¿Cómo un juego de pelota de hace 3,400 años logra sobrevivir en México?

¿Cómo un juego de pelota de hace 3,400 años logra sobrevivir en México?

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AP
por AP

Tanto las autoridades como los jugadores quieren aprovechar la cita mundialista para reivindicar este juego autóctono y recordar al mundo que algunas de las pelotas más antiguas de la humanidad rodaron por estas tierras

México
/ 9 mayo 2026
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MAZATLÁN- En una cancha de tierra de un árido rancho del Pacífico norte mexicano, cinco primos entre 8 y 13 años se desvisten y descalzan con rapidez mientras los adultos les ayudan con el “fajado” al estilo prehispánico que incluye una gamuza a modo de calzón y un cinturón de cuero que protege caderas y glúteos.

Los más jóvenes de la familia Osuna agarran la pelota de hule que pesa 3.2 kilos, siete veces más que una de fútbol, y empiezan a jugar. Solo la cadera puede tocarla: saltando si llega por el aire, tirándose al suelo si va rodando.

https://vanguardia.com.mx/opinion/3007197-el-juego-de-pelota-en-teotihuacan-IQVG3007197

Mientras México se prepara para coorganizar la Copa Mundial de Fútbol, el país echa la vista atrás 3,400 años para recordar uno de los deportes de equipo más antiguos que se conocen, el juego de pelota o ulama, una práctica casi aniquilada durante la conquista, que sobrevivió en remotas zonas del noroeste mexicano para renacer a finales del siglo XX.

Ahora, tanto las autoridades como los jugadores quieren aprovechar la cita mundialista para reivindicar este juego autóctono y recordar al mundo que algunas de las pelotas más antiguas de la humanidad rodaron por estas tierras.

Quienes lo juegan saben que su atractivo turístico detonó su renacimiento pero muchos se preguntan si el exotismo es la imagen que quieren proyectar de una tradición que forma parte de su identidad.

“Hay que quitar al juego la idea de fósil vivo”, señala Emilie Carreón, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y directora de un proyecto académico-deportivo para estudiarlo y practicarlo.

Para los Osuna es un deporte trasmitido por generaciones que no quieren perder. Por eso tras la muerte del jugador de ulama Aurelio Osuna, su viuda, María Herrera, de 53 años, continuó con su legado enseñando a sus nietos en su pequeño pueblo de Sinaloa, 1.000 kilómetros al noroeste de Ciudad de México.

“Esta semilla va a dar frutos algún día”, asegura.

UN RITUAL PREHISPÁNICO

El libro sagrado maya, el Popol Vuh, cuenta que el mundo fue creado a partir de un juego de pelota, donde la luz y la oscuridad se enfrentaron para equilibrar la vida y la muerte y poner al universo en movimiento.

$!Jóvenes juegan ulema, un juego de pelota mesoamericano que data de la época prehispánica, en Los Llanitos, en las afueras de Mazatlán, México.

Antes que los mayas, lo practicaban los olmecas , la civilización conocida más antigua de Mesoaméricam y la recreación de ese choche de fuerzas contrarias fue común en varias culturas prehispánicas de esta región como demuestran las varias pelotas de hule milenarias encontradas en México y las cerca de 2 mil canchas halladas desde Nicaragua a Arizona, muchas flanqueadas por taludes o con aros en lo alto como las emblemáticas de Chichén Itzá.

El juego, representado en códices, relieves y esculturas, tenía muchas variantes y significados: rituales, ceremonias de fertilidad o de guerra, actos políticos, sacrificios.

Es cierto que algunos jugadores eran decapitados, posiblemente los perdedores, pero Carlos Navarrete, arqueólogo y antropólogo guatemalteco, aclara que eso sólo ocurrió en algunos lugares y ciertos momentos. Esta práctica física muy exigente era sobre todo un evento lleno de emoción y apuestas.

El conquistador Hernán Cortés quedó tan impresionado por el espectáculo que le mostró el emperador azteca Moctezuma que regresó a España con jugadores y pelotas de hule para hacer una demostración ante la corte de Carlos V, escribió Carreón en una revista de antropología.

Sin embargo, los colonizadores acabaron prohibiendo el ulama y mandaron destruir sus canchas, posiblemente por considerarlas una forma de resistencia a la evangelización. “La pelota era el demonio vivo” para la Iglesia católica, agrega la académica.

El juego, practicándolo con la cadera, el antebrazo o un mazo, sobrevivió en la costa norte del Pacífico, zonas donde el proceso colonial fue liderado por los Jesuitas que permitieron el juego en festividades católicas, afirma Manuel Aguilar Moreno, profesor de Historia del Arte en la Universidad Estatal de California.

El primer día de las Olimpiadas de México 1968 miles de espectadores quedaron asombrados con una exhibición realizada por hombres fornidos, cuyos cuerpos se contorneaban de forma insospechada para mantener el ‘hule’ en movimiento el mayor tiempo posible. El evento detonó el interés por estudiar este juego y preservarlo.

EL RUGIR DEL ULAMA

Luis Aurelio Osuna, 30, el hijo mayor de Herrera, empezó a jugar ulama de cadera a la salida de la escuela, como décadas atrás hizo su padre, en un rancho donde no había nada más con que distraerse. Ahora, sus tres hijos también juegan.

Osuna y su madre enseñan a los niños primero a golpear la pelota y luego poco a poco las reglas, que incluyen un complicado sistema de marcador con puntos que se ganan y se pierden. Los equipos tienen hasta seis miembros.

Lo hacen por pasión, pero también por pragmatismo en un estado donde el crimen organizado siempre está latente. “Necesitamos encontrar la manera de que se entretengan en cosas buenas”, dice Osuna.

$!Iker Salgueido juega ulema, un juego de pelota tradicional mesoamericano que data de la época prehispánica, en Los Llanitos, en las afueras de Mazatlán.

Los niños a veces participan en exhibiciones y partidos formales pero nada parecido a los de antes, que reunían a jugadores de muchos ranchos en festividades religiosas y podían alargarse durante días. Poco a poco se perdió el interés en el juego y, además, las pelotas eran cada vez más difíciles de conseguir.

En la década de 1980, el cineasta Roberto Rochín localizó en la sierra de Sinaloa al que quizás era el último fabricante de pelotas de hule. El artesano las elaboraba de forma similar a los olmecas, quienes descubrieron que mezclando la savia caliente del árbol de hule con una planta concreta lograban un material resistente, elástico y muy duradero. Esa civilización fabricó algunas de las pelotas más antiguas del mundo.

SENTIMIENTOS ENCONTRADOS

En los años 90, personal de un resort del Caribe mexicano cruzó el país en busca de familias de Sinaloa que representaran el juego de pelota como reclamo turístico en la Rivera Maya donde ya nadie lo jugaba.

“Es puro espectáculo: se pintan, se ponen plumajes”, critica Herrera. Pero también reconoce lo importante que fue todo eso. “Ahí empezó a renacer”.

La práctica comenzó a extenderse por México con diferentes nombres y modalidades y a conocerse en el exterior. Osuna, con el equipo de familiares que formó su padre, llegó a “darle al hule” en un anfiteatro romano de Italia. Llamó tanto la atención, recuerda, que los contrataron para un anuncio de desodorantes.

A un mes del inicio del Mundial, se preparan exposiciones sobre el juego en Ciudad de México y Guadalajara y tanto autoridades como empresas han vuelto a explotar el exotismo de los jugadores en anuncios para ensalzar las raíces mexicanas de cara a la cita deportiva internacional, algo que ha vuelto a generar sentimientos encontrados.

“No somos monitos de circo”, dice Ángel Ortega, un jugador de Ciudad de México de 21 años, que participó en una grabación con futbolistas pero no pudo mostrar cómo se juega el ulama.

Ilse Sil, jugadora e integrante del proyecto de UNAM que dirige Carreón, cree que además de recuperar las normas y tradiciones de cómo se juega en cada región, se necesita redignificar a los jugadores y adaptar la práctica a los nuevos tiempos.

El apoyo institucional ayudará a preservar el ulama pero considera que las autoridades deben promoverlo en comunidades y escuelas para captar a más jóvenes, porque sigue siendo un deporte muy minoritario, con un estimado de unos mil jugadores, principalmente en México y Guatemala.

En Los Llanitos, nietos de Herrera no paran de jugar. No les importa dónde, en la tierra, en una cancha, en el corredor de su casa, pero siempre prefieren hacerlo con la “reliquia” familiar: una vieja pelota de hule hecha a mano de la forma tradicional en las montañas de Sinaloa. Los niños aseguran que amortigua mejor los golpes.

Kiki, de ocho años, es el más entusiasta. Lleva la mitad de su vida jugando y tiene claro su sueño: tener su propio equipo.

Por María Verza, The Associated Press.

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