Un Bolsonaro fue condenado a prisión. Ahora otro podría ser presidente

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La familia Bolsonaro emergió triunfante en las elecciones de Brasil, protagonizando una sorprendente resurrección política en el país más grande de Latinoamérica

Internacional
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BRASIL- El año pasado, Flávio Bolsonaro vio a su padre ser sentenciado a 27 años de prisión por intentar dar un golpe de Estado después de perder la última elección presidencial de Brasil.

A su padre, el expresidente de derecha Jair Bolsonaro, se le prohibió volver a la política.

En ese momento, el joven Bolsonaro tomó el relevo. Luego, un escándalo amenazó con arruinar sus propias aspiraciones presidenciales después de que se le acusara de recaudar fondos para una película biográfica sobre su padre de un banquero desacreditado que estaba en el centro de una enorme trama de corrupción.

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Pero Bolsonaro logró una recuperación espectacular, y la noche del domingo, el día de las elecciones, celebró en una bulliciosa fiesta tras obtener un resultado sorprendentemente sólido que lo puso en camino de convertirse en el presidente del país más grande de América Latina.

“En el fondo, la gente estaba votando por un legado”, dijo Camila Rocha, una politóloga que estudia la derecha brasileña. “Porque creen que, si Flávio fuera elegido, el que gobernaría sería Jair”.

Flávio Bolsonaro, de 45 años, no alcanzó los votos necesarios para una victoria absoluta, pero parecía encaminado a derrotar al presidente Luiz Inácio Lula da Silva en una segunda vuelta a finales de este mes.

Bolsonaro obtuvo más votos que Lula, y ahora es probable que capte muchos de los votos emitidos para otros candidatos de derecha que fueron eliminados en la primera vuelta.

Y el aspirante presidencial no fue el único Bolsonaro que tuvo un buen día de elecciones. Otros cuatro miembros de la familia Bolsonaro también ganaron cargos federales, impulsados por una potente ola de derecha que arrasa en el país.

Sus triunfos consolidan a los Bolsonaro como la fuerza dominante dentro de la derecha de Brasil y podrían convertir al país en la octava nación latinoamericana en elegir a un presidente conservador en los últimos 18 meses.

$!El senador Flavio Bolsonaro, candidato presidencial de la oposición, se dirige a sus partidarios en el lanzamiento de su campaña para la segunda vuelta en Goiânia.

El presidente Donald Trump no tardó en celebrar el desempeño de Bolsonaro, aunque advirtió que la segunda vuelta sería reñida.

“Es una victoria grande”, dijo a los periodistas el lunes. “Reñida; pero una victoria muy grande”.

La votación marcó un giro inesperado para los Bolsonaro, después de que Jair Bolsonaro intentara socavar la democracia e inspirara a miles de sus seguidores a irrumpir en las sedes del poder en Brasil, en un episodio que evocó el ataque al Capitolio de Estados Unidos.

Ahora la presidencia podría otorgar a Bolsonaro, y a su familia, nuevos y amplios poderes para reescribir la historia de Brasil y transformar profundamente su futuro. De ser elegido, Bolsonaro ha prometido buscar la amnistía para su padre y los alborotadores, así como someter a juicio político a los jueces del Supremo Tribunal Federal que los encarcelaron.

Bolsonaro también podría intentar revertir una decisión del tribunal de condenar a su hermano Eduardo por interferir en el juicio por el intento de golpe de Estado contra su padre, presionando a Trump para que instara a Brasil a retirar los cargos.

Con una legislatura sumamente conservadora repleta de miembros de su partido político, incluidos sus familiares, estos objetivos ahora podrían ser mucho más fáciles de alcanzar para Bolsonaro.

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El regreso de la familia Bolsonaro refleja el dominio perdurable de otras dinastías políticas poderosas en el mundo, incluidos los Marcos en Filipinas, los Sharif en Pakistán, los Fujimori en Perú y los Kirchner en Argentina.

En Brasil, como en otros lugares, esa dinastía comenzó con un patriarca carismático con atractivo populista.

Cuando Jair Bolsonaro, de 71 años, irrumpió en la política presidencial en 2018, logró capitalizar el profundo enojo de muchos brasileños ante la corrupción endémica que aquejaba a la clase política del país. Aunque había pasado casi tres décadas como legislador de poca relevancia, el excapitán del ejército logró proyectarse como un político ajeno al establishment.

Tomando a Trump como modelo, arremetió contra la ideología “woke” y ofendió a mujeres y minorías. Prometió una transformación radical de la política, acabar con la corrupción, combatir con mano dura a los delincuentes y restaurar los valores familiares.

En una nación profundamente conservadora y desilusionada con la política, su mensaje sin concesiones encontró a una audiencia entusiasta.

Los brasileños estaban menos entusiasmados con la familia Bolsonaro, desconfiando de los aparentes vínculos entre sus hijos y grupos corruptos o criminales. El drama familiar, principalmente entre los hijos de Bolsonaro y Michelle Bolsonaro, su actual y tercera esposa, también ha empañado su imagen.

$!Simpatizantes de Flavio Bolsonaro, desfilan con una imagen enmarcada del expresidente Jair Bolsonaro, durante un mitin de campaña en Río de Janeiro.

En un episodio que paralizó a la nación, Michelle Bolsonaro, de 44 años, una figura popular entre las mujeres evangélicas, acusó a Flávio Bolsonaro de faltarle al respeto en un mordaz video de 27 minutos publicado en redes sociales, lo que perjudicó la candidatura de Bolsonaro. Finalmente se reconciliaron en un esfuerzo por proyectar unidad.

Sin embargo, el domingo, millones de brasileños parecían haber dejado de lado esas reservas. Además de casi darle una victoria a Flávio Bolsonaro, los votantes también eligieron a dos de sus hermanos, a su madrastra y a un tío en contiendas por las ramas legislativas de la nación.

“Sí, es toda una familia de políticos”, dijo Rocha. “Pero el que está a cargo, a los ojos de la gente, es el padre. A él es a quien le confían su voto”.

Con Jair Bolsonaro fuera de la política, sus seguidores depositaron en Flávio Bolsonaro su confianza en que continuaría la agenda política de su padre. Bolsonaro ha asegurado a sus seguidores que planea seguir el modelo de gobierno de su padre.

“Jair Bolsonaro originó el ‘bolsonarismo’”, dijo Cristóbal Rovira Kaltwasser, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile y director del Laboratorio para el Estudio de la Ultraderecha. “Y él sigue siendo la fuerza electoral influyente”.

El martes, Bolsonaro lamentó una orden judicial que le prohibía visitar a su padre, al afirmar que era una interferencia política dirigida a mantenerlo alejado de su “mentor político”.

En lugar de depender de la maquinaria política de un partido, los Bolsonaro están construyendo su movimiento a través de su marca familiar, dijo Kaltwasser: “Tienen un proyecto ideológico a largo plazo. Y se están asegurando de que perdure en el tiempo”.

En una nación donde muchos votantes han rechazado durante mucho tiempo la afiliación partidista, esta podría ser la clave para un futuro más allá del patriarca del movimiento. Bolsonaro, que está cumpliendo su sentencia en casa por problemas de salud, ha sido hospitalizado numerosas veces con dolencias graves que atribuye a un ataque con arma blanca durante la campaña en 2018.

Al mismo tiempo, la oposición parece más débil que nunca. El partido político de izquierda fundado por Lula logró unir a los votantes a su alrededor durante años, apoyándose en su carisma y atractivo populista.

Pero el movimiento político de Lula no ha logrado producir un sucesor y parece haber perdido contacto con su base; muchos brasileños lo asocian con la corrupción y la mala gestión gubernamental.

Si Bolsonaro logra desbancar a su rival de izquierda en la segunda vuelta del 25 de octubre, obtendría poderes inusualmente amplios para cambiar a Brasil. El próximo presidente podrá nombrar hasta cuatro nuevos jueces para el Supremo Tribunal Federal de la nación, que tiene 11 escaños en total.

Incluso si Lula lograra una recuperación en la segunda vuelta, los analistas dicen que resultaría casi imposible gobernar junto a una rama legislativa profundamente conservadora aliada con Bolsonaro.

Las promesas de Bolsonaro han entusiasmado a algunos de sus más fervientes simpatizantes, que creen que su padre fue encarcelado injustamente y se han sentido frustrados por un escándalo de corrupción que ha envuelto al máximo tribunal de la nación.

Pero la idea de un posible debilitamiento de los controles y contrapesos democráticos también ha inquietado a muchos en Brasil, un país con una oscura historia de caudillos y dictaduras, incluida la brutal junta militar que gobernó la nación entre 1964 y 1985.

“Si es elegido en la segunda vuelta, se le otorga un poder casi total”, dijo Rocha. “Podrá hacer lo que quiera”. c. 2026 The New York Times Company.

Por Ana Ionova, The New York Times.

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