Se extiende el uso del Nitazeno, droga que está sustituyendo al fentanilo

México
/ 8 julio 2025

El opioide sintético es más fuerte que el fentanilo y provoca mayores daños en los consumidores

En una habitación de emergencias en el Reino Unido, un médico observa cómo un joven entra en estado de inconsciencia tras inhalar una sustancia mezclada. Le suministran oxígeno, no hay otra opción. El antídoto habitual, la naloxona, no surte efecto. El paciente emite un ronquido seco: señal inequívoca del colapso torácico previo a la muerte cerebral. Esa es la secuencia devastadora del nitazeno, un opioide sintético tan potente que desafía incluso a los protocolos médicos más avanzados.

Mientras en Estados Unidos las cifras de sobredosis por fentanilo comienzan a estabilizarse, una amenaza aún más letal emerge en la sombra. No se trata de una victoria, sino de una mutación del problema. El mercado del fentanilo se debilita, sí, pero lo que surge en su lugar son compuestos más agresivos, más difíciles de detectar y mucho más mortales. Los nitazenos, una familia de opioides sintéticos hasta 50 veces más potentes que el propio fentanilo, ya circulan con sigilo en laboratorios clandestinos de México, camuflados entre mezclas de heroína, cocaína y otros estimulantes.

Su historia comienza hace apenas un lustro. Desde 2019, estos compuestos aparecieron primero en Europa, luego en América del Norte. Alemania, Canadá, Brasil y Estados Unidos han reportado casos, y las cifras crecen. En Reino Unido, su presencia en la cadena de distribución causó 54 muertes en seis meses. México, por su parte, empieza a encender las alarmas. A pesar de la falta de datos oficiales, ya se han encontrado rastros de nitazenos en laboratorios clandestinos en estados como Sinaloa, Jalisco y Sonora.

La preocupación internacional es palpable. Tanto la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) como la Agencia Europea de Drogas han clasificado a los nitazenos como una de las amenazas emergentes más serias. Aunque su uso sigue siendo marginal en Europa, los expertos coinciden en que es sólo cuestión de tiempo antes de que se expandan como lo hizo el fentanilo.

A diferencia de este último, cuya sobredosis puede en muchos casos revertirse con medicamentos como la naloxona, los nitazenos no tienen aún un antídoto efectivo. “No hay una estructura química común que nos permita neutralizarlos”, afirman toxicólogos. El único compuesto que podría ofrecer una alternativa, el nalmefeno, sigue en fase experimental. Su desarrollo requiere inversiones que hoy, lamentablemente, parecen fuera del radar político y financiero.

En México, la situación es particularmente crítica. La infraestructura de salud no está preparada para enfrentar esta ola. No existen protocolos médicos definidos, ni campañas de prevención que adviertan a los consumidores. “La amenaza es invisible”, resume el doctor Joseph Pergolizzi Jr., experto en manejo del dolor. “Ni legisladores, ni médicos, ni usuarios tienen idea de que esto ya está aquí”.

Las consecuencias de su consumo son fulminantes: somnolencia, depresión respiratoria y parálisis torácica. Pero lo más inquietante es la facilidad con la que generan adicción desde la primera dosis, sobre todo cuando se mezclan con tranquilizantes o estimulantes —una práctica cada vez más común en las fórmulas del mercado negro.

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Las agencias de seguridad han identificado a los cárteles mexicanos como actores clave en la proliferación de esta nueva droga. La DEA señala directamente a las facciones de Los Chapitos, del Cártel de Sinaloa, y al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) como responsables de su producción. “Estamos viendo una transformación total: menos cultivos de amapola, menos riesgo y más rentabilidad”, explica un funcionario mexicano que pidió el anonimato.

Y es que los números no mienten: según estimaciones de la ONU, 10 kilos de nitazeno pueden generar el mismo valor que una tonelada de cocaína. Pero a diferencia de esta, los nitazenos aún no están regulados con la misma dureza a nivel internacional, lo que facilita su distribución en mercados donde la legislación va varios pasos atrás.

La evolución de la estrategia del narcotráfico es clara: aprovechar la lentitud institucional para infiltrar drogas más potentes y difíciles de rastrear. Esto pone a prueba no sólo a las fuerzas de seguridad, sino también a los sistemas de salud pública. La mezcla de químicos cambia de un lote a otro, haciendo imposible predecir sus efectos o diseñar respuestas estandarizadas.

“El problema no es sólo farmacológico, es estructural”, afirma un investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición en México. “No hay recursos, ni formación, ni voluntad política para anticiparse a esta amenaza”.

En este contexto, el panorama es sombrío. Los nitazenos no sólo desafían la capacidad de respuesta médica y legislativa, también marcan un punto de inflexión en la guerra contra las drogas. “Cada vez que se prohíbe una sustancia, aparece otra más fuerte, más tóxica y más rentable”, resume el analista Jeffrey A. Singer. Es la llamada ley de hierro de la prohibición.

México, atrapado entre la producción y el consumo, enfrenta un desafío sin precedentes: contener a los cárteles en su carrera química y, al mismo tiempo, construir desde cero una estrategia de salud pública que alcance a una población cada vez más expuesta a estas sustancias invisibles. La pregunta no es si los nitazenos llegarán a las calles mexicanas: es cuánto tiempo pasará antes de que cobren su primera factura letal.

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Becario del Programa de Estímulo a la Creación y el Desarrollo Artístico (PECDA Coahuila, 2015) en el área de cuento, y del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA 2020) en el área de Novela. Ha publicado cuentos en antologías de México y Estados Unidos. Autor de la novela “Madre Araña” (Secretaría de Cultura de Coahuila 2019 / Ediciones Periféricas 2021).

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