Máquinas tragamonedas crecen por omisión de autoridades

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México
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Estas omisiones permitieron que el crimen organizado se apoderara de este negocio

Las máquinas tragamonedas que durante años fueron vistas como un juego inofensivo en las tiendas de barrio, proliferaron al amparo de los vacíos legales, falta de políticas preventivas y la escasa supervisión de las autoridades.

Estas omisiones permitieron que el crimen organizado se apoderara de este negocio, que extrae dinero de las familias de bajos ingresos, normaliza la cultura de la apuesta y acerca a niños y adolescentes a las redes criminales, advierten especialistas en economía y seguridad.

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En entrevista con EL UNIVERSAL, Édgar Záyago Lau, especialista en Economía Política de la Universidad Autónoma de Zacatecas, refiere que el problema se debe a que durante años han persistido vacíos legales, pues existe una prohibición que se concentra en apuestas a gran escala, como en los casinos, pero ignora este problema.

Esto ha normalizado que las maquinitas sean colocadas en las colonias populares, sin que nadie diga nada.

Estima que para combatir esta situación, más que decomisos, hacen falta también políticas públicas.

Explica que, durante años, estas máquinas fueron percibidas como una forma de entretenimiento “que aparentemente no es agresivo para niños y jóvenes, pero resulta que precisamente ahí se mantiene el riesgo (...) Es la normalización de la cultura de la apuesta desde edades tempranas y la adicción que generan al infante como un comportamiento normal y sin consecuencias”.

Señala que el problema es que las tragamonedas “se colocan en espacios comunitarios: tiendas de barrio, en los mercados, cerca de las escuelas, ese es el espacio social donde el enganche es más fértil y, desde ese momento, en la unidad familiar se modifican los patrones relacionados con el ahorro, el consumo, la percepción del riesgo y la adicción, lo que facilita más adelante con la interacción de las conductas antisociales”.

El politólogo advierte que tan sólo por riesgo de desarrollar adicciones al juego, “desde hace mucho ya era suficiente para que el gobierno y la sociedad civil pusieran más atención, pero no lo ven, porque ya lleva tiempo como negocio. Lo grave es que ahora se ha insertado en los círculos de las redes del crimen organizado”.

Explica que los más afectados son los sectores de bajos ingresos, que caen en una “transferencia regresiva de ingresos”, pues salen pequeñas cantidades de dinero de los hogares con menores recursos, que van a los operadores de este tipo de negocios, en este caso, el crimen organizado.

Admite que no es fácil atender o erradicar este problema a través de medidas prohibitivas y punitivas, por lo que se debe trabajar en una plataforma para crear conciencia; una regulación a microescala.

”En la conciencia social las tragamonedas ofrecen una transacción o una atracción a soluciones inmediatas, de generar dinero y un porvenir a través de la apuesta (...), es vender esperanza y ese es el gran problema, porque al enganchar socialmente al niño, al joven, va en contrasentido de lo que puede ofrecer la educación, el trabajo, como alternativas de movilidad social para mejorar las condiciones de vida”, expone el experto.

“Con complacencia”

Por su parte, David Saucedo, especialista en seguridad, precisa que las tragamonedas sólo son el ancla o el gancho para ampliar la cadena de actividades delictivas, como el cobro de piso, distribución y venta de mercancías ilegales o robadas e, incluso, el reclutamiento de menores por parte de grupos criminales.

Señala que el negocio de las máquinas tragamonedas no surgió recientemente. Indica que hace años La Familia Michoacana las utilizó como un modelo “piloto” de negocios, y al tener éxito ha sido replicado en otras regiones del país por otros grupos criminales.

Comenta que la delincuencia organizada tiende a apropiarse de las actividades ilícitas previamente existentes, desplazando a los operadores tradicionales.

Esto ocurrió con las máquinas tragamonedas, pero también con los polleros y las redes de trata, aprovechando las redes de corrupción y protección que tienen con autoridades para ampliar y diversificar el negocio criminal.

Lamenta que el negocio de las maquinitas y toda esta cadena de actividades delictivas que se da en las tiendas de abarrotes, tortillerías, farmacias y pequeños negocios “ocurren a la vista y complacencia de las autoridades locales”.

Precisa que por ser un delito federal le corresponde atenderlo a las delegaciones de la Fiscalía General de la República (FGR).

Sin embargo, considera que este es un pretexto que usan las autoridades municipales y estatales, que tienen facultades para poder hacer resguardos y pueden notificar a la autoridad federal para clausurar los lugares, pero no lo hacen.

La realidad, dice el experto, es que las autoridades locales se mantienen al margen en este tema, pese a que es un delito.

Saucedo considera que debería haber un combate más decidido contra las maquinitas tragamonedas por el riesgo que implica, pues son parte del crimen.

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