Cursos antisecuestro: La industria del Kidnap and Ransom
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Empresarios mexicanos y estadounidenses acuden todos los meses a esta escuela en busca de conocimientos poco habituales. Sus cursos tienen por meta preparar a una persona para evitar un secuestro o, en el peor de los casos, cómo negociarlo. Y también, cómo defenderse.
Ciudad de México. Le han llamado de varias formas. Desde mercenario, pistola bajo contrato y soldado de fortuna hasta asesor en vigilancia o gatillo a sueldo. En lo personal, él prefiere consultor en seguridad. Y hoy, sus habilidades letales, adquiridas a lo largo de una vida en el campo de batalla, están en alta demanda en México: entrena a empresarios a defenderse de un posible secuestro o atentado.
"Este año he dado cursos especiales a varios empresarios mexicanos o que irán a México y que quieren evitar ser secuestrados", dice Orlando Wilson, ex soldado del Ejército Británico y veterano de las campañas antiterroristas en Irlanda del Norte, actualmente director de la compañía Risks Inc, una red de ex militares de distintas nacionalidades dedicados al negocio de la consultoría de seguridad en países "calientes" como Haití, Colombia, Sudádfrica, Rusia y Serbia, además de México.
¿A cuántos ha entrenado este año?
A unos tres o cuatro.
Wilson permitió a MILENIO presenciar uno de sus cursos, parte de una industria internacional altamente lucrativa -y en extremo discreta, hasta inescrutable-- que ha florecido por toda Latinoamérica y que, en el caso de México y Estados Unidos, está de moda entre quienes tienen negocios cerca de la frontera o al norte del territorio mexicano, como ejecutivos de trasnacionales, inversionistas o millonarios preocupados por la violencia en el país.
El más reciente alumno de Risks Inc. es Roberto, presidente de uno de los bancos más grandes del sur de Estados Unidos, con intereses entre Arizona y Sonora. Por seguridad, se reserva su apellido. "Decidí venir para estar más consciente de mis entornos, para saber a qué riesgos me enfrento", reconoció el empresario.
La razón central de su decisión a tomar el curso: el temor a ser secuestrado en una de las zonas más afectadas por la guerra del narco, la frontera entre México y Estados Unidos. "Creo que con esto sabré defenderme mejor. No quiero ser secuestrado ni que secuestren a mi esposa o hija", admitió.
Wilson le fue recomendado en una junta de directivos.
"Tienes que ir a ver a este tipo", le dijo un compañero ejecutivo.
El local se ubica al sur de Miami, a unos pasos del barrio haitiano y tiene toda la pinta de ser una empresa dedicada al envío de remesas al Caribe. Pero esa es sólo la primera impresión. En la intimidad de su parte trasera se desarrolla un negocio muy distinto.
Armados con cuchillos, dos hombres se encuentran de pie en el centro de uno de sus cuartos, cerca de una mesa sobre la que descansan armas blancas de todos los tipos y tamaños. Simulan apuñalarse. "Lo que quieres es que la hoja penetre por aquí", explica el más alto de los dos, un enorme hombre rapado con tatuajes en los brazos y un arma 9 milímetros enfundada en los pantalones. Es Orlando Wilson.
De arriba abajo, Wilson repite el movimiento, diseñado para generar el máximo daño y dejar fuera de combate al oponente de un solo golpe con la navaja. El blanco es la femoral, cerca de la entrepierna. "Uno, dos, uno, dos. ¡Ahora tú!", ordena.
Roberto, en su papel de aprendiz, escucha atento y repite nerviosamente el ejercicio con su propio cuchillo. Es sólo uno de varios módulos de un curso encaminado a convertirle, fast track, en un hombre peligroso, capaz de defenderse con fuerza mortal en caso de que alguien quiera agredirle.
En inglés, el curso es conocido como K&R, Kidnap and Ransom Prevention. En español, como Prevención de Secuestros y Recompensas, una clase diseñada para dotar de conocimientos avanzados de estrategia y defensa a civiles. En una industria que valora el secreto, pocas empresas han accedido a mostrar sus contenidos.
"Lo que nuestros clientes nos piden es enseñarles cómo evitar un secuestro. Les preocupa el crimen organizado, les preocupa ser secuestrados mientras están en alguna parte de México. Entonces les enseñamos cómo evitar meterse en problemas cuando están allá abajo, que es lo más importante. Deben saber evitar un problema. Ese es el enfoque central de nuestro curso: detectar un riesgo antes y eludirlo. Pero si todo falla, sabrán cómo defenderse", asegura Wilson.
Para Roberto, que maneja al año 1.1 mil millones de dólares en inversiones, el entrenamiento de los próximos días incluirá no sólo adiestramiento en uso de cuchillos, sino teoría, ejercicios de campo sobre cómo se desarrolla y se negocia un secuestro y, al final, un curso sobre manejo de armas para aprender a disparar de forma eficiente. Es una escena irreal: un contador armado con un puñal serrado en la mano.
"Lo importante es que si te ves atrapado en una agresión y no hay salida, te defiendas con todas tus energías, hagas pedazos al rival, termines lo más rápido posible y salgas de ahí. El nivel de agresividad es muy importante. ¿Te queda claro?", le dice Wilson, antes de pasar al siguiente punto del día.
Antes de que concluya la jornada, habrá abordado temas como evasión y escape, defensa personal, emboscadas y vigilancia.
En 2008, Risks Inc. se hizo famosa al darse a conocer videos del entrenamiento que proporcionó a la policía de Guanajuato y León, definido por sus críticos como enseñanza de métodos de tortura. La fama de la empresa escaló hasta la Organización de Naciones Unidas, que acusó al gobierno del estado de haber contratado a "mercenarios" para entrenar a policías locales.
En su defensa, Wilson insistió en que las técnicas empleadas tenían por meta ayudar a los agentes a soportar el estrés y generar disciplina en los grupos policíacos. La polémica terminó por echar abajo los contratos de la empresa con varias agencias en México.
Desde entonces, Wilson ha optado por no realizar más cursos en el país y ha enfocado su negocio al entrenamiento de guardaespaldas, aunque también proporciona equipos de seguridad a empresas que envían ejecutivos al Tercer Mundo.
Pero ha mantenido abierta la cartera de entrenamiento antisecuestro a empresarios con negocios en México, tanto estadounidenses como mexicanos. Convertido en una especie de secreto que se comparte de boca en boca en círculos empresariales, el ex militar británico recibe ahora a un promedio de 4 estudiantes al mes al sur de Florida, en donde les prepara durante tres a cuatro días a un costo de entre mil 500 y dos mil dólares.
La currícula escolar es variada y aunque se basa claramente en que el estudiante debe evitar ante todo y por todos los medios la violencia -"la mejor forma de evitar un problema es correr"--, incluye un innegable componente de tácticas para neutralizar a un rival.
"Muy bien, ahora entrenemos con armas improvisadas", pide Wilson, una vez que ha terminado el entrenamiento con cuchillos. "Este peine, por ejemplo, puede sacarle los ojos a alguien. O este popote puede hacer huecos en la laringe. Todo, y debes entenderlo, es un arma".
Minutos después, estará entrenando a Roberto en cómo escapar de esposas, abrir candados y hasta romper cinta canela, en caso de que haya sido atado de pies y manos.
"Junta las manos. Déjame poner esta cinta canela en tus muñecas."
Es el cuarto día de entrenamiento. Roberto ya ha pasado por los módulos de contra-vigilancia, negociación de secuestro y armas blancas. Toca el turno a la clase final.
Wilson gesticula hacia la mesa. "Toma esa Glock 9 milímetros. Ahora, cárgala", le pide al banquero. "Quiero que la cargues tantas veces que se te haga costumbre y puedas hacerlo sin pensarlo. Quiero que te sea mecánico y automático".
Roberto, toma el arma e introduce el cargador. "Uno, dos, uno, dos", le dice Orlando, marcando el ritmo.
En Miami, la lección sigue.