.
Una decisión así de Trump también podría provocar una respuesta más enérgica del Congreso, sobre todo después de las elecciones de mitad de mandato. El Senado aprobó recientemente un proyecto de ley de sanciones contra Rusia, bautizado en honor del senador por Carolina del Sur Lindsey Graham, con un margen a prueba de vetos. Sin embargo, Trump conserva la facultad de suspender sus disposiciones por motivos de seguridad nacional, y tendrá que hacerlo para importar diésel ruso.
Mientras Trump siga sin llegar al extremo de obligar a Ucrania a rendirse, es probable que Putin continúe intensificando la guerra, dijo Hanna Notte, analista del Centro James Martin para Estudios de No Proliferación y autora de We Will Outlast Them, un nuevo libro sobre política exterior rusa.
Sobre Putin, dijo: “Es bastante claro que su intención en este momento es infligir un invierno muy, muy severo a los ucranianos”.
Aunque las fuerzas rusas siguen estancadas en gran medida en el campo de batalla, Putin ha creído durante mucho tiempo que puede lograr la victoria en Ucrania resistiendo más que Kiev y que sus aliados occidentales, a los que considera volubles, según los analistas. Él cree que, tarde o temprano, estos reducirán el amplio apoyo que brindan a Ucrania a medida que se acumulen sus propios problemas internos, explican los expertos.
Las elecciones presidenciales francesas del próximo año podrían llevar al poder a la líder de extrema derecha Marine Le Pen, quien ha abogado por detener la ayuda financiera a Ucrania. El canciller alemán, Friedrich Merz, también enfrenta presiones de un partido de extrema derecha en ascenso que ha exigido poner fin al apoyo a Ucrania. Tanto el Reino Unido como Francia están lidiando con enormes deudas gubernamentales que son mucho más caras de financiar a las tasas de interés actuales.
“Se podría argumentar que, desde la perspectiva del Kremlin, el futuro luce mejor, más propicio para un resultado de la guerra que esté más cerca de sus términos”, dijo Sam Charap, analista sobre Rusia en la Corporación RAND. “Para influir en sus cálculos hace falta cambiar esa percepción del futuro, disminuir ese optimismo”. c. 2026 The New York Times Company.
Por Paul Sonne.