Trump toca tema delicado al afirmar que reunificación de Irlanda sería “fantástica”
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El debate vivo de la unión entre Irlanda del Norte y el estado irlandés se avivó con la visita del mandatario estadounidense
El presidente estadounidense Donald Trump declaró el sábado que una Irlanda unificada sería “fantástica”, al abordar un tema complejo y con una gran carga política durante una visita de fin de semana a un torneo que se disputa en su campo de golf en Irlanda.
En una reunión con el primer ministro irlandés Micheál Martin en Dublín, Trump dijo que le encantaría ver la reunificación de la República de Irlanda con Irlanda del Norte, que pertenece al Reino Unido.
“No quiero causar ningún problema, pero me encantaría verla unificada”, señaló Trump cuando un reportero le preguntó su opinión sobre el tema. “Al final va a suceder. Más valdría que sucediera ahora”.
“Creo que sería algo fantástico”, apuntó, añadiendo que “el Reino Unido tendrá algo que decir al respecto, obviamente”.
En su siguiente parada, Trump reconoció que no hay “una buena respuesta” a la cuestión de la reunificación al dirigirse a líderes empresariales de ambos países reunidos en la residencia del embajador de Estados Unidos.
TRUMP SE REUNIÓ CON PRESIDENTA IRLANDESA QUE LO CRITICÓ
Trump se reunió antes el sábado con su homóloga irlandesa, Catherine Connolly, una política de izquierdas que estuvo entre quienes protestaron por la visita de Trump en 2019, durante su primer mandato. Ahora es la jefa de Estado electa de Irlanda, un cargo en gran medida ceremonial. Partidaria de la causa palestina, en el pasado criticó la política estadounidense en Oriente Medio y calificó a Trump de “abusón”.
Connolly dijo en un comunicado tras la reunión que transmitió a Trump “la firme opinión del pueblo irlandés de que la normalización de la guerra y el genocidio nunca puede ser aceptada”. Le entregó a Trump varios regalos, entre ellos una recopilación del fallecido poeta irlandés Michael Longley que incluye el soneto “Ceasefire”.
Cuando se le preguntó sobre la reunión, Trump primero hizo que su jefa de protocolo, Monica Crowley, respondiera antes que lo presionaran y dijera que fue “muy agradable”.
“Hablamos de muchas cosas, rápidamente”, afirmó Trump.
MILES PROTESTAN CONTRA TRUMP EN DUBLÍN
La policía instaló un cordón de seguridad alrededor del Phoenix Park de Dublín, de 700 hectáreas, donde Connolly, Martin y el embajador estadounidense Edward Walsh tienen residencias y dieron la bienvenida a Trump.
Una marcha de protesta reunió a miles de personas en el centro de Dublín. Para cuando comenzó la protesta, él ya había salido de la ciudad y se dirigía a su campo de golf en Doonbeg, en la costa atlántica del país.
Muchos en la multitud ondeaban banderas irlandesas o palestinas y coreaban “Donald Trump no es bienvenido aquí” y “Gobierno irlandés, ¡qué vergüenza!”.
Paula Butler dijo que acudió con un contingente del Dublin Rape Crisis Centre para oponerse a la “actitud hacia las mujeres, hacia los refugiados, hacia los migrantes” que ha mostrado el presidente estadounidense.
No le impresionó el apoyo de Trump a la unidad irlandesa, una causa popular en Irlanda.
“Yo diría que yo tengo más conocimiento en mi dedo meñique sobre la unidad irlandesa que lo que él (Trump) sabe”, dijo Butler.
Kim Mathis, que se mudó de Florida a Dublín el año pasado con su pareja, dijo que “parte de la razón por la que nos mudamos a Irlanda fue para alejarnos de Trump y de todas sus políticas espantosas”.
Resaltó que lidiar con Trump es “un enigma global” para los gobiernos.
“Sería muy agradable que los políticos simplemente dijeran: ‘Quédate en casa’”.
UNIFICACIÓN IRLANDESA ES UN DEBATE VIVO
Las visiones contrapuestas sobre Irlanda del Norte —si es irlandesa o británica— impulsaron décadas de violencia allí que dejaron alrededor de 3 mil 600 muertos. Los predecesores de Trump han evitado comentar directamente el tema, incluso aquellos, como Joe Biden, con fuertes lazos emocionales con Irlanda.
Cuando Irlanda, que durante mucho tiempo estuvo dominada por su vecino más grande, el Reino Unido, se convirtió en un país autogobernado de mayoría católica hace un siglo, una región de seis condados en el norte, de mayoría protestante, siguió formando parte del Reino Unido.
Irlanda del Norte quedó dividida entre dos comunidades principales: los nacionalistas —en su mayoría católicos— que deseaban unirse con el resto de Irlanda, y los unionistas, en gran medida protestantes, que querían seguir siendo británicos. Las tensiones derivaron en un conflicto conocido como “The Troubles”, tres décadas de violencia en que participaron grupos paramilitares de ambos bandos y tropas británicas.
Un acuerdo de paz de 1998, en cuya consecución fue fundamental Estados Unidos, puso fin a la violencia, pero dejó sin resolver el estatus final de Irlanda del Norte.
El acuerdo de paz prevé la celebración de una consulta sobre la unificación si parece probable que una mayoría vote a favor. El primer ministro británico Andy Burnham dijo el miércoles que el Reino Unido sólo consideraría permitir un referéndum “cuando la opinión pública haya cambiado hasta el punto en que el llamado tenga que ser considerado”. La oficina de Burnham remitió a ese comentario cuando se le preguntó sobre la declaración de Trump.